|
I. CARTA A ABEL PRIETO
Ciudad de La Habana, 20 de noviembre de 1989-1-
"Año 31 de la Revolución"
Cro. Abel Prieto
Presidente [de la] UNEAC
Compañero:
Adjuntamos a la presente el Documento [sic] que recoge la definición, objetivos y propuestas de trabajo del proyecto cultural PAIDEIA -2-, a fin de conocer, en la persona de Ud. [sic], la posición de la institución que Ud. dirige en relación con la posibilidad de que el mencionado Proyecto halle en la UNEAC el espacio que reclama para la realización de sus fines.
Este Proyecto [sic], que se autodefine como "grupo de trabajo para la promoción, investigación y crítica de la cultura” y que aspira a convertirse en "un estado de concurrencia de las fuerzas vivas de nuestra cultura”, se está dirigiendo al Ministerio de Cultura -3-, así como a prestigiosas instituciones culturales cubanas, con el propósito de obtener su oficialización como “proyecto de actuación práctico-crítica en el campo de la cultura" e iniciar sus actividades en estrecha colaboración con la o las instituciones culturales que se ofrezcan como sede —ya sea con carácter permanente o de manera provisional— de dicho Proyecto.
Al dirigirnos a Ud. lo hacemos con la convicción de que la UNEAC y Ud. personalmente son interlocutores naturales de una propuesta de trabajo cultural que pretende basar su acción en el debate permanente de los temas de la cultura que más nos incitan a la búsqueda de nuestras propias respuestas e interrogaciones, con la mirada puesta no en el debate mismo, sino en la incidencia directa sobre nuestro entorno social inmediato de esas interrogaciones y respuestas.
En ese camino la UNEAC está llamada a jugar un papel de vanguardia y, lo que es más importante, a hacer una contribución decisiva en la batalla de nuestros artistas y escritores por ocupar en nuestra vida social y política el espacio que la palabra creadora, al servicio de la verdad, se merece.
Firmantes del PROYECTO PAIDEIA-4-.
II. CARTA A CARLOS ALDANA
Ciudad de La Habana, 23 de noviembre de 1989-5-
"Año 31 de la Revolución"
Cro. Carlos Aldana Secretario [del] CC-6- [del] PCC-7-
Compañero:
En un reciente encuentro de los primeros secretarios provinciales y municipales de la UJC Ud. [sic], tras señalar "...la necesidad de que el arte de gobernar en las condiciones de la propiedad social... sea... un ejercicio de masas en el seno de nuestras instituciones que, de modo alguno, han dado todo de sí...", hizo referencia a las "...voces auténticas que, comprometidas con la Revolución, incursionan en temas sensibles y contradicciones de nuestra realidad y llaman legítimamente nuestra atención, aun cuando no siempre logren sustraerse de tendencias hipercríticas e iconoclastas".
Si quienes nos hemos agrupado alrededor del Proyecto PAIDEIA y nos dirigimos ya una vez a Ud. en busca de propiciar un diálogo que nos parecía y nos sigue pareciendo necesario, debemos o no contarnos entre esas “voces auténticas” no es algo que podamos decidir al margen de ese diálogo ni, en última instancia, al margen de la praxis sociocultural de la que ese diálogo quiere ser, al menos de nuestra parte, un instrumento.
De ahí que consideremos oportuno reiterarle a Ud. el deseo de que nuestras tesis y propuestas de trabajo, las cuales —a no dudarlo— “incursionan en temas sensibles y contradicciones de nuestra realidad”, sean objeto de la atención a la que llaman legítimamente-8-.
Esa legitimidad, en nuestro caso, no puede provenir sino del grado de responsabilidad con que asumamos nuestras opiniones, más allá de cualquier representatividad de carácter formal o, incluso, del grado de error posible en nuestros puntos de vista.
El “arte de gobernar” como “un ejercicio de masas en el seno de nuestras instituciones” tendrá, a nuestro juicio, que partir de ineludibles re-definiciones tanto del sujeto como del objeto de ese "arte”, si se quiere que conceptos como “masas” e "instituciones" adquieran un contenido histórico-concreto desde el cual superar las contradicciones reales.
