DOSSIER
PAIDEIA I


A MANERA DE INTRODUCCIÓN-1-

En los últimos tiempos, hemos venido asistiendo a ciertos cambios en la política cultural cubana. Las expectativas que esos cambios produjeron en buena parte de nuestros intelectuales y, de manera particularmente intensa, de nuestros artistas y escritores jóvenes, condujeron —dentro del complejo panorama político actual de nuestra nación y del mundo— a una suerte de alternativa en virtud de la cual si, por un lado, todos o la mayoría de los pronunciamientos se agotaban en la mera retórica o en la simple urgencia profiláctica, nuestros artistas e intelectuales sufrirían una decepción potencialmente incurable, o si, por el otro, se cumplían las expectativas en un cuerpo coherente e irreversible de radicales transformaciones, nuestra cultura habría dado un paso estratégicamente trascendental y verdaderamente revolucionario hacia su configuración más amplia y, por lo mismo, más plena.

La realidad nos ha puesto delante de una tercera posibilidad. Y es que ahora, al ampliarse en apariencia la capacidad de diálogo y llevarse la tolerancia política en el terreno de la cultura hasta el límite de lo “permisible”, reconociéndose de palabra la necesidad impostergable de cambios ya maduros y no plasmados en una práctica efectiva, se ha caído en un punto medio, donde a la agresividad gesticulante -2-, ajena en esencia a la posibilidad real y a[ú]n no agotada de diálogo, ha solido suceder la reducción manipuladora.

Precisamente, dentro de la atmósfera de diálogo iniciada en los últimos tiempos y en el convencimiento de que así contribuimos a la preservación y desarrollo de las líneas estratégicas básicas de la política cultural desde siempre postulada por la Revolución —libertad en la necesidad, multiplicidad formal en la unidad axiológica, proyección humanista de la praxis concreta— y, en la más profunda de sus dimensiones, a la Revolución misma, hemos decidido una vez más reflexionar e invitar a la reflexión sobre una serie de puntos claves hacia donde valdría la pena conducir el debate actual sobre cultura y política; debate que sólo tiene razón de ser si prefigura una práctica y que, al tomar en cuenta de manera seria y desprejuiciada nuestras opiniones, sin suspicacias que comprometan nuestra intención de fondo, podría alcanzar desde ahora una mayor certeza acerca de con quién puede y debe contar; sin que el "puede" nos conduzca nuevamente a la apresurada jerga y la nociva práctica de las falsas unanimidades, ni el "debe" se interprete como ultimátum sin validez jurídica. Por lo pronto, nuestras reflexiones y las acciones que de ellas hemos ido derivando han encarnado en un cuerpo de ideas y propuestas prácticas que han hallado su espacio, su tiempo y su perspectiva en varios proyectos simultáneos e independientes, tales como el PROYECTO CASTILLO DE LA FUERZA MARZO-AGOSTO 1989 [sic] y el PROYECTO PAIDEIA, el segundo de los cuales fundamentamos y volvemos a lanzar desde estas páginas, luego de seis meses de trabajo (febrero-julio) en el Centro de Promoción Cultural "Alejo Carpentier" :

Nuestra posición, en esencia, es la siguiente:

- Creciente insatisfacción y preocupación por la relación actual —y las contradicciones e inconsecuencias que de ella se derivan— entre la política cultural postulada y la acción concreta de muchos de los mecanismos institucionales encargados de su puesta en práctica;

- Inconformidad con el margen real de acción política permitido a artistas e intelectuales dentro de los límites de lo que se considera “revolucionario”, así como con el tratamiento ideologizante e indiferenciado, por parte del discurso político, de la figura del intelectual, de su rol y sus prerrogativas en una sociedad comprometida con un proyecto global de emancipación, autodefinición y desarrollo;

- Rechazo a la falacia pertinaz de la supuesta identidad absoluta entre los artistas e intelectuales y el poder político encarnado en sus estructuras representativas y exigencia de una diferenciación, ineludible y oportuna, entre programa e implementación, teoría y práctica, escala de valores postulada y valores reales y actuantes;

- Rechazo al espíritu y la práctica del falso consenso, causa real de que ciertas zonas y líneas del pensamiento político cultural se apropien, en nombre de visibles e incuestionables coincidencias estratégicas, [de] la multiplicidad esencial históricamente inherente a la cultura cubana; multiplicidad que ha sido garantía de autenticidad, de riqueza y de justicia;

