UTOPISTA
Un observador extranjero comenta
Bertrand Rosenthal


"De ojos sombríos, el pelo negro corto, rostro delgado, piel blanca y pálida; con camiseta blanca, tenis y pantalones negros, Rolando Prats traspasa algo de ascético en su apariencia… Alto dirigente de la oposición, anda en una bicicleta china… Su sonrisa es encantadora, pero sonríe poco". De este modo fue que entró, en el verano de 1991, en mi oficina de la Agence France Presse en La Habana, para presentar "Tercera Opción" como un movimiento independiente de opiniones, cuyo extraño programa era el "de producir pensamiento político".

               

Diferente de los miembros de otros grupos de oposición o de disidentes de aquel momento que venían hasta la oficina para entregar comunicados en papel cebolla, Rolando Prats no tiene prisa, aparenta no sentirse perseguido por el fantasma permanente de la Seguridad. Se sienta y charla durante horas. Sus textos, en verdadero papel, bien escritos, describen la crisis cubana en todos sus aspectos. Es un optimista de la reforma.

Ha vuelto al trabajo político después del fracaso del grupo PAIDEIA ("cultura", "educación" en griego), el cual contribuyó a crear en agosto de 1989, con el objetivo de agitar la política a través de la cultura.

De qué serviría enviar barredoras de nieve soviéticas a Cuba —otras también llegaron a la Guinea de Sékou Touré, donde la probabilidad de nevar es tan nula como en La Habana. El enunciado parece estúpido, y la presencia de esos artefactos, surrealista en un país tropical. Pero si algo las condena es el nombre, pues también funcionan como excelentes bulldozers para construir caminos.

Igualmente surrealistas eran en 1989 los debates de un grupo de jóvenes intelectuales divididos entre “francfurtistas” y “deconstruccionistas”, justo en el momento en que la Unión Soviética desaparece, cuando la Revolución vive la peor crisis interna de su historia con el caso Ochoa, y la libreta se transforma en piel de onagro.

Sin embargo, durante más de un año conseguirán mantener un intenso debate ideológico adentro de la Revolución.

Los miembros de PAIDEIA son jóvenes, ingenuos y ambiciosos. Creen que ha llegado la hora de reformar la Revolución desde dentro. Con la perestroika y la caída del muro de Berlín, la Revolución cubana perdió sus marcas de referencia ideológicas, así como sus recursos financieros.

Salidos de la Brigada Hermanos Saíz, organización de jóvenes de la UNEAC, colaboradores de la revista El Caimán Barbudo, algunos graduados en la Unión Soviética, todavía conservan la ingenuidad de creer en la posibilidad de un diálogo intelectual con el Partido. Envían su proyecto a las autoridades, pues necesitan una existencia legal tanto como los recursos para editar una revista.

Enseguida le siguen las “Tesis de Mayo”, texto de cinco puntos que abordan especialmente la crisis del socialismo, el papel del Partido, de los intelectuales y la situación de la juventud.

Fidel y el Partido Comunista han comprendido bien la presencia de un vacío que llenar, pero la prioridad continuará siendo la del control total de la esfera política e ideológica. De antemano, el grupo está condenado. La iniciativa, valiente, remite al cuestionamiento del lugar de los intelectuales en la Revolución cubana para darles una nueva función. Sin embargo, quince años después nos encontramos en el mismo punto.

Como observador extranjero, este bando de jóvenes iluminados que se lanza de cabeza en un delicioso delirio Deleuze, Derrida, Guattari, Foucault, Reich o Adorno, no puede ser tomado en serio.

Todo lo postmoderno es bueno, incluso Heidegger, defendido por los intelectuales “de izquierda”, a pesar de su influencia sobre el fascismo.

¿Quiénes son? Puros intelectuales sin práctica social.

Oficialmente, cuatro son identificados como signatarios de las Tesis de Mayo:

Rolando Prats, el único con una formación política sólida que le permite unir política y filosofía; Omar Pérez, conocido como el “hijo del Che” por parecérsele y, según algunos, ser hijo del guerrillero histórico con Lilia Rosa López; Ernesto Hernández Busto, chispeante, arrogante, arribista, cuyos textos de aquella época, escritos en una suerte de jerigonza filosófica, se situaban en el límite de lo comprensible; Radamés Molina, reconocible por el peinado rasta, que escribía cuentos crueles, absurdos y violentos.

Una veintena de jóvenes intelectuales entraron en la nebulosa del grupo, entre ellos: Jorge Ferrer, que desarrollaba notables análisis históricos; Ulises Álvarez, de formación filosófica y bello como un dios; Iván de la Nuez, que hacía crítica de arte; César Mora, hijo del embajador de Cuba en Panamá; Osvaldo Sánchez, poeta, mayor que el resto del grupo, quien se convirtió en director del Festival de Guanajuato en México.

Es con Omar Pérez y César Mora que Prats se lanzaría en “Tercera Opción”.

Para el gran público, PAIDEIA permanecerá como un asunto confidencial. Se trata de aprendices de filósofos que hacen salón, en el sentido del siglo XVIII, en parques y balcones. Contrariamente al cubano común, se encuentran bien informados sobre la actualidad mundial. Tenían también como objetivo constituir una gran biblioteca en el apartamento de Ernesto Hernández Busto, donde se podría encontrar lo inencontrable en Cuba.

Existe en ellos cierta forma de dandismo. Se visten a la europea, prefieren ir al cine a ver “Ladrones de bicicletas” en lugar del último éxito de Hollywood. A diferencia de los opositores tradicionales, no les interesan los Estados Unidos, a no ser por los jeans procedentes de Miami. En ocasiones son invitados a cenar por diplomáticos europeos que disfrutan con sus discursos iconoclastas. Se divierten, son seductores, hedonistas, y se dan bien con las mujeres.

Nadie los financia. Algunos, como Rolando Prats, trabajan como serenos. “Excelente para la lectura”, decía.

Hoy todos viven en el exilio, donde representan una generación dinámica de brillantes intelectuales cubanos formados por la Revolución.

Traducción del francés: I.M.A.  

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