La oportunidad de [é]sas y otras re-definiciones parece ser un punto de partida común, si se toma en cuenta que un reciente documento partidista donde se abordan aspectos relacionados con nuestra vida cultural actual afirma que: “Se hace indispensable en el campo de la cultura el diálogo, el debate y la discusión de las ideas. Si en los marcos [sic] de las instituciones culturales y de las organizaciones de creadores no se propicia el debate, corremos el riesgo de que el intercambio de ideas se haga clandestino, ajeno a cualquier tipo de control y donde no se escuche la voz de los más revolucionarios y esclarecidos. Este riesgo nos conduce a otro mayor: el que gente honesta con dudas y con criterios erróneos y los jóvenes intelectuales con poca madurez ideológica, sean influidos por resentidos o contrarrevolucionarios, en tertulias privadas.”
El proyecto PAIDEIA, que se concibe a sí mismo como “grupo de trabajo para la promoción, investigación y crítica de la cultura”, no aspira sino a contribuir a enriquecer y, si se quiere, dinamizar la acción de nuestras instituciones culturales, conscientes —los promotores de este Proyecto— de que "el arte de gobernar" tendrá que contar, también-9-, con el gobierno del arte.
Firmantes del Proyecto PAIDEIA-10-.
P.D. Adjuntamos a la presente el texto revisado del Proyecto PAIDEIA.
III. CARTA A LA ASOCIACIÓN HERMANOS SAÍZ
Ciudad de La Habana, 12 de julio de 1990-11-
Año 32 de la Revolución
Al Ejecutivo Nacional [de la] AHS-12-
Compañeros:
Desde agosto de 1989 varios miembros de la AHS hemos venido siendo objeto de cuestionamiento a partir de nuestra integración al Proyecto PAIDEIA. En los últimos tiempos, sintomáticamente, tales cuestionamientos han venido traduciéndose, por parte de instituciones y personalidades oficiales, en amenazas más o menos veladas y difamaciones más o menos públicas, así como en actos que, para evitar eufemismos inútiles, no podemos menos que calificar de represivos.
Cuando una publicación como “Naranja Dulce”-13-, cuyo mayor pecado parece haber sido intentar la seriedad en términos de cultura, resulta toscamente suprimida; cuando a alguien se le despoja de un premio literario sin que el voto negativo de uno de los jurados no haya apelado a mejor razón que comentarios en torno a la persona del concursante de marras -14-;
cuando un profesor es expulsado de su trabajo por haber abierto las puertas de su instituto a “elementos altamente cuestionables desde el punto de vista político e ideológico”—léase miembros del Proyecto PAIDEIA—; cuando algunos de esos “elementos” son impedidos de publicar, o impartir conferencias, en fin, de participar con pleno derecho del espacio intelectual cubano; cuando, para colmo, la propia condición de asociado es otorgada o retirada de la manera más arbitraria, sin que, ante todos estos hechos, la Asociación que supuestamente nos representa haga válidas su supuesta autoridad y su postulada vocación de contribuir a la democratización de la cultura, se hace evidente que para algunos asociados han quedado solamente dos opciones: o la paciencia culpable o el acto mínimo, tal vez impaciente pero seguramente más honesto, de renunciar a un estatuto que para nosotros ha dejado de ser un motivo de esperanza para convertirse, cuando menos, en un pretexto para la complicidad.
En consecuencia, los abajo firmantes, renunciamos a nuestra condición de miembros de la AHS, no con la intención de explicitar una beligerancia, sino de trascender —de una vez y por todas— lo que ya constituye un anacronismo intolerable.
Sin más,
Carlos Alfonso, Luis Felipe Calvo, Jorge Luis Camacho, Emilio García Montiel, Reinaldo López, Radamés Molina, Omar Pérez y Armando Suárez Cobián
IV. CARTA EXPLICATIVA PARA LA DISTRIBUCIÓN DE TESIS DE MAYO
Ciudad de La Habana, 4 de agosto de 1990-15-
“AÑO 32 DE LA REVOLUCIÓN”
Cro(a).: ____________________ -16-
Los abajo firmantes estamos interesados en que Ud. conozca el documento adjunto, en el que —bajo el título de Tesis de mayo— hemos agrupado ciertas ideas básicas en torno a la cultura, la sociedad, el [E]stado y la política, vistos desde la perspectiva de un pensamiento que, por crítico, se supone revolucionario y quiere ser contemporáneo sin dejar de ser utópico.