- Rechazo al uso reduccionista, paternalista y demagógico del concepto y de la imagen del “pueblo” y sus aplicaciones al campo de la cultura (“arte para el pueblo”, “arte elitista”, “gusto popular”, “sensibilidad popular”, etc.) y exigencia de un tratamiento teóricamente fundamentado del problema de los cambios operados en la estructura social de la nación cubana. Los jóvenes artistas e intelectuales-3-somos y nos reconocemos, por origen, formación y vocación, parte esencial de la sociedad cubana;

- Exigencia de que el diálogo entre intelectuales y poder político deje de ser unidireccional y sujeto a coyunturas: bien la petición de favores eternamente postergados, bien la concesión de dádivas a cambio de una posterior unanimidad política, la cual termina por mediatizar e invalidar los espacios obtenidos;

- Convicción de que nuestro sistema educacional se engaña a sí mismo si sustituye al hombre real por la ficción ideológica del “hombre nuevo”, la cual —más que como una categoría política o sociológica— ha de entenderse, si quiere preservar su mediación dialéctica con el sujeto histórico del período de tránsito, como la imagen posible de una utopía histórica, sólo alcanzable en la dialéctica de las sucesivas transiciones; ficción ideológica que también ha servido para encubrir o legitimar una educación y una cultura demostrativas. Creemos [firmemente] que “... se impone progresivamente otro método de creación intelectual, ontológico, el cual basa su criterio dominante en el ser de la cultura, en contradicción con el deber ser... (...) La época demostrativa de la cultura cubana ha caducado. Y de la caducidad al carácter conservador sólo media la conciencia de un fin inminente[...”] (de la Nuez, Iván: “El cóndor pasa”, La Gaceta de Cuba, junio de 1989, p[á]g. 11);

- Desacuerdo con un enfoque teleológico, desde una sola perspectiva —independientemente de su signo ideológico— del ser histórico cubano; enfoque que alimente y justifique una visión dogmática, finalista y, en el fondo, excluyente en el debate actual y perspectivo sobre tradición e identidad nacional[es] y que tienda a legitimar una política cultural reduccionista, sea por vía de la politización retrospectiva de toda nuestra cultura, sea por vía de sus desideologización ahistórica;

- Convicción de la urgencia y necesidad de la aplicación de una perspectiva científica en el enfoque y tratamiento del problema de la ideología y de sus relaciones con el arte y la cultura. Ante tal vacío teórico han sido los propios creadores y la crítica quienes han asumido -4-, con los instrumentos teóricos que les son propios o posibles, dicha reflexión.

Al hacer este balance y fijar nuestra postura no hemos pretendido erigirnos en jueces, al margen de la realidad social que a todos nos involucra y que de todos exige la ineludible definición, sino entregar un cuerpo de ideas e intenciones, siquiera imperfecto y provisional, que sea y se interprete más como un diagnóstico que como ajuste de cuentas, más como una nueva apertura hacia la posibilidad de replantear el diálogo sobre bases representativas del espectro cultural de la sociedad cubana y, en su interior, de nuestro perfil generacional, que como estéril cierre hacia una imposible autarquía.

El PROYECTO PAIDEIA, al que estas reflexiones quieren servir de introducción más que de epílogo, ha nacido y quiere seguir abriéndose —desde su filiación y su posibilidad históricas— como una tentativa otra, expectante y atenta, deseosa y justa, de reformulación y continuidad, de tránsito y permanencia, por la educación y la cultura.

Ciudad de La Habana, 26 de julio de 1989

PROYECTO PAIDEIA: OBJETIVOS, TAREAS Y PROGRAMA

I

I. PAIDEIA es un proyecto de acción cultural, el cual se propone contribuir —desde posiciones humanistas enraizadas en la tradición cultural universal y cubana y proyectándolas sobre nuestra realidad actual de país occidental y, al mismo tiempo, tercermundista— al diálogo permanente y responsable entre creadores, críticos, receptores, investigadores, promotores e instituciones de la cultura y —sobre esa base— al intercambio libre y organizado y la concertación voluntaria de experiencias, ideas y proyectos entre todos los factores y fuerzas de la cultura, de manera que el diálogo derive o pueda derivar en una praxis coral de la cultura, la cual se exprese en la elaboración, discusión, aprobación y aplicación conjuntas de programas y estrategias de creación e investigación de la cultura, en torno a los siguientes objetivos generales y específicos.

