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CONTINUACIÓN (2/3)...
Es Ángel Rama, como parece probarlo una de sus cartas a Fernández Retamar, quien sugiere la estrategia de no enfrentar con abierta hostilidad a los intelectuales que colaboraban con las dependencias del CLC, sino por el contrario, hacer que se reconocieran como objetos de la manipulación imperialista: “Pero una advertencia, que a esta altura ya debes haber comprendido por mi carta anterior: son muchos en América, y de los mejores, que no vieron el asunto y que fueron engañados” [1]. Sin embargo, el que Rama sugiera el trazado de una figuración intelectual inmadura, ideológicamente incapaz de mantener su autonomía frente al poder imperialista encuentra un doble origen en las propias críticas, quejas y defensas esgrimidas por los directores y colaboradores de las revistas del CLC que fueron vinculados al escándalo sobre el financiamiento de la C.I.A. En una declaración oficial de 1967, los miembros de la asamblea general del Congreso llegarían a condenar “de la manière la plus énergique la façon dont ils ont été trompés par la C.I.A. et le mal qu´elle a fait à leur cause”. [2]
Uno de los momentos pivotales de esta construcción del carácter y la psicología del intelectual “alienado” por su falta de suspicacia política se da en la mesa redonda “Sobre la penetración intelectual del imperialismo yanqui en América Latina” [3], en la cual a los intelectuales que no participan de las tareas militantes de la izquierda no se les reconoce la capacidad para pensar las consecuencias políticas de sus actos, al tiempo que se les demuestra la necesidad que tienen de ser alertados contra el aprovechamiento que el Departamento de Estado norteamericano haría de su imagen pública. El siguiente fragmento sacado de la intervención de Ambrosio Fornet, que me parece necesario citar en extensión, acude al tono apocalíptico y proselitista de la retórica revolucionaria para configurar a la izquierda militante como líder y conciencia crítica de la intelectualidad:
Pueden ser militantes o no, pero todos saben que hoy, en Cuba, se está jugando el destino de nuestros pueblos... y hasta el destino de nuestras literaturas, de nuestro arte nacional. La política norteamericana en la cultura sólo puede engañar a otros dos tipos de escritores y artistas: engañar a unos y desorientar a otros. Por eso hemos declarado un «estado de alerta» en el campo de la cultura. Hay un tipo de intelectual que no nos interesa: es el que está pidiendo a gritos «ser engañado». Todo el mundo lo conoce, se sabe incluso cuánto valen: una traducción, una beca, un premio, una embajada... depende de las ambiciones. Te repito: esos no nos interesan; se dejarán «engañar», pero no podrán engañar a nadie... Pero hay intelectuales, como decía Lisandro, o más bien artistas que, aunque parezca extraño –a nosotros nos parece inconcebible, pero hay casos-, que son ingenuos, se trata a veces de un problema de carácter... Ese artista es honesto, aspira –desde luego- al bienestar de su pueblo, pero dice: no, yo no soy político, yo de eso no sé nada, yo ¿qué puedo hacer? A ése tenemos el deber de ponerlo en guardia. Si colabora, le estará haciendo el juego, sin quererlo, al enemigo... al que invade Santo Domingo, al que estrangula la economía de su país, al que apoya a los gorilas del continente, al que prepara los planes «Camelot», al que considera a Puerto Rico como una colonia vitalicia... al que, en último caso, lo desprecia a él y a su propia cultura –a nuestra cultura- aunque ahora pretenda interesarse por ella. A ese escritor, a ese artista hay que exigirle que reflexione... A lo mejor ve que otros, que pasan por «izquierdistas», que han leído mucho marxismo, se dejan cortejar, transigen, y entonces piensan: ¿por qué no yo, entonces? ¿Qué hay de reprochable en eso? A ése, al desorientado, al de buena fe, hay que decirle: esos que parecen saber más, saben menos, esos no saben nada. Son pícaros, simplemente. Y a la larga pierden. Como decía Martí: todos los pícaros son tontos... [4]