Las ideas que aquí se proponen quieren ser, a la vez, testimonio de una posición e incitación de una posibilidad: la de un diálogo prefigurador de una praxis social cada vez más democrática; incitación que imaginamos al servicio del debate a que ha convocado el Llamamiento al IV Congreso.
Nos gustaría que estas Tesis, siquiera como punto de referencia, sirviesen de estímulo a la reflexión e intercambio de ideas como parte necesaria —si bien no suficiente— de actuales discusiones en las que a Ud. los suponemos activo participante.
En consecuencia, adjuntamos a la presente las antes mencionadas “Tesis de mayo”, junto con el texto de una carta mediante la cual hicimos entrega oficial del citado documento al Comité Central del Partido Comunista de Cuba.
Fraternalmente,
José Luis Camacho, Luis Felipe Calvo, Jorge Ferrer, Julio Fowler, Ernesto Hernández Busto, Reinaldo López, Omar Pérez y Rolando Prats.
V. CARTA A CARLOS ALDANA
Ciudad de La Habana, 4 de agosto de 1990-17-
“AÑO 32 DE LA REVOLUCIÓN”
Co. Carlos Aldana-18-
Secretario [del] CC [del] PCC
Compañero:
Hace exactamente un año que un grupo de intelectuales dimos a conocer un documento, que con el título de “PAIDEIA: Proyecto de Promoción, crítica e investigación de la cultura” habíamos elaborado con el objetivo expreso de suscitar un diálogo en torno a problemas que nos preocupaban y nos siguen preocupando en relación con la cultura, la sociedad y la política, con el papel de la intelectualidad en el proyecto de emancipación de la revolución cubana y con la propia identidad en la que nos reconocemos y que sigue retando la capacidad crítica de nuestra acción y nuestro pensamiento.
Aunque nunca hemos tenido la oportunidad de explicar públicamente lo que había querido y lo que realmente ha podido ser PAIDEIA antes y después de aquel 4 de agosto, la historia de este “caso” —por llamarle del modo que mejor se corresponde con el tratamiento del que hemos sido objeto— es más o menos conocida y ha sido más o menos tergiversada.
Quisiéramos recordarle que fue a Ud. precisamente a la primera personalidad política a la que oficialmente nos dirigimos enviándole aquel documento y proponiéndole un posible encuentro, al nivel que de mutuo acuerdo se llegara a decidir, entre el poder político y una cierta zona de la intelectualidad de la que los abajo firmantes nos sentimos parte, valga de nuevo una distinción metodológica (la de poder político e intelectualidad) que sigue resultando incómoda precisamente para quienes detentan el poder político y pueden emplearlo en rechazarla.
Ud. no nos respondió, al menos de manera directa, ni a aquella ni a una segunda carta, y, salvo dos reuniones con miembros de los Comité Nacional y Provincial (en Ciudad de la Habana) de la UJC que arrojaron como resultado la denegación "oficial" de PAIDEIA como proyecto cultural, no hemos tenido otros interlocutores que intermediarios "no oficiales", portadores lo mismo de la curiosidad más inocua que de la animosidad más burda.
Sólo al amparo de argumentos éticamente tan mediocres y políticamente tan ineficaces como los de que aceptar algún tipo de diálogo con PAIDEIA, o permitir que alguna institución cultural oficial patrocine el proyecto de inserción que con ese nombre se identifica, equivaldría a legitimar un grupo de carácter informal y caracterizado por sus posiciones críticas (o "hipercríticas", tautología del gusto de cierto "objetivismo") con respecto a la realidad política y cultural en la Cuba de hoy día y, con ello, a sentar un antecedente de incalculables consecuencias políticas, se puede desestimar, desde posiciones cada vez más amenazantes, una propuesta de diálogo como la nuestra, hecha desde y hacia la revolución y desde y hacia el socialismo, en un momento en que oficialmente se apela más que nunca al debate y la polémica como vías, entre otras, para la solución de muchos de nuestros actuales problemas y en el que, por otro lado, están a la orden del día los llamados a dar por clausurada la era de las utopías, las ideologías y las revoluciones.