I. 1. Objetivos generales:

I. 1. 1. Contribuir —desde la cultura cubana y hacia ella, mediante una inserción real y transformadora en nuestro entorno social e histórico orientada a las necesidades que es capaz de generar y satisfacer la cultura; entiéndase la cultura como movimiento de una tradición hacia su identidad postulada, condicionada, verificada y modificada por la praxis [c]oncreta— al doble movimiento de universalización y diferenciación de la cultura, de búsqueda de la propia identidad y asimilación de la identidad otra, de libertad creadora y compromiso orgánico con el proyecto histórico de emancipación y desalienación del hombre, de socialización de la cultura y democratización de la política;

I. 1. 2. Contribuir —desde lo que fuera denominado por José Martí "la tradición, verdaderamente americana, de impulsión alegre hacia lo que desconocemos" y por José Lezama Lima "la posibilidad infinita de nuestra imagen histórica"— a la humanización, democratización, universalización y preservación del saber de la cultura; saber que definimos como participación y sucesiva superación de las dicotomías entre el ser y la razón, entre la historia y la utopía, entre la razón práctica y la razón estética, entre la razón tecnológica y la razón crítica, entre la libertad y la necesidad. Situémonos para ello en una perspectiva gnoseológica-discursiva que tienda a trascender las antinomias, tanto epistemológicas como narrativas —y en lo que tengan de falsas y ajenas a nuestra sensibilidad y nuestra historia americanas— entre el llamado pensamiento científico, teorético y sistemático, cerrado a su circunstancia formativa, por un lado, y el denominado pensamiento poético, unitivo y abierto, por el otro, y rechacemos por igual —el uno porque es estrecho y el otro porque es difuso— el discurso cientista y formalizador y el discurso ideologizante y descriptivo, al tiempo que recuperamos —sin reificaciones arqueológicas— y lanzamos hacia nuevas exigencias práctico-valorativas el pensamiento y el discurso humanistas —desde Sócrates hasta Erasmo, desde Montaigne hasta Habermas, desde Marx hasta Gramsci, desde Varela hasta Reyes, desde Martí hasta Lezama—, como legítima manera de situarnos al nivel de los tiempos, uno de cuyos posibles signos es la concurrencia, en un proyecto global de paz y desarrollo cultural y económico, del proyecto incompleto de la modernidad ilustrada y del proyecto inconcluso del marxismo y sus aplicaciones específicas; proyectos ambos recuperables en una sociedad como la cubana, donde subdesarrollo económico y dependencia política no siempre equivalieron a epigonismo o periferismo cultural y donde independencia económica, revolución social y revolución en la cultura han coincidido en la raíz y en el cuerpo de un único proyecto revolucionario;

I. 1. 3. Contribuir a superar el concepto de la cultura y, en particular, de la actividad estética, como "actividad de tiempo libre" —tanto para sus potenciales creadores como para sus presuntos destinatarios—, como "desalienación ilusoria" o como "compensación fantástico-emotiva", mediante, por un lado, la desmixtificación y desacralización de la actividad "arte" y, por el otro, su penetración más orgánica en la actividad práctico-transformadora, como componente esencial de la práctica y no como dimensión lúd[i]c[r]a de la misma. Tal penetración supone —y parece ser la única manera de eludir tanto la "ilustración de las masas" como la "masificación de la cultura", meros disfraces retóricos o estratagemas políticas para encubrir la insoluble distancia social entre élites y mayorías— la reeducación, recaracterización y redistribución de los sujetos de la cultura, la progresiva superación-5-del concepto de "artista" y la gradual aproximación a la utopía del creador intelectual y libre;

I. I. 4. Contribuir a la renovación, profundización, enriquecimiento y dinamización de las relaciones de intercambio y retroalimentación entre sistema de enseñanza y demás sistemas de la cultura (arte, literatura, arquitectura, ciencias del hombre). Para ello postulamos y aspiramos a promover la posibilidad real de que se acorten las distancias entre el aula, la cátedra, la escena, el texto literario, la valoración crítica y el centro o equipo de investigación y promoción, mediante el flujo y reflujo organizado de las mejores fuerzas y los más altos exponentes de nuestra cultura. Que la cátedra se nutra de la actualidad creadora, tanto como la escena, el catálogo o la página sean iluminados por el verbo y el pensamiento del saber acendrado en el largo ejercicio de la investigación y la enseñanza;

