UTOPISTA
PAIDEIA y yo
Armando Suárez Cobián


Tengo treinta años y aún me creo que puedo cambiar ciertas cosas alrededor.

Tengo unos amigos que creo que creen lo mismo. Porque es un problema sobre todo de credo, de una fe que no es precisamente religiosa y que ha sido puesta a prueba en más de una ocasión. Hemos crecido creyendo muchas cosas de las que hemos empezado a dudar. Una ideología que se supone pragmática no puede sustentarse en lo que anuncia o denuncia sino en lo que propone y hace. Pero el enemigo está demasiado cerca y cualquier gesto de desavenencia puede ser utilizado por él.

Tengo un solo par de zapatos que me hice yo mismo con un peto de soldador robado que alguien me vendió. Tengo una casa en Nuevo Vedado que mi suegro le regaló a mi mujer. A él le dieron una casa nueva porque tiene un alto cargo militar y se sacrifica y lucha por mantener viva la ideología del pueblo. Yo le pago 50 pesos mensuales porque la nueva casa que le dieron tiene que pagarla pero como él le regaló a mi mujer la otra más pequeña yo le pago 50 pesos mensuales porque la nuestra "es gratis". Como él es un defensor de la ideología del pueblo, nuestra casa tiene teléfono, él me dice que tenemos que tener cuidado que si suena un timbre especial hay que avisarle inmediatamente porque ese teléfono está conectado a un sistema de alarma nacional. No hay que alarmarse. Todo eso pasa porque el enemigo está muy cerca. Pero yo soy parte de un grupo llamado PAIDEIA porque aún creo que puedo cambiar algunas cosas con mis amigos sin hacerle el juego al enemigo que está tan cerca tan cerca que no lo veo al lado mío.

Cuando decidí ser parte del grupo PAIDEIA lo hice porque creía pero también tuve un poco de miedo, el miedo es tal vez uno de los enemigos más fuertes. El diseño del poder está basado en el miedo. Yo creía igual que mis amigos que un joven revolucionario tenía que ser crítico. Yo creía que podíamos ejercer la crítica aún y así empecé a ser parte del proyecto.

En el año 1989 el mismo día en que el periódico Granma anunció en una editorial la censura y/o suspensión de las publicaciones soviéticas Novedades de Moscú y Sputnik por ser libelos del imperialismo, nosotros nos reunimos con un grupo de diferentes artistas e intelectuales en el Centro de Promoción Cultural "Alejo Carpentier" que en una época fue el centro de actividades culturales organizadas por PAIDEIA. Allí se hacían los talleres Poiesis y Logos. La reunión era para leer un documento que había sido redactado (tengo entendido) por Rolando Prats Páez (Cayo) y Ernesto Hernández Busto que era especialmente crítico con la política cultural. Durante la lectura del documento a todo aquel que levantaba la mano dispuesto a firmarlo lo filmaba/grababa descaradamente un pobre diablo que en esa época trabajaba en el Centro y era al parecer del centro de información del equipo de la gente de Villa (entiéndase Seguridad del Estado o policía política o Villa Marista). Después de que el famoso documento fue firmado por varios de los presentes y de haber asustado a otros, nos fuimos no recuerdo adónde pero a partir de ese día nos veíamos en el parque Almendares o en el parquecito de 23 y paseo. Hasta que decidí irme de PAIDEIA.

Días después

Eran alrededor de las 7 y media de la tarde cuando tocaron a la puerta. Abrí sin preguntar y de la misma manera fui sorprendido. Allí estaba "Octavio" y casi cometí la ingenuidad de preguntarle cómo sabía mi nueva dirección. Hacía poco que me había mudado a aquella casa que mi suegro nos había regalado y por la que yo le pagaba 50 pesos mensuales.

Hola, ¿qué tal?

Qué tal le respondí también e imagino que mi gesto de sorpresa lo incitó a responderme.

"Vine porque creemos que eres alguien con quien se puede conversar" que en su jerga profesional me imagino significaba interrogar pero de manera pasiva o amigable sin una cita previa o detención inesperada. Octavio era el agente de Villa (recuerden seguridad del estado o policía política o Villa Marista que es lo mismo aunque no se escriba igual) que atendía la Casa de las Américas. En Cuba los agentes son como los médicos de la familia están en cada cuadra en cada municipio en cualquier parte dispuestos a atacar de manera preventiva o represiva cualquier enfermedad pero de tipo ideológico. Y claro está los "intelectuales" son los más propensos a ese tipo de disentería.

Le pregunté sobre qué quería conversar. Me dijo que sobre PAIDEIA. Le dije que no tenía tiempo, que estaba a punto de salir para el cine (me iba a la Cinemateca con Mina, que era mi esposa en aquella época), que me llamara para ver cuándo podíamos hablar. No le di el número de teléfono porque estaba seguro de que lo tenía. Al otro día empezó a dar timbre a las 9 de la mañana. Le dije a Mina que si era él yo no estaba. Y así ocurrió todos los días y en diferentes momentos durante una semana entera. Las llamadas de Octavio. Una tarde decidí responder. Le dije que podía verlo al día siguiente desde las 8 y media hasta el mediodía. Al otro día por la mañana allí estaba puntual. Le hice un café de cortesía de la casa y puse una caja de Populares sobre la mesa de centro de nuestra sala. Mina estaba en nuestro cuarto "leyendo". Lo miré tranquilo, sin miedo. Me preguntó por qué me había ido de PAIDEIA (como si no lo supiera) y le respondí seco que por razones de diferencias personales (para no decirle más de lo que tal vez sabía).

Yo había sido uno más del grupo, otro inconforme, un creyente. Dejé el grupo porque no creía en algunos de los que lo formaban. Estar metido en PAIDEIA era una buena manera de disentir, lo cual podía implicar entre otras cosas cárcel. En esos días hablé con Omar Pérez que era parte del grupo y también muy buen amigo (todavía) y a él le dije porque me iba. Uno no puede estar metido en un grupo así si no confía en todos como en uno mismo. Tenía la certeza de que algunos podían usar la presencia de nosotros (mía en este caso y la de otros) como bultos como reclutas para hacer carrera política. Y cuando digo carrera política lo digo en las dos direcciones. Como disidente y como confidente. Los informantes que eran parte del grupo y los que se estaban preparando para irse con una historia política opositora que podía tal vez beneficiarlos una vez fuera del país. Claro que no le dije al compañero Octavio nada de este párrafo que acaban de leer.

Lo primero que me dijo Octavio entre todas las cosas que conversamos ese día fue que Rolando Prats Páez (Cayo) era un contrarrevolucionario lo cual no sólo no le acepté sino que le discutí con los mismos argumentos que él trataba de esgrimir. Diciéndole entonces que Cayo era un revolucionario crítico o en contra de otras cosas. Por supuesto que ellos sabían que entre las varias razones por las cuales me había ido de PAIDEIA estaba también que tenía problemas personales con Cayo que había sido mi mejor amigo entonces por muchos años. Me dijeron lo mismo de Omar Pérez. Lo defendí de la misma manera y así de manera sucesiva fui discutiendo con él otras cosas relacionadas con PAIDEIA y/o la situación política hasta que a las 12 del día le dije que ya se había vencido el tiempo y que por favor la próxima vez que quisieran "hablar conmigo" me hicieran una citación oficial. Por suerte Mina que estaba en el cuarto "leyendo" fue testigo de mi conversación.

Así terminó mi historia oficial con PAIDEIA.  

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