Sólo [que] cuando algunos se reservan el derecho a decidir y sancionar —porque cuentan con los medios necesarios para hacerlo, desde la propaganda más sutil hasta la fuerza más bruta— no sólo lo que es falso o verdadero, sino el criterio mismo de la verdad, la diferencia pasa por falseamiento y el falseamiento por contravención. Conceptos como libertad, democracia, socialismo... dejan de ser consensuales y mediados por la práctica y devienen instrumentos legitimadores de una falsa conciencia.
Bastarían, por una parte, el temor a que ciertos errores políticos que hayamos cometido o podamos cometer puedan servir, al margen de las intenciones más limpias, a intereses ajenos a los del proyecto de emancipación que, para nosotros, sólo es viable por la opción socialista, y, por la otra, la seguridad de que los errores que con respecto a nosotros se cometan no podrían servir sino a tales intereses, para ratificar nuestra voluntad de resolver mediante el diálogo y la participación más amplios los problemas que hoy nos convocan.
En ese espíritu, y como parte de la discusión pública del Llamamiento al IV Congreso, hemos decidido enviarle a Ud., y a través de Ud. a la Dirección del Partido Comunista de Cuba, nuestras ideas y puntos de vista sobre algunos de los temas que dicho Llamamiento aborda y convoca a discutir, por lo que adjuntamos a la presente el documento “Tesis de mayo”, el cual recoge lo esencial de nuestras posiciones ante la sociedad, la cultura y la política.
Quisiéramos dejar sentado como principio que abogamos por una discusión que, además de sostenerse de manera vertical y biunívoca —entiéndase desde y hacia el Partido y a través de las masas— sea capaz de desarrollarse de forma horizontal y abierta a toda argumentación posible, sin que una vez más la difusión social del debate actual se vea entorpecida, al margen de la apelación oficial a no ponerle límites, por el socorrido argumento de que es inco[n]veniente crear "estados de opinión” o difundir opiniones “minoritarias”.
En consecuencia, estas Tesis no querrían tener como único destinatario al poder político, sino que intentarían propiciar, seguras de su parcialidad tanto como de su limpieza, el diálogo con el mayor número de factores vitalmente interesados en el perfeccionamiento de nuestra sociedad.
Sin más, y en espera de que la presente tenga un destino mejor que el de anteriores misivas,
José Luis Camacho, Luis Felipe Calvo, Jorge Ferrer, Julio Fowler, Ernesto Hernández Busto, Reinaldo López, Omar Pérez y Rolando Prats.
C.c. Armando Hart Dávalos, Ministro de Cultura
Sergio Corrieri Hernández, J[efe del] Dpto. [de] Cultura [del] CC [del] PCC
VI. CARTA ABIERTA A CARLOS ALDANA-19-
Su reciente intervención en el X Período de-20- Sesiones [sic] de la Asamblea Nacional del Poder Popular, encaminada enérgicamente, quién podría dudarlo, a explicar, analizar y, casi se diría, a exorcizar el fenómeno de la oposición política cubana, nos ha hecho temer que no adelantar desde ya algunas precisiones podría ser una irresponsabilidad demasiado costosa. Dado que el arma fundamental de su discurso es la simplificación —quizás sea cierto que detrás de cada político se oculta un pedagogo, pensamos -21- sería útil que [examináramos]-22- examinemos-23- juntos la naturaleza reductiva [sic] de las siguientes operaciones:
— La primera es aquella que se esfuerza por demostrar que contra[r]revolución -24-,
oposición y proyecto pluripartidista son tres manifestaciones de un mismo morbo inoculado y/o desarrollado artificialmente en el cuerpo social cubano desde enero de 1959. No es extraño que una clase política que ha intentado -25-, en fatigoso ejercicio te[le]ológico-26-, verse prefigurada en los próceres más disímiles y en los eventos más remotos, intente-27-ahora rebajar la presencia cada vez más heterogénea y espontánea de los antagonismos políticos cubanos a la categoría de invención perpetua de un imperialismo que, desgraciadamente, ya en la realidad ya en la mentira, está siempre a mano. En la ironía que dictamina que nunca fue más fuerte el pluripartidismo que cuando actuaban en el país trescientas organizaciones contrarrevolucionarias y, desde luego, pronorteamericanas, [actuaba[n] -28- en el paÌs] está, sin embargo, calculado muy seriamente el esfuerzo por probar, con efectos desastrosos para la salud de la [economía]-29- teoría política, que pluripartidismo e imperialismo son la misma cosa. Cabe recordar que ni el imperialismo ni el pluripartidismo son piezas perfecta-30- o necesariamente intercambiables (irreciprocidad [sic] de la cual Josif Stalin y Olof Palme se ofrecen como ejemplos antagónicos),
ni la oposición ni la disidencia son patrimonios históricos de la derecha, ni, para decirlo con palabras pobres, el más humilde —que no mediocre— de los opositores cubanos es una proyección fantasmal de los asesinos de Fe del Valle.