I. 1. 5. Contribuir a superar la disyuntiva oficialismo-marginalidad, mediante su sustitución efectiva por una política que, en el campo de la cultura, postule y proteja la diversidad metodológica dentro de la unidad programática, la asociación libre dentro de la asociación obligatoria, de manera que la diferencia no sea mecánicamente interpretada y convertida en disidencia, la discrepancia en segregación, la alternatividad inclusiva en marginalidad excluyente;

I. 1. 6. Contribuir a la reformulación de la política de intercambio cultural entre la capital de la República y el resto de sus ciudades; política, a nuestro juicio, todavía viciada de "centrismo", y a la implementación e impulsión de una política que —sin paternalismos estériles ni igualitarismos ortodoxos— traslade su centro de gravitación de lo cuantitativo político a lo cualitativo cultural, de la mecánica simetría de las instituciones básicas a la identificación de lo específico local, de la estadística retórica a la esencia viva.

I. 2. Objetivos específicos:

I. 2. 1. Concebir, planificar y poner en práctica acciones de carácter cultural que involucren, como condición necesaria, la participación libre y activa —y en igualdad de condiciones— de todos los factores de la producción, promoción, distribución y recepción de la cultura artística, esto es, de la creación, la difusión, la investigación y la crítica del arte y la literatura, la praxis pedagógica y la científico-investigativa;

I. 2. 2. Crear un circuito integrado de circulación de los hechos de la cultura artística, el cual abarque, articule y dinamice el intercambio de información entre distintos espacios y medios de comunicación social —centros de educación, promoción e investigación; bibliotecas, museos, galerías, teatros, librerías, talleres de grabado, cerámica, serigrafía y artesanía, parques y plazas públicas, casas de la cultura, editoriales e impresoras, cine, radio, televisión, prensa plana y propaganda gráfica—, de modo que la praxis artística, en sentido propio, se asimile e integre cada vez mejor a la praxis social, en su sentido más amplio;

I. 2. 3. Crear espacios experimentales adecuados a las prácticas y propuestas artísticas que, por su carácter, alcance e intención, así lo requieran, lo cual sería una vía de contribución al análisis, valoración e interpretación de tales obras, prácticas y propuestas en un clima de rigor y competencia-6-;

I. 2. 4. Contribuir a las búsquedas y experiencias de colaboración e integración de las artes, mediante la promoción o creación de obras especialmente concebidas para dos o más dominios artísticos tradicionalmente diferenciados, a un nivel superior al de la mera combinación, coordinación o yuxtaposición escénicas de códigos, signos y discursos de filiación diversa o al de la simple concurrencia espaciotemporal de tales manifestaciones por motivos externos a las poéticas mismas -7-;

I. 2. 5. Contribuir a la ampliación, profundización y enriquecimiento del pensamiento teórico y la competencia metodológica de creadores y promotores de la cultura artística, mediante el diálogo permanente y organizado de aqu[e]llos con críticos e investigadores de la cultura y mediante el diseño y resolución conjuntos de tareas práctico-investigativas;

I. 2. 6. Contribuir a renovar y enriquecer el contenido y el concepto mismo de la actividad de promoción y distribución del arte, la literatura y otras manifestaciones de la cultura, transformando dicha actividad en un hecho también y fundamentalmente artístico y cultural, diseñado y supervisado, siquiera parcialmente, por los propios artistas, en virtud de un movimiento gradual que tienda a reducir cada vez más el papel y la participación de los factores extraartísticos y a elevar el interés, la responsabilidad, poder de decisión y nivel de acción concreta de los creadores en relación con la promoción y distribución de sus obras.

II. Con vistas a verificar en la práctica la posibilidad y conveniencia del cumplimiento de tales objetivos generales y específicos, su validez y alcance reales, el PROYECTO PAIDEIA, en la persona de los abajo firmantes, considera oportuno presentar al Ministerio de Cultura —y a cuantas instancias estén comprometidas y responsabilizadas con la aplicación de la política cultural que el Estado cubano promueve — el siguiente programa de trabajo:

II. 1. Invitar a una o más instituciones culturales, interesadas en el carácter, contenido, objetivos y programa del PROYECTO PAIDEIA, a servirle de sede, sin que ello implique necesariamente modificación alguna del perfil, contenido de trabajo, tareas en curso, intereses específicos y personalidad jurídica de tales instituciones ni la disolución del PROYECTO en dichas entidades;

