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En el Llamamiento al IV Congreso del Partido Comunista de
Cuba, dado a conocer el pasado 15 de marzo por el General de
Ejército Raúl Castro Ruz, Segundo Secretario del Partido, en
[solemne jornada] acto efectuado en Santiago de Cuba, en ocasión
del aniversario 112 de la Protesta de Baraguá, [el pasado 15
de marzo] se afirma:
"Una medida decisiva de la eficacia de nuestra labor ideológica
consistirá en que las jóvenes generaciones se encuentren preparadas
para asumir sus responsabilidades y responderse a sí mismas,
en forma consecuente: ¿quiénes somos? ¿de dónde procedemos? ¿de
quién somos deudores? ¿de qué herencia tenemos que hacernos
dignos? ¿cuál debe ser nuestro aporte?"
Los abajo firmantes —jóvenes escritores, artistas, [investi]
críticos, investigadores y promotores de la cultura— hemos
decidido, desde ya, asumir nuestras responsabilidades y respondernos
a sí [sic] mismos tales preguntas, en forma consecuente con
lo que hoy sabemos y queremos hacer y teniendo como una [sic] única
premisa y único límite irrenunciables [de] en nuestra acción
y nuestro pensamiento la condición de patriotas, revolucionarios
y comunistas que [hoy significa] emana hoy de la condición
de ser cubanos conscientes de que el Socialismo es la única
alternativa a cualesquiera otros proyectos políticos, sociales
y económicos que pongan en peligro la independencia, la soberanía,
la cultura, [y] la identidad nacional y la existencia misma
de nuestra Patria.
Para nosotros Socialismo significa, en primer lugar, la [elección
por todos los cubanos, con todos y para el bien de todos] posibilidad
histórica de elegir [—por todos, con todos y para el bien de
todos los cubanos—], transitar, mejorar y defender hasta [sus]
las últimas consecuencias —por todos, con todos y para el bien
de todos los cubanos— las vías que nos conduzcan [a la] al
[pleno ejercicio] ejercicio pleno de la dignidad humana, que
es lo mismo que decir a la abolición de toda forma de [injusticia]
opresión, desigualdad e injusticia; significa también la posibilidad,
por primera vez en la historia, de conquistar para el hombre
su verdadera condición humana, superada toda forma de alienación
y de dualismo; significa además que la vieja utopía de la unión
de la justicia, la libertad y la belleza en [el] la forma de
un mundo donde la felicidad haya dejado de ser un intermitente
sueño sólo podrá hacerse realidad si defendemos lo justo de
manera justa, si defendemos la libertad haciendo cada día más
libres a los hombres, si defendemos la belleza con la verdad
y sólo con la verdad-2-. (1)-3- Si
no lo hacemos, la estrategia de la liberación se diluirá en
la táctica del [compromiso] dominio[,] y los medios corromperán
los fines. Tengamos bien presente, hoy más que nunca, cuando
los peligros que acechan nuestra [lecc] elección son tan reales
como nuestra convicción en la justicia de nuestra causa, aquellas
sentencias de José Martí [de] en que nos decía
que "a veces lo justo, por el modo de defenderlo, parece injusto"[.]
[".] y que "la Patria no es de nadie:-4- [y
si es de alguien, será, y esto sólo en espíritu, de quien la
sirva con mayor desprendimiento e inteligencia[".]-5- Para
nosotros, en fin, Socialismo hoy significa Revolución, y Revolución
significa algo más que la conquista del poder en nombre de
los [mayor] explotados, significa ejercicio del poder por
los explotados mismos, [que] única forma de que los explotados
se conviertan en sujetos de su propia historia.
Al responder a la pregunta ¿quiénes somos? nos
vemos obligados a responder a aquellas otras que quieren indagar ¿de
dónde procedemos?, [sic] ¿de quién somos
deudores? ¿de qué herencia tenemos que hacernos
dignos?, pues somos lo que somos únicamente en virtud
de nuestra procedencia, de [nuestra] las deudas que hemos contraído
y de la herencia de la que queremos ser acreedores. En el propio
Llamamiento al IV Congreso se reconoce la existencia de “tres
generaciones que hoy protagonizan la Revolución: la
generación histórica, con la autoridad emanada
de su sacrificio y su madurez; la generación intermedia,
con el aval del papel desempeñado en la consolidación
y en el desarrollo del socialismo; y la generación joven,
con su vitalidad, ímpetu, desarrollo intelectual y aliento
renovador, que asegura hoy el presente y el mañana de
la Revolución. Todas caracterizadas por su lealtad a
la Patria, al socialismo y al internacionalismo[".]