— La segunda procede en [sic] la esperanza de dibujar una oposición uniforme en sus proyectos y sus puntos de referencia política, única en sus orígenes, sus odios y sus temores, homogénea en su -31- ignorancia. La oposición cubana podrá haber sido ciertamente la reproducción especular de la suntuosa monotonía de la política dominante: a la miseria de la ideología única se responde hoscamente con la ideología, no menos mísera, de las negaciones extremas: reacción a un sistema que se complace, demasiado enfáticamente quizás, en llamarse monolítico, parte-32- de una estructura social en la cual abrirse paso entre la ubicuidad irracional de los “problemas ideológicos” —que no pocas veces son electrones sueltos dentro del discurso hegemónico— significa descubrir que entre una idealidad política y un delito común suelen intervenir distinciones tan oscuras como pragmáticas, fruto de un estado de la cultura donde el marxismo- leninismo, esa quimera del bestiario stalinista [sic], es pregunta y respuesta, oráculo y estatuto-33- donde reconocerse, siquiera, gramsciano, es un acto de temeridad o cuando menos de puerilidad ideológica. El proceso, sin embargo, no por lamentable debe ser juzgado irreversible. La oposición cubana, aquella que encontrará su legitimación no en las escaramuzas informativas ni en los pórticos de las embajadas sino en la constatación de su peso específico dentro de lo social cubano, se realiza en la condena explícita del bloqueo imperialista, bloqueo -34- oneroso, sin duda, pero no más [oneroso]-35- que el que para la nación-36-significa el peso muerto de las estrategias económicas voluntaristas, e ideologizantes, la exacerbación ya patológica de los protagonismos políticos y la castración de la cultura a manos de mecanismos de censura operantes en nombre de una muy abstracta "unidad”, prácticas todas connaturales a la clase dirigente -37-; se realiza en la lectura, interesada sí, no utilitaria, de la historia nacional, desde el Martí intelectual antiautoritario [sic] -38- que se nos escamotea en las escuelas y en las asambleas hasta el relato tan rico como intrincado de los partidos comunistas cubanos, en la asimilación orgánica de [esta]-39- esa historia y en la recreación de sus dictados y de sus utopías; se realiza, en fin, en la superación de la más [deplorable]-40- lamentable de las esquizofrenias: la que aleja al [enemigo]-41- individuo del sujeto político, al artista de sus destinatarios, al ciudadano de su destino; la política, espacio de resonancia donde la comunidad encuentra tanto el [ciclo]-42- sitio para la [práctica]-43- praxis [y]-44- [para]-45- como el camino de las utopías. En el libre concurso de ambas se hallaría, pensamos, un buen antídoto contra los delirios del poder absoluto.
— La confiscación de la identidad política del ciudadano, la expropiación de su nombre y de su entorno históricos, he ahí la tercera y más típica de estas operaciones. “Revolucionario” y “contrarrevolucionario”, “antisocial” y “compañero”, “patriota” y “traidor”, -46-"pueblo” y “grupúsculo”, nociones que debieran ser objeto para [sic] la discusión ,-47- puesto que son discutibles, han devenido meras voces que predisponen el homenaje demagógico o la fácil invectiva, contraseñas para la asimilación o el ostracismo; ensordecido por el fragor del monólogo político que no cesa, el ciudadano tiene para elegir la homologación o el anatema; en el terreno, -48- vasto,-49-que los separa habrá siempre lugar para un indiferente anonimato. “Revolución”, ya ha sido dicho, es condición histórica, no escudo de armas para ser empotrado en los muros de la ciudad tomada, es campo para las mutaciones, no laboratorio para las mutilaciones más caprichosas, por lo tanto distribuir los dones y los nombres de la revolución no es una prerrogativa de nadie, o lo es de todos.
