DOSSIER
Tercera Opción: una alternativa democrática por la independencia económica, la soberanía política, la justicia social y los derechos del hombre


PRÓLOGO A LA SEGUNDA EDICIÓN (abreviada)-1-

A los efectos de satisfacer la demanda de información que a diario se nos plantea sobre las posiciones programáticas del movimiento independiente de opinión "Tercera Opción" se decidió hacer esta segunda edición abreviada del documento mediante el cual el movimiento se dio a conocer a mediados del pasado año. Las páginas que siguen no encierran un programa propiamente dicho, sino, a lo sumo, un acercamiento inicial –sin tablas estadísticas ni sutilezas filosóficas– a problemas fundamentales del país y soluciones posibles; de acuerdo naturalmente con nuestra particular y discutible percepción de la realidad nacional. Nunca faltan quienes, asépticos a toda intervención directa en política, se muestran igualmente arrogantes ante aquellos que se entregan, en los paréntesis de su precario activismo, a la ingrata labor de suplir con panfletos sus pesadas deudas con la teoría política. El panfleto que sigue cuenta con la disponibilidad moral de quienes aún esperan de lo inmediato certezas para la crítica veraz de lo que, no sin sospecha de complicidad con lo negado, se cree situado por encima.

Se han suprimido aquellos pasajes que o bien ilustran ideas esenciales o bien, a doce meses de haber sido por primera vez escritos, han perdido actualidad. Siempre que fue posible se procedió a simplificar y precisar la redacción original. Argumentaciones y matices no responden ya, necesariamente, a nuestra visión actual de los problemas que aquí se esbozan. En todo caso los acuerdos han pesado más que las divergencias. Las mismas razones que nos han urgido a realizar esta segunda edición de un documento nacido bajo el signo de lo instrumental y lo provisorio nos impiden por ahora encomendarnos a un ejercicio de reflexión que suponga la revisión crítica, sin compromisos con lo inmediato, de nuestros puntos de partida.

Rolando Prats Páez-2-
César Mora

(La Habana, 13-14 de junio de 1992)

PRÓLOGO A LA PRIMERA EDICIÓN

Tan evidente como la crisis por la que atraviesa hoy la sociedad cubana es la necesidad de promover alternativas políticas a la obstinada idea de que, errores aparte, existe en Cuba una sociedad socialista con cuya defensa –a cualquier precio– está comprometida la independencia del país y a la ilusión, no menos obstinada, de que los males que aquejan hoy a Cuba se puedan erradicar solamente con economía de mercado, pluripartidismo y alineamiento con los Estados Unidos de Norteamérica [sic]. "Tercera Opción: una alternativa democrática por la independencia económica, la soberanía política, la justicia social y los derechos del hombre", documento elaborado en la segunda quincena de junio, es el intento de pensar una de tales alternativas.

A los eternos invocadores de la praxis, siempre dispuestos a descalificar –bajo la figura de lo abstracto– lo concreto de toda reflexión, lo mismo que a los eternos custodios de la teoría, no menos prestos a descalificar –bajo la figura de lo inmediato la trascendencia de todo acto que toma conciencia crítica de sí en su ser para sí acto inmediato, nos gustaría proponerles un pensar como forma de acción política por y para el diálogo entre todas las fuerzas sociales. Sólo una sociedad capaz de dialogar consigo misma se situará en la frontera de todas sus opciones.

A los eternos custodios e invocadores del orden, dispuestos siempre a descalificar –bajo la figura de lo ilícito– lo legítimo de toda disensión, nos gustaría recordarles una verdad de perogrullo: es ilegal disentir sólo allí donde también lo sean las leyes que lo prohíban.

Rolando Prats
César Mora
Jorge Crespo

(Ciudad de La Habana, 22 de septiembre de 1991)

I. SOBRE LA SITUACIÓN CUBANA ACTUAL

1. Cuando un sistema económico no garantiza el crecimiento sostenido del producto social global no hay dudas de que atraviesa por algo más que un período de dificultades. En su ordenamiento actual la economía cubana apenas alcanza a reproducir la vida social mediante el aseguramiento de niveles de subsistencia. Ello es expresión de una crisis profunda cuyas causas desbordan el embargo económico, comercial y financiero de parte de los Estados Unidos, la desaparición de la URSS y del llamado campo socialista y las desigualdades imperantes en las relaciones económicas internacionales. El análisis tiene que abarcar los problemas de fondo de un régimen económico cuyos rasgos de voluntarismo e ineficiencia son inherentes a burocracias estatistas cuyas decisiones últimas son de naturaleza político-ideológica, a despecho incluso de estructuras propias de dirección y planificación de la economía que suponen el diseño racional de estrategias de desarrollo.