Los abajo firmantes somos parte inalienable de esa [generación]
joven generación que asegura hoy el presente y el mañana
de nuestra Revolución socialista. Y como parte de esa
generación estamos dispuestos a asumir nuestra tremenda
responsabilidad histórica sin protagonismos a deshora,
pero también sin estériles mimetismos, conscientes
de que la historia la hacemos todos y de que no hay alternativa
posible a la actuación, conscientes —así mismo— de
que la continuidad de la Revolución no es un simple
traspaso [del] de poder de una generación a otra, sino
un proceso dialéctico cuya verdad histórica sólo
resulta de la síntesis de todos los factores que en
[el mismo] tal proceso intervengan.
A los que, entre nosotros, de buena o mala fe, postulan "aguardar
por el momento oportuno” para que [las nuevas ideas] [un] el
nuevo pensamiento revolucionario pueda convertirse en nueva
praxis revolucionaria, deseamos decirles, de buena fe, que
lo que la Revolución necesita, ya que es nuestra, es que actuemos
desde ahora y que el nuevo pensamiento, si es verdaderamente
nuevo, es el que desde ahora se convierte en praxis, pues [la
historia] en la historia no hay espacios vacíos y las profecías
que se hagan sobre el caballo de pelea podrán o no cumplirse,
pero tendrán siempre el valor histórico de haber abierto el
camino para las que se cumplan.
A los que, entre nosotros, de buena o mala fe, postulan que
en la política no siempre se puede actuar con ética, deseamos
decirles, de buena fe, que precisamente luchamos para que sea
con ética como [siempre] se actúe siempre, en la política o
en [cualquier] otra forma de la actividad humana, y que la
ética no necesita legitimarse mediante [el] triunfo alguno
en el [juego] llamado “juego de la política”, pues nunca [los
princi] ningún principio justo podrá ser derrotado y [porque]
la ética es, [a la vez un] al mismo tiempo, medio y [un] fin.
Quienes gestamos, promovimos y hemos defendido [este] hasta
hoy el proyecto PAIDEIA, para el bien de la cultura y de la
sociedad cubanas, no aspiramos a la victoria, pues ya [hemos
vencido] la hemos obtenido desde que hemos [jugado limpio]
actuado con limpieza y hemos puest[,] por encima de cualesquiera
otras consideraciones de carácter coyuntural[,] nuestra más
incólume convicción de que nuestros posibles y probables errores
de cálculo no [deslegitiman] [inval] deslegitimarían [nuestro
proceder] la esencia de nuestro proceder, sino que [la explicitan]
estarían explicitándola, ya que si hemos acertado es porque
hemos [sido éticos] actuado en nombre de una ética y si a la
vista de otros nos hemos equivocado es porque hemos sido fieles
con [sic] esa conducta [ética]-6-.
Si-7- [a] aun procediendo así no
[somos es] fúesemos escuchados o se nos redujera [a la inacción
y el silencio] al silencio y la inacción, entonces no nos quedaría
duda de que la Revolución habremos comenzado a encarnarla nosotros
mismos y que a nosotros corresponderá continuarla. Por lo tanto,
el problema no pasa por la disyuntiva entre política [mentira]
y [ética] cultura, o (si es que se pueden separar) entre estrategia
y táctica, o entre [inacción] acción o inacción (si es que
alguna inacción es posible), o entre praxis y teoría, etc[.],
etc[.], etc[.]..., el problema pasa por [la unidad de la verdad]
disyuntiva entre lo que es necesario porque es justo y lo que
es postergable porque no es esencial. Pero lo justo no se determina
desde una posición contemplativa y falsamente desinteresada,
ni lo esencial es una categoría teórica. [Sólo en la] La enajenación
de la praxis provoca la enajenación de la teoría y la enajenación
de la teoría suscita el empobrecimiento de la praxis. Lo justo
y lo esencial sólo pueden determinarse en el proceder único,
y esa unidad del proceder sólo se alcanza cuando se actúa como
totalidad, en toda la riqueza de nuestro ser único y en diálogo
permanente con los otros.
¿Quiénes somos entonces? Somos una potencialidad en busca
de su plenitud. ¿De dónde procedemos? De una realidad que es
a la vez presente, memoria y utopía. Toda la historia del mundo
y, [dentro de] en ella, la historia de nuestra patria es para
nosotros un proceso continuo de relectura, en [busca] de dimensiones
cada vez más amplias, de ahí que aún no hayamos terminado de
proceder —y valga la doble acepción de la palabra—, es decir,
seguimos procediendo, o, con otras palabras, ser es proceder
de algo que continúa siendo en nosotros y en nosotros alcanza
una nueva dimensión. ¿De quién somos deudores? De todo aquello
que nos compromete con la verdad como aprehensión, en el proceder,
del sentido de la existencia. ¿De qué herencia tenemos que
hacernos dignos? De toda herencia que nos descubra y nos ayude
a comprendernos a nosotros mismos.