El tono de urgencia, la ironía, la responsabilidad por la reeducación y la salud ideológica de una comunidad descarriada apela a un lenguaje proselitista y doctrinario que, a través de la culpa, funciona como máquina mutiladora de la libertad individual. Apoyado en la “sabiduría popular” del padre fundador José Martí, Fornet indica dónde está el peligro, advierte a los “pícaros” colaboradores de Mundo Nuevo su transformación en los “tontos” de mañana. Este llamado de alerta a los intelectuales latinoamericanos le rindió al elenco cubano más de una adhesión, más de una retractación por parte de algunos colaboradores de Mundo Nuevo:
- Carta de Augusto Roa Bastos a Fernández Retamar en la cual se posiciona públicamente a favor de las directrices políticas emanadas de la institución cubana y se “autocritica”:
No estoy reclamando un bill de indemnidad o prerrogativas de tolerancia y privilegio para los que, como yo, hemos incurrido sin mala fe [el subrayado es mío] en algunos de los descuidos y equivocaciones fustigados en la carta a Pablo; mi colaboración en Mundo Nuevo, por ejemplo. No voy a pretender ahora justificarla con argumentos que ya carecen de oportunidad. Sólo puedo decirte, en mi descargo, que cuando Emir comprometió mi colaboración para esa revista, a su paso por Buenos Aires, a fines de 1965, no se había desencadenado aún la esclarecedora polémica que fue iniciada precisamente por ti. Yo lo hice en la confianza de que, de acuerdo con sus declaraciones, él iba a abrir la revista a un amplio y franco diálogo sobre todos los problemas de América Latina, sin exclusiones, y en el que los compañeros cubanos tomarían parte activa [5].
- El poeta peruano Alejandro Romualdo declara en una nota publicada también en la revista, que él no colaboró con Mundo Nuevo, sino que fue Julio Ortega quien lo incluyó en una antología de la poesía peruana sin consultarlo previamente [6].
En contraste con estos escritores, cuyas rectificaciones fueron en apariencia suficientes para restablecer el orden de la izquierda que Mundo Nuevo parecía interrumpir, la biografía intelectual de dos cubanos ha debido contemplar, a partir de sus colaboraciones con la revista de Rodríguez Monegal, al menos un momento de ruptura y otro de negociación con las autoridades cubanas:
- Guillermo Cabrera Infante pierde su permiso de entrada a Cuba a comienzos de 1967, entre otras razones, por actuar como corresponsal de Mundo Nuevo. Ya en noviembre de 1965, a camino del exilio londinense y de paso por París, el antiguo director de Lunes de Revolución había sido advertido: “La va a dirigir un argentino llamado Monegal con pretensiones literarias. No te asocies con esta gente porque te va a traer malos resultados”. [7]
- El 2 de julio de 1968, luego de que un fragmento de su novela Celestino antes del alba fuera publicado en Mundo Nuevo, Reinaldo Arenas le escribe una carta a Rodríguez Monegal, que revela mucho del clima vigilante y hostil de la burocracia cubana ante la revista del ILARI y sus colaboradores. Si desde el exterior Roa Bastos se explica ante la izquierda cubana como alguien que ha sido engañado, desde el interior revolucionado, Arenas le expone al crítico uruguayo la doble cara de su “traición”:
A raíz de la publicación de un fragmento de mi novela Celestino antes del alba en su prestigiosa revista, lo cual le agradezco profundamente, me he visto, sin embargo, conminado por los oficiales de la UNEAC y sus policías, a redactar una carta de protesta que ellos, los directores de la UNEAC publicarán inmediatamente en su periódico, La Gaceta de Cuba. Primero me negué a escribir la carta, y entonces ellos, encabezados por Nicolás Guillén en persona, me presentaron la expulsión de la UNEAC donde además trabajo, expulsión que significa ir a parar a un campo de trabajo forzado y desde luego la cárcel. Hice entonces una carta benigna. Pero el mismo Guillén la rechazó: quería algo agresivo y denunciante. Así pues tuve que elegir entre la redacción de la infame carta o la prisión. Quiero seguir escribiendo, creo que esa es mi verdad por encima de todas las otras. Y espero que mis manuscritos, inéditos (por razones obvias) lleguen a sus manos, para que vea cuál es mi labor… En la misma carta oficial me las arreglé para decir que “no me quedaba otra alternativa” y contra la revista Mundo Nuevo puse los insultos que ellos han publicado, no los míos, que no existen. Admiro tanto su revista, como su labor crítica. No soy un personaje político. Pero sé que todo lo que se dice contra Mundo Nuevo es una infamia. Espero que algún día podamos hablar. Espero, aunque sin mucha esperanza, ser algún día un hombre libre. Pero por ahora espero, por lo menos que esta carta llegue a sus manos, y sepa comprender mi situación, mi realidad; y perdonarme. [8]