2. El monopolio estatal sobre la producción y la distribución, tanto como de la determinación de éstas mediante métodos administrativos, excluye la articulación de mecanismos de regulación macroeconómica basados en la ley del valor y en la interacción directa de productores y consumidores. Dado el gigantesco volumen de información que ello exige, el empeño centralizador del [E]stado no logra traducirse en capacidad para reflejar en los planes las potencialidades económicas reales del país, desfasaje que frecuentemente conduce a la toma voluntarista de decisiones. Su poder exclusivo sobre la gestión económica el [E]stado puede sustentarlo sólo limitando la participación activa y directa de los productores en las distintas fases de la actividad económica. [É]stos se ven sometidos no sólo a restricciones jurídicas que traen como resultado el desaprovechamiento de potencialidades productivas, sino además a fijaciones arbitrarias del valor de las producciones y de los salarios, las cuales propician el surgimiento de nuevas formas de desigualdad social sobre la apatía y el desinterés de la mayor parte de los trabajadores. Las raíces de ese estado de ánimo convertido en norma de comportamiento social no hay que buscarlas en una abstracta falta de conciencia económica de los productores y administradores, sino en el bajo poder estimulativo de los mecanismos administrativos de dirección de la economía.

3. La crisis actual de la economía cubana pone también de manifiesto la obsolescencia de un régimen político cuyo concepto de democracia no rebasa el límite de la participación inducida y formal de las mayorías en la aprobación final (que se hace pasar por discusión colectiva) de las decisiones tomadas por la élite de la burocracia política de un sistema de poder en el que el Estado, el Partido único y el Gobierno están todos en manos de dicha élite y en el que las organizaciones sociales que agrupan a trabajadores, mujeres, estudiantes, campesinos, intelectuales e, incluso, las asambleas del llamado Poder Popular carecen de poder efectivo para decidir sobre cuestiones estratégicas del desarrollo económico y social y de la política exterior del [E]stado cubano.

4. Tanto en el plano económico como en el político la crisis cubana revela cómo un sistema en el cual cohabitan el inmovilismo de una casta burocrática con atributos de clase dominante y el aventurerismo de un liderazgo caudillista no sólo es incapaz de permitir el ejercicio real del poder por los agentes sociales que se suponen –y el propio discurso ideológico dominante proclama– los sujetos de transformaciones encaminadas a lograr niveles cada vez mayores de libertad y bienestar, sino también de colocar al país en la vía del desarrollo económico si en el cual es inviable todo proyecto de emancipación social.

5. A la crisis económica y a la pérdida de legitimidad del sistema de poder se añade la pérdida de credibilidad de un discurso ideológico incapaz de dar cuenta del movimiento real de la sociedad cubana y de fijar perspectivas de análisis, interpretación y transformación de la realidad social que trasciendan el dictado de las coyunturas. La historia del discurso ideológico de la Revolución de 1959 es la de una progresiva asimilación de perspectivas teóricas en las que intentaran confluir la lectura autóctona del marxismo y la síntesis radical del democratismo revolucionario de inspiración martiana a un cuerpo de ideologemas vacíos que el oportunismo político hace oscilar entre el eclecticismo y la ortodoxia.

6. De la promoción tricontinental de la guerra de guerrillas a la diplomacia de la integración latinoamericana; de la sovietización de Cuba en nombre de la institucionalización del Estado revolucionario a su desovietización en nombre del proceso de rectificación de errores y tendencias negativas; de la Revolución Cubana como capítulo de la historia del movimiento obrero y comunista internacional a la Revolución Cubana como oráculo de esa historia y mesías de ese movimiento, se ha buscado sólo mantener en las mismas manos el poder de decisión sobre el tipo de ordenación política y socioeconómica que ha de darse el país –en nombre del socialismo, pero también en nombre de la nación– en una operación de autolegitimación permanente que a la par de sustentarse en la legitimidad histórica de la Revolución de 1959 somete constantemente su devenir a la arbitrariedad que caracteriza las decisiones de una cúpula gobernante que se autotitula "vanguardia revolucionaria".