Queda claro que el propósito de estas palabras no es ciertamente que nos sea concedida la denominación —quién pudiera decir por cuánto tiempo aún— de "revolucionarios". Intento candoroso, dada la arbitrariedad esencialmente policíaca, y por ende esencialmente antipolítica, con la cual la clase dirigente -50- reparte, [ukasi mediante] ucase por medio, sus reconocimientos y sus [excomulgaciones] excomulgaciones [sic]-51-. La figura del "enemigo del pueblo al servicio del imperialismo internacional" es demasiado [hominosa]-52- ominosa para pretender esquivarla con simples documentos: para merecerla, lo sabemos demasiado bien, bastará mañana recibir una carta amistosa desde Massachussets o Valencia, la evidencia comprometedora de una cita de León Trotski, o, [inclusive] -53- incluso, de-54- una cita amorosa, considerando la persistencia con la cual la clase dirigente-55-intenta desarticular a la oposición, recurriendo al expediente novelesco de la “vida privada”; vicio, por otra parte, que parecerá notable si se recuerda que es una de las tácticas obligadas en las luchas electorales norteamericanas.
Dígase, en fin, con humilde intención de alerta, que presentar hoy por hoy a la oposición cubana como un coro patético de buscadores de fortuna, alcohólicos y dementes, pagados por la CíA [sic], como una conjunción de “grupúsculos”— término, por demás, muy caro a cierto lenguaje de derecha, voz artificiosa que juzga los valores a través del número— no es sólo irrespetuoso sino algo más grave aún para un discurso que aspira a la solvencia política: es inverosímil.
Ciudad de La Habana, 2 de enero de 1992-56-.
VII. CARTA ABIERTA AL DIRECTOR DE JUVENTUD REBELDE-57-
Ciudad de La Habana, CUBA, 18 de febrero de 1992.
Sr. Bruno Rodríguez Parrilla-58-
Director de "Juventud Rebelde"-59-
Ciudad de La Habana, Cuba
Señor Director:
Hay seguramente un efecto que Usted no se atrevió a calcularle a su vehemente artículo del 16 de febrero pasado-60-:
que, al leerlo, los miembros de “Tercera Opción” experimentaran el re-conocimiento y la nostalgia. El re-conocimiento que implica el haber encontrado, de algún modo, en el oscuro negativo que esas palabras ofrecen, nuestra imagen política. No teniendo ni el derecho ni la ilusión de esperar de quienes han optado por ser adversarios antes que interlocutores, no ya la imparcialidad, imposible en estos casos, sino ni siquiera la exactitud y la serenidad que en ellos se requiere, nos corresponde notar, y hacer notar, en la reacción desproporcionada, la presencia de la acción misma. El sujeto recto que se detiene ante el espejo defectuoso no sólo advierte que algo anda mal con el espejo, confirma además, su propia rectitud. Nostalgia, por otra parte y si cabe la paradoja, de un tiempo y un espacio aún no vividos: los de la democracia, sitio hoy apenas imaginado en el cual no deberá haber posibilidad para la retórica, cada día más irresponsable, de la agresividad, o para las estrategias, cada día menos funcionales, de la calumnia. Sólo en ese tiempo y en ese espacio la sociedad podrá distinguir inequívocamente a los traidores de los traicionados. Quizás no sea [é]ste el texto más apropiado para retomar el lenguaje evangélico —hoy tan sospechosamente de moda— y recordar que entonces los últimos serán los primeros.