II. 2. Fundar y poner en funcionamiento dos talleres de trabajo de carácter permanente, que alternen o simultaneen sus actividades, y los cuales se encarguen del cumplimiento de los objetivos del PROYECTO. Para dichos talleres se proponen los nombres de LOGOS y POIESIS. El Taller LOGOS estaría dedicado, fundamentalmente, a la divulgación, análisis e interpretación crítica del pensamiento estético y culturológico, histórico y social, antropológico y lingüístico, semiótico y filosófico. El Taller POIESIS se constituiría en espacio abierto a la presentación, análisis y valoración de obras y propuestas concretas;

II. 3. Abrir espacios regulares en la prensa plana, radial y televisiva para la difusión y crítica de las actividades del PROYECTO. Tales actividades abarcarían exposiciones, representaciones, proyecciones, ensayos públicos, lecturas, mesas redondas, coloquios, seminarios, conferencias y otras formas de la creación y el diálogo;

II. 4. Fundar y editar una publicación bimensual, en forma de boletín, revista o separata, para la que se propone el nombre de OIKOS y un comité editorial integrado por firmantes del PROYECTO y un representante de la institución que se responsabilice con su impresión [sic]. Tal publicación recogería las más significativas actividades del PROYECTO y se constituiría en espacio e instrumento de reflexión colectiva sobre temas de la cultura, bien a partir de las propuestas y debates que se produzcan en los ámbitos de los talleres de trabajo del PROYECTO, bien a partir de la dinámica misma del diálogo sistemático sobre diversos temas. OIKOS no se propone como órgano de prensa de ningún grupo artístico o literario ni de una corriente de creación o pensamiento en específico, sino como zona de encuentro y de tensión de las disímiles tendencias que hoy informan la creación intelectual cubana —no desde la cantidad sino desde la esencia—, sin más ni mejor ganancia que la de hacerse visible y ofrecer su cuerpo en la confrontación de ideas y valores.

III

El PROYECTO PAIDEIA aspira a ser —como fuera imaginado en otro tiempo y otra circunstancia cubana— "un estado de concurrencia", una respuesta coral y polifónica, horizontal y abierta, por parte de creadores, críticos, investigadores, educadores y promotores de la cultura, a la necesidad, el deseo y la esperanza de articular y poner en práctica ideas, intuiciones, esfuerzos y recursos comunes, como forma de contribución, directa y gozosa, al mejor y más rápido despliegue, conocimiento y valoración de las disímiles tendencias que hoy conforman nuestra cultura y cuyo rasgo distintivo y más prometedor, a nuestro juicio, está en la diversidad natural de métodos y caminos específicos de creación y teorización de la cultura desde la unidad común de la raíz nutricia: el humanismo. Un humanismo ético, aunque no antropologizante; polémico con respecto a su tradición, pero vigilante de sus enlaces históricos y sus retos sociales ante la praxis que lo circunda y lo determina y sobre la cual se quiere proyectar; práctico sin ser pragmático; centrado en el hombre histórico, pero gravitando desde su irreductible sustancia hacia la tenaz y renovable utopía de la integración y la libertad necesaria.  

NOTAS
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1. Ésta es la versión más temprana que se conserva del documento posteriormente titulado PAIDEIA. Proyecto de promoción, crítica e investigación de la cultuara. Data oficialmente del 26 de julio de 1989 y fue leída, públicamente, en reunión celebrada el 4 de agosto de ese año en el Centro de Promoción Cultural “Alejo Carpentier". Se reproduce aquí, íntegra y textualmente, del documento original que se conserva, compuesto por diez folios de papel de estraza de 8½ x 13, mimeografiados y numerados [i]-iv y 1-6. Siempre que sean legibles, se incluyen entre corchetes las variantes desechadas. También entre corchetes, las erratas corregidas. En cada caso el contexto permitirá distinguir entre unas y otras.
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2. Siguen dos palabras tachadas e ilegibles. Parece leerse "y alternativista”.
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3. Siguen ocho palabras tachadas e ilegibles, enmarcadas entre guiones.
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4. La palabra “asumido” aparece escrita a mano sobre otra palabra tachada e ilegible. Parece leerse “lidereado”.
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5. Las palabras "la progresiva superación" aparecen escritas a mano sobre otras tres palabras tachadas e ilegibles. Parece leerse "el progresivo alejamiento".
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6. Siguen dos palabras tachadas e ilegibles, restos de una primera versión del final de esta frase: “en un clima de rigor, competencia y [palabra ilegible]".
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7. Al margen aparece escrito a mano lo siguiente: "Se elimina este punto porque se considera incluido en el anterior".

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