Tras el timbre abstracto y atemporal de estas respuestas no
se extiende el vacío, sino sangre y palabra, sudor y sueño
de millones de seres que hoy se llaman [Sócrates, José Martí]
Sócrates o José Martí-8-, Jesús o
Ernesto Guevara. “Patria es humanidad” —dijo el mejor de todos
los cubanos— y esas palabras no [han] cesan de pedirnos cumplimiento.
Defender la Patria no puede significar, entonces, sino defender
la humanidad en [la porción del planeta] en el pedazo de tierra
que nos vi[o] nacer. Defender la humanidad es defender la cultura,
y la cultura no puede tener fronteras. Cuando José Lezama Lima
nos descubre para José Martí una dimensión que él llama “egipcia” en
el instante en que el héroe besa la tierra sagrada entre cuyos
ríos se dispone a morir, no hace-9- literatura
de la historia, sino que hace la historia verdadera, aqu[é]lla
a la que sólo tiene acceso [a] la poesía, que es la única mirada
que sabe descubrir lo cósmico en-10- lo
social-11-. Tanto-12- como
enriquece la historia [aquel] quien ve [en] a José Martí dentro
del “dios invisible”, la empobrece el que apenas logra balbucear
que el Maestro “representa” el ascenso revolucionario de los
sectores más humildes de la sociedad cubana de [la seg] finales
de siglo.
Por eso apoyamos la apelación que se hace en el Llamamiento
al IV Congreso del Partido a “nuestras ciencias sociales y
humanísticas, debilitadas en el pasado por la falta de auténtico
debate científico y la tendencia a copiar y repetir supuestas
verdades establecidas por otros, [(]...[)] llamadas a resurgir
con fuerza y hacer sentir su papel en la investigación, el
conocimiento y la transformación de nuestras realidades sociales.
(...) La esencial razón de ser de este desarrollo está dada
por la complejidad y el alcance de las transformaciones que
nos hemos propuesto, que implican esclarecer aún muchas interrogantes
e incógnitas”. Es al esclarecimiento de esas incógnitas e interrogantes
a lo que queremos contribuir cuando hablamos de la necesidad
de “revitalizar la cultura como saber participativo”-13- y
cuando postulamos la impulsión de un pensamiento humanista,
el cual no se podría reducir ni [al] [a lo] [al] [discurso
científico ni al ideológico] a “lo científico” ni a “lo ideológico” —sabemos
que toda ciencia es [una forma de ideol] deudora de una determinada
ideología y que la ideología, vista no ya como “falsa conciencia” sino
como expresión condensada de la visión del mundo propia de
toda una clase, toda una sociedad[,] o toda una época, no es
un fárrago arbitrario de mixtificaciones sucesivas sin participación
alguna en el conocimiento del mundo—, pues [,] como ha dicho
Karl Mannhein[,] “se puede alcanzar un nuevo tipo de objetividad
en las ciencias sociales, pero no por la exclusión de las valoraciones,
sino mediante la verificación crítica y el control de las mismas”.
La alternativa a la falsificación ideológica de la realidad
no es la pretendida “desideologización” del pensamiento, pues
no se puede pensar el mundo fuera del mundo ni pensar el pensamiento
fuera del pensamiento: y mundo y pensamiento, en su unidad
y su diferencia, siempre han sido y serán ideológicos, como
tampoco puede ser la apología de los positivismos —supuestos
depositarios de toda objetividad—, pues [,] como [nos] decía
Antonio Gramsci [,] “objetivo significa humanamente objetivo”.
De ahí que hayamos planteado “la superación de las antinomias
de distinta razón”, pero no desde una pura actitud contemplativa,
sino desde un saber “participativo”.
Sin embargo, [no po] es imposible eludir la pregunta acerca
de en qué mundo vivimos [. Indudablemente todavía no] y qué
significa Cuba en ese mundo. En apenas 5 años hemos [visto]
asistido prácticamente al desmantelamiento de todo lo que hasta
ahora [representó en su época] había encarnado, en la Europa
del este, mal que bien, la idea misma del socialismo. La lucha,
justa [en esencia] e inaplazable, contra la burocratización,
la dogmatización y el estancamiento de sociedades enteras que
habían abrazado la causa del socialismo ha desatado en su propio
seno la irrupción de fuerzas [francamente anacrónicas] [visiblemente]
peligrosamente regresivas o, en el mejor de los casos, [ridículamente]
francamente anacrónicas. Ello ha alterado la correlación de
fuerzas a escala internacional y junto con la profundización
del proceso de desarme ha [traído] conducido, contradictoriamente,
a una mayor polarización de las relaciones entre el mundo desarrollado
y los países del llamado Tercer Mundo. Digámoslo de una vez
y de forma inequívoca: pluralismo no significa necesariamente
multipartidismo, democratización [social] de la sociedad no
significa necesariamente socialdemocracia. Para un hipotético
habitante de otro planeta tales distinciones podrían ser un
simple [juego de palabras] retruécano, pero nosotros vivimos
en este mundo y sabemos lo que esas palabras significan.