Hemos de comprender que aquellos que han asumido la política como una carrera hacia la impunidad nos juzguen, aun desde el otro lado de la línea demarcatoria, sus iguales, competidores entusiastas en los juegos del pragmatismo y las alianzas contra natura. Hemos contemplado desde el inicio el riesgo, por demás insignificante, de que aqu[é]llos que observan el mundo a través de sus decretos y no conciben para reformarlo otro taller que la omnipresente “mesa de las negociaciones”, vean también en nosotros la figura del que pagaría cualquier precio por un puesto en el escenario de las transacciones, esas transacciones que por lo general, y por desgracia, se hacen a espaldas de la sociedad y de la ética; sospechábamos que todo aquel que considera la historia como el laboratorio de su lozana personalidad autoritaria debe, por lo tanto, considerar a todos los que de él disienten como hijos irreversiblemente descarriados que se entrenan para la usurpación. Pues de eso se trata: el lenguaje de las excomuniones evoca siempre la irritación del padre que habiendo modelado, desde la cumbre, la descendencia “a su imagen y semejanza”, debe enfrentar una imagen contrapuesta y una semejanza —la semejanza, sueño de los totalitarismos— que ha desaparecido. La suspicacia, el insulto y la amenaza con los cuales en los últimos tiempos hemos sido involuntariamente homenajeados, han venido a corroborar una antigua intuición: pretender modificar, así sea modestamente, el cuerpo de la política, desde sus prácticas hasta sus lenguajes, significa reavivar el cinismo de los "apolíticos” y el instinto de conservación de los “políticos profesionales”. A esas respuestas que no son —nos alegra decirlo— las únicas posibles, queremos oponer, no la resignación que anuncia precozmente la muerte de la sensibilidad moral, sino el distanciamiento; tan arduo es intentar que el escéptico renuncie a su hábil somnolencia como inútil pretender desmentir al hombre que ha hecho de la inexactitud un modo de vida.
Los integrantes de “Tercera Opción” no hallan necesario el emplearse en el ejercicio perpetuo y, por cierto, harto significativo, de las “reafirmaciones”; desde ya quedan dibujados con la suficiente nitidez —que no es la insistencia— nuestro deseo de patria como punto mejor para la libre transformación del hombre y no como teatro para la vana coreografía en la cual se ostenta a los próceres para traicionarlos, después, en las oficinas, así como nuestra ambición de un socialismo que partiendo de la comunidad se revierta en ella, ajeno, al mismo tiempo, a ese otro socialismo que vierte desde lo alto sobre la sociedad el peligroso discurso del pueblo elegido, garante, ante la historia, de la preservación de la "estirpe de los vencedores” (sic) -61-.
Y si estas definiciones parecieran todavía necesitadas de claridad o de sustancia, habrá que subrayar que las eventuales precisiones, los futuros enriquecimientos, surgirán en el diálogo múltiple con la sociedad y no en el impuesto pagado a una clase política que agota todo su talento diplomático en referencias gentiles a la Presidenta Violeta Barrios -62-,
J. F. Kennedy o la CIA, para más tarde volverse contra la oposición cubana con la energía del que odia pero no comprende, o, mejor dicho, porque no comprende. El independentista que se empeña en empujar hacia el campo del enemigo a todo aquel que lo contradice, cree menos en la absoluta independencia que en el poder absoluto, y es dependiente de éste. No hay que olvidar tampoco que en la idea tenaz que propone en Cuba “un ejemplo para el mundo”—idea escolar que parece haber saltado de las aulas a las páginas de los periódicos— se revela ya el carácter esencialmente simbólico de nuestra independencia -63-:
la independencia nacional no ha de serlo si no está asentada sobre la independencia de todos y cada uno de los individuos que conforman la nación, el resto es mito.
Si no resultara una fácil ironía, habría que alabar la coordinación que recientemente los mecanismos de "orientación” ideológica y los dispositivos de “control” han puesto en práctica, marciales maniobras que nos quieren recordar que detrás de la indicada cortina de humo corre la infantería pesada. De hecho, tras los editoriales y las intervenciones quedan pactados los interrogatorios, las expulsiones y el "acto de repudio”, fiesta de la mera reacción y, por lo tanto, reaccionaria. He aquí cómo se incumple con el destino del intelectual orgánico, hijo pródigo de la teoría marxiana; lejos de asumir la tensión entre la política práctica y la investigación de la verdad, anuncia el aniquilamiento de ésta a manos de aquélla y, por si no bastara el anuncio, añade además la recomendación. Así, en las palabras que han motivado esta respuesta, no se percibe el sonido de la puerta cerrada con ecuanimidad en la cara del enemigo de clase, se presiente, eso sí, el portazo del carro-patrulla. Esperamos que éste, como lo ha hecho previamente el artículo, nos ayude a no olvidar quiénes somos y qué arriesgamos con ello.
Omar Pérez-64-
MOVIMIENTO INDEPENDIENTE DE OPINIÓN “TERCERA OPCIÓN" .  |