7. Para el discurso ideológico dominante no están en crisis las instituciones que conforman el sistema de poder, sino una capa siempre exigua de funcionarios incapaces o corruptos. Para ese discurso la economía nacional no padece de una crisis estructural crónica, sino que es blanco de la influencia negativa de factores externos, como si esto último no fuera evidente señal del carácter de la crisis. Para ese discurso no se han debilitado los vínculos familiares ni han sufrido una pérdida de identidad grupos étnicos y religiosos –todo ello a causa de la hiperideologización de las relaciones sociales a todos los niveles–, ni se han empobrecido las formas de vida comunitaria, ni se han elevado los índices de prostitución, alcoholismo, drogadicción y delincuencia, ni ha crecido la población marginal, ni se ha producido la monopolización por la economía sumergida de la satisfacción de no pocas necesidades de primer orden, ni se han deteriorado los niveles de instrucción y educación de la niñez y la juventud, ni el arte y la cultura han degenerado en esferas ancilares de la ideología política ni se han banalizado y vulgarizado el gusto y la sensibilidad de las grandes mayorías. Para ese discurso ninguno de esos fenómenos es síntoma evidente de la crisis de fondo en que se debate lo social cubano, sino, cuando más, remanente del pasado neocolonial o efecto de desviaciones de las líneas que traza el Partido, las cuales pueden ser objeto de crítica sólo cuando las desviaciones han sido detectadas, pero se consideran las únicas correctas en el instante en que son trazadas.

8. Para el discurso ideológico dominante el colapso del comunismo en las desaparecidas Unión Soviética y "comunidad socialista" no es expresión de la inviabilidad histórica de regímenes totalitarios que quebraron bajo el peso de sus propias contradicciones económicas, políticas y sociales, sino el resultado provisional de una supuesta "oleada contrarrevolucionaria" que, aprovechando en su favor el descontento de las masas deseosas de un cambio que democratizara sociedades inmovilizadas por decenios de poder burocrático, ha desplazado de la escena política a los antiguos partidos comunistas y obreros y reinstaurado un pluripartidismo y una economía de mercado que sirven sólo para mantener divididas a las masas y restaurar el capitalismo dependiente. Para ese discurso el error de los antiguos partidos únicos no fue haberse convertido en maquinarias burocráticas al servicio sólo de sí como nueva clase dominante, sino haberse apartado de las masas y dejado penetrar por la ideología burguesa con sus espejismos consumistas y su idealización de modelos de vida posibles sólo en Occidente. Es mediante esa simplificadora versión de los complejos pero inevitables procesos de cambio que hoy transcurren en el [c]entro y en el [e]ste de Europa que el discurso ideológico dominante puede intentar legitimar la idea de que en Cuba no existen ni las premisas ni la necesidad de cambios similares. A la súbita aceptación de que las llamadas democracias populares llegaron a Europa central y oriental sobre los tanques del Ejército Rojo no puede sino seguir, en la nueva versión de los viejos hechos, la disminución del papel jugado por la asistencia económica, la colaboración militar y el respaldo político y diplomático de la antigua URSS en el sostenimiento de la línea acordada con la dirigencia surgida de la Revolución de 1959.

9. Sólo asumiendo la representación exclusiva del socialismo a nivel mundial, puede la actual dirigencia cubana intentar legitimar la asunción por parte de Cuba –país pobre y desgarrado por la más grave de sus crisis, acosado y aislado como nunca y con un gobierno que se niega a aceptar el desafío de la democratización de la sociedad en todas sus esferas– del irreal papel de "salvador" del marxismo, el socialismo y el movimiento revolucionario a escala planetaria, "salvación" sólo concebible por quienes parecen no captar las esenciales diferencias entre el marxismo, el socialismo y la revolución que dicen defender y el chovinismo totalitario que en realidad practican. Semejante mesianismo sólo puede ser la última carta ideológica de la antigua vanguardia revolucionaria devenida élite gubernamental, ante la disyuntiva que le plantean los nuevos tiempos: o Cuba se democratiza en la perspectiva de la renovación de su proyecto socialista –única forma de dar continuidad histórica a lo vigente de la Revolución de 1959– o lo que queda de revolución en Cuba se agota en el intento último de la cúpula gobernante por autopreservarse como tal y preservar el control absoluto sobre todo el cuerpo social.

10. La sociedad cubana es escenario hoy no sólo de una reavivada oposición política declaradamente proyanqui y anticomunista, sino también de una renovada oposición de izquierda, socialista y democrática, surgida del seno mismo de la Revolución de 1959 y del contradictorio flujo de ideas a que ha dado lugar un proceso político signado por la urgencia de transformaciones radicales en todos los órdenes sociales para las cuales no siempre se dispuso de adecuadas referencias prácticas y teóricas. Transformar esa oposición en opción política concreta y capaz de conducir a Cuba a una salida pacífica de sus actuales problemas que marque la continuidad y la renovación del proyecto socialista es la tarea inmediata de la izquierda democrática cubana.