Además de los numerosos editoriales, notas, declaraciones y mesas redondas de denuncia contra la política cultural de los Estados Unidos para América Latina que Casa promueve y publica, la institución realiza una serie de eventos que aparecen como respuestas concretas de la ofensiva cultural montada por Rama. La primera reunión del Comité de colaboración [9] en enero de 1967, después de que con la entrada de Fernández Retamar en octubre de 1965 hubiera sido reestructurado y ampliado, responde ampliamente a la crítica de Rama ante la actitud hasta entonces pasiva de la revista cubana, cuando ya desde inicios del propio 1965, durante el Congreso de Génova, él mismo se había encargado de alertar a los delegados cubanos sobre el proyecto encomendado a Rodríguez Monegal. Diferente de Fernández Retamar, que critica la fundación de la Comunidad Latinoamericana de Escritores, podríamos pensar también que la oposición cubana no se refiere únicamente a la presencia de la política norteamericana tras esta tentativa de unificación intelectual, sino que puede estar relacionada con el hecho de que Casa de las Américas desde su surgimiento se había proyectado como líder cultural latinoamericano y por primera vez en el continente aglutinaba a los escritores. No dividir ese espacio era esencial para no perder aliados ni influencia. Rama, por el contrario, pensaba que la creación de la Comunidad fortalecería sobre todo a la izquierda. A diferencia del cubano, que expone los argumentos como si fueran verdades inexpugnables, Rama valora las consecuencias negativas que esta oposición de los cubanos podría significar para la reorganización de las fuerzas intelectuales; dice claramente que la creación de la Comunidad Latinoamericana de Escritores se vio afectada por los antagonismos ideológicos entre los intelectuales de izquierda que defienden la revolución cubana (fueron veinte firmas negando la participación en la Comunidad) y los que están a favor del diálogo entre izquierdistas y liberales. Llama a los primeros de “antiimperialistas” y a los segundos de “proimperialistas”. Así, la Comunidad nace ya escindida.
En “Ángel Rama y la Casa de las Américas”, la canonización ideológica del uruguayo se convierte al mismo tiempo en la autocanonización ideológica de la revista y de sus patrocinadores. El recorte que Fernández Retamar hace de la correspondencia misma indica que para él lo fundamental son los vínculos con la institucionalidad. De ese modo, el interés está en focalizar su papel en los ataques a Mundo Nuevo, al ser una disputa que le da protagonismo a la revista cubana, por tanto a su director. [10]
En la entrevista arriba citada, Fernández Retamar hace la salvedad de ignorar, en el momento en que Rama le comunica los proyectos del CLC para América Latina, que entre el jefe cultural de Marcha y el futuro director de Mundo Nuevo existían hondas desavenencias personales. Así, no se debería descartar la hipótesis de que en buena medida la ira desatada por Rama contra la revista del ILARI estuviera justificada, además, por el hecho de que su oponente fuera un coterráneo de renombre internacional, de quien lo separaban sus visiones políticas y literarias. ¿Cómo no pensar que una de las grandes preocupaciones de Rama con la aparición de Mundo Nuevo no estuviera relacionada con la presencia de Rodríguez Monegal, y no con la de otro intelectual que hubiera podido ocupar la dirección de la revista? Pensemos además que la extinta Cuadernos circuló sin penas ni glorias, pero principalmente sin los ataques vehementes de la izquierda, más olvidada que sacudida por el clima revolucionario que comenzó a despertarse entre los intelectuales latinoamericanos a partir de 1959. Cuadernos, la publicación del CLC que precedió a Mundo Nuevo, hasta donde era conocido en ese momento no disfrazaba sus filiaciones, y la política cultural del CLC, que hasta el triunfo de la revolución cubana se mostró más preocupada con su presencia en la dividida Europa de posguerra, parecía no alterar un campo intelectual que, según declaraciones del propio Rama, no había sido sacudido por las transformaciones políticas al punto de reorganizarse del modo en que lo estaban haciendo las instituciones liberales