Por el pluralismo y la democratización de la sociedad se pronuncia
el Llamamiento al IV Congreso del Partido [cua] al afirmar
que este último “(...) [actúa] no trabaja sólo con sus militantes,
sino que atiende, escucha y se relaciona con todos los ciudadanos
honestos, con todos los patriotas, con las diferentes corrientes
de opinión dentro de la Revolución, en un esfuerzo sostenido
por sumar el máximo de fuerzas a la construcción socialista” y
al promover “la comunicación sincera con capas y sectores sociales
que tienen intereses específicos[”.]
Por el pluralismo y la democratización de la sociedad se pronuncia
el Llamamiento al IV Congreso del Partido cuando afirma: “La
certeza de contar con el apoyo abrumador del pueblo nos releva
del irreal afán de unanimidad, muchas veces falsa, mecánica
y formalista, que puede conducir a la simulación, a la doble
moral o al acallamiento de opiniones, y nos indica la necesidad
de auspiciar, en cambio, un consenso que tome como base el
reconocimiento de la diversidad de criterios que sobre un mismo
asunto, en un momento dado, pueden existir en el pueblo, y
que se fortalezca por medio de la discusión democrática en
el seno del Partido y de la Revolución, sobre todo en la búsqueda
de soluciones, en el examen de variantes para alcanzar nuestros
objetivos socioeconómicos, y, en general, en la reflexión orientada
a perfeccionar la sociedad en que vivimos.”
Por el pluralismo, la democratización de la sociedad y la
revitalización de la cultura se pronuncia el Llamamiento al
IV Congreso del Partido cuando establece que “con el auspicio
de un clima favorable al desarrollo del pensamiento creador
y el debate fecundo, debemos contribuir al despliegue del enorme
potencial transformador e integrador de nuestra cultura, frente
a la agresión cultural del imperialismo”.
Si [logramos trascender] a la luz de [nuestras co] la esencial
comunidad de objetivos que hoy une en la Revolución y por la
Revolución a tres generaciones-14- ponemos
como obstáculo al diálogo y la acción mancomunad[o]s las [lógicas]
diferencias que formaciones y experiencias humanas e intelectuales
diferentes hacen inevitables, estaremos desaprovechando una
posibilidad histórica excepcional: la de que la Revolución
Cubana siga siendo revolución y siga siendo cubana sin devorar
a sus propios hijos y sin parricidios orfandadores [sic]. [É]se
es, a nuestro juicio, el gran aporte que hoy Cuba puede hacerle
al mundo en su larga marcha hacia el reino de la libertad.
[É]se es, también, el aporte que, como parte de la más joven
generación[,] queremos hacer nosotros. Queremos hacer cultura,
[con mayúscula] que es hacer revolución, guiados por aquella
indicación de José Martí, que no por repetida ha dejado de
ser letra con filo: “Ser cultos es el único modo de ser libres[.”]
Se habla hoy de la soledad de Cuba en un mundo que parece
[despoblar al] abandonar el Sur, como si nuestra pobre insularidad
fuese la seña de un [fatal] trágico destino. Pero hace cien
años José Martí se propuso [hacer patria] equilibrar el mundo
entre dos [soledades] [deslealtades] enemistades: la del águila
del Norte que se le venía encima y la del Sur que ponía los
ojos en el águila. Jamás Cuba había estado tan sola, jamás
el alma de la patria [pareció] tan utópica. Y, sin embargo,
José Martí llamó a una guerra sin odios y quiso que un mismo
grito iniciara la guerra y fundara la República. José Martí el
político, José Martí el poeta, José Martí el soldado, José
Martí el demócrata, José Martí el hombre uno y fiel a su unicidad,
nos sigue convocando desde esa lección insuperable. ¿Vamos
nosotros, sus hijos, a convertir la soledad en odio, y en campamento
la república? ¿O vamos, mejor, a-15- [defendiendo]
defender nuestro decoro, [por] ya que “en el mundo ha de haber
cierta cantidad de decoro, como ha de haber cierta cantidad
de luz”? Y ese decoro, que junto con la luz [podrán] [deberá]
[podrán] podrá seguir sosteniendo el mundo, [sólo p] podrá ser
verdadero sólo en la libertad, que “es el derecho que [todo
ho] [tiene todo hombre] todo hombre tiene a ser honesto, y
a pensar y a hablar sin hipocrecía”.
Y como sentimos que en ello va nuestro derecho a ser honrados
y a pensar y a hablar sin hipocrecía podemos gritar hoy:
Socialismo o muerte
Patria o muerte
Venceremos-16-.  |