II. TERCERA OPCIÓN: UNA ALTERNATIVA DEMOCRÁTICA POR LA INDEPENDENCIA ECONÓMICA, LA SOBERANÍA POLÍTICA, LA JUSTICIA SOCIAL Y LOS DERECHOS DEL HOMBRE

11. Denominador común del espíritu de nuestro tiempo es la adhesión a la idea de la democracia como fundamento único de sociedades mínimamente libres, justas y solidarias. Hacer hoy política es aceptar el desafío democrático, pues por encima de la diversidad de ordenamientos sociales e ideologías, la democracia es ya una experiencia y es aún una esperanza.

12. Democracia es independencia económica, soberanía política, justicia social y respeto irrestricto a los derechos y libertades del ser humano. La Revolución cubana de 1959 propició el inicio de una etapa de transformaciones políticas, económicas y sociales que apuntaban hacia esos objetivos. A tres décadas y media de distancia son igualmente evidentes los progresos alcanzados en la esfera social, los fracasos sucesivos en la búsqueda de una vía independiente de desarrollo económico y los déficits democráticos de un sistema político cuyas instituciones todas, en última pero también cada vez más en primera instancia, son sometidas a la voluntad omnímoda de la élite burocrática que controla el aparato del Partido, los organismos del Estado y los órganos del Gobierno. Defender la posibilidad y la legitimidad de una alternativa de izquierda, democrática y socialista que incorpore toda nueva perspectiva de lucha contra nuevas y viejas formas de explotación, opresión y exterminio, que impulse la incorporación plena –sobre bases justas– de los países pobres a la economía mundial y que se oponga a la destrucción de la cultura espiritual y del entorno natural del hombre es, en el contexto cubano, la tarea inmediata de todos los que deseen una tercera opción para Cuba.

13. Tercera opción significa rechazar, por igual, tanto la opción de quienes conciben el socialismo sólo bajo la forma de la dictadura de una llamada vanguardia sobre el resto de la sociedad como [la] de quienes quieran imponerle nuevas formas de dependencia; significa democratizar de la forma más plena la sociedad cubana, elevar sus niveles de desarrollo económico sin comprometer lo alcanzado en materia de justicia social, poner fin a las restricciones y violaciones institucionales a [sic] los derechos humanos, abrir cauce al libre desenvolvimiento del arte y la cultura, promover la integración de Cuba, sobre bases equitativas, con su entorno geográfico, económico, político y cultural, afirmar la existencia de Cuba como nación independiente, pacífica y democrática.

III. TERCERA OPCIÓN: UN PROGRAMA MÍNIMO

14. La única alternativa a la pérdida de independencia económica, soberanía política, justicia social y respeto a los derechos y libertades del hombre, que pudiera sobrevenir tanto de la mera reproducción del modelo cubano actual como de su sustitución por un modelo de corte neoliberal y –en el caso de Cuba– neoanexionista, es la democratización plena de la sociedad cubana. Sin embargo, la democratización del país será plena sólo en la medida en que implique la socialización real de los medios y recursos que hacen posible la reproducción y la ampliación de la vida social en todas sus esferas y no se limite a un proceso de reformas políticas que implanten el pluripartidismo, el parlamentarismo y la separación de poderes pero que no propicien el tránsito de las formas de representación política sancionadas por la tradición democrático-liberal a las de participación directa de los ciudadanos en la gestión de la vida pública, ni a un proceso de reformas económicas que no erradiquen las causas materiales de toda desigualdad social injusta.

15. Es menester crear las condiciones políticas y jurídicas para que pueda desarrollarse un auténtico diálogo nacional, para que movimientos y organizaciones sociales gocen de independencia y autonomía plenas, para que las universidades vuelvan a ser autónomas, para que –en suma– resurja en toda su magnitud la sociedad civil cubana. Hay que echar los basamentos políticos y jurídicos que permitan la realización de elecciones directas a los órganos de poder y que aseguren la plena soberanía del poder legislativo como eje central de los poderes públicos en un sistema democrático. Hay que establecer las condiciones políticas y sociales necesarias para que pueda decretarse una amnistía general que beneficie a todos los ciudadanos encarcelados por motivos de conciencia y para que pueda restituírseles todos los derechos.

16. La renovación del sistema político cubano no podrá garantizar por sí sola el tránsito hacia una organización plenamente democrática de la sociedad si no se emprende al mismo tiempo la reforma de un sistema económico que delimite las funciones del Estado en ese sector y establezca mecanismos efectivos de control social sobre la gestión económica de los sectores públicos y privados, garantice jurídicamente la pluralidad, la igualdad y la función social de las formas de propiedad y reactive el papel de los consumidores en la regulación de la actividad productiva.

17. Todas esas medidas políticas y económicas deberán, no obstante, estar orientadas a la consolidación de los niveles alcanzados en materia de bienestar social en la medida en que para lograrlo ni el Estado ni los agentes sociales se vean obligados a sacrificar el desarrollo de áreas vitales para el crecimiento sostenido y sostenible de la economía nacional.

18. De lo que se trata es de crear en Cuba un [E]stado democrático de derecho en cuyo ámbito la sociedad civil disponga libremente de los mecanismos indispensables al ejercicio de controles amplios y efectivos sobre la sociedad política y, de esa forma, devenga espacio para el libre juego de las demandas individuales, grupales y globales. Al fracaso del socialismo de [E]stado puede oponerse la posibilidad de un socialismo civil basado en las más diversas formas de control social sobre la vida pública. A la alternativa de las llamadas sociedades de la abundancia, con su carrera irracional hacia la creación de nuevas necesidades y su injusto despilfarro de recursos de todo tipo –en el contexto de una humanidad de la que son degradante mayoría los que viven en la miseria, el desamparo y la ignorancia– puede oponerse la idea, enraizada en legítimas esperanzas pero también en posibilidades históricas concretas, de sociedades de bienestar individual y colectivo, fundadas en el aprovechamiento racional de los recursos, la protección del ambiente, la redistribución equitativa de la riqueza, el fomento de los valores permanentes de la cultura y el acrecentamiento –en un sistema social de solidaridad efectiva– de los sentimientos de equidad, dignidad y libertad de los hombres.

IV. ACERCA DE LAS RELACIONES CON LOS ESTADOS UNIDOS Y LA COMUNIDAD CUBANA EN EL EXTERIOR

19. La democratización de las estructuras económicas y de las instituciones políticas de la sociedad cubana responde a las necesidades de su propia evolución, de modo que deberá constituir una contribución importante a la normalización y mejoría de las relaciones diplomáticas, comerciales y culturales con el pueblo y el gobierno de los Estados Unidos y no una condición previa al restablecimiento de un clima de confianza entre ambos países. La superación, sobre bases justas, del actual estado de tensión permanente entre Cuba y los Estados Unidos deberá constituir un aporte sustancial a los esfuerzos del pueblo cubano por ver satisfechas en paz sus aspiraciones legítimas a dotarse de formas superiores de convivencia democrática, pues no deberá olvidarse que la posibilidad de una agresión militar directa de los Estados Unidos contra Cuba ha convertido en rehén de la defensa del país todo intento pacífico de oponerse, dentro de Cuba y sin poner en riesgo la soberanía de la nación, a formas antidemocráticas de gobierno.

20. Las relaciones entre Cuba y los Estados Unidos no podrán acceder a su normalización y mejoría verdaderas si ambos países no abandonan toda forma de protagonismo político, tanto a nivel de las relaciones bilaterales como en la arena internacional. Los Estados Unidos deberán desistir de seguir practicando una política exterior de signo hegemonista, contraria a los procesos de distensión militar e integración económica a que parece abocado el mundo tras el fin de la Guerra Fría. Cuba deberá desistir de mesianismos revolucionarios en abierta desproporción con su potencial económico real, los déficits democráticos de su sistema político, el vacío teórico de su discurso ideológico oficial y la importancia efectiva de su actuación en la arena política mundial.

21. La comunidad cubana en el exterior es parte inseparable de la nación y la cultura cubanas. Ningún proceso de reformas políticas, económicas y sociales de signo democrático en el que se inscriba Cuba podrá desconocer la existencia de ese factor si quiere, verdaderamente, que la democratización de la sociedad cubana implique a todos los cubanos. La comunidad cubana en el exterior deberá participar, con pleno derecho y sobre la base de que a nadie –ni dentro ni fuera de Cuba– corresponde capitalizar ese proceso, en la reconstrucción política, económica, cultural y moral de la nación cubana.  

NOTAS
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1. Se reproduce aquí, íntegra y textualmente, la copia mecanográfica que se conserva del documento original, compuesto por siete folios de papel cebolla de color rosado de 81/2 x 13 y numerados del 2 al 7. Entre corchetes, las erratas corregidas, hayan sido de omisión o de añadidura.
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2. Puede leerse la firma manuscrita, en tinta negra, de Rolando Prats-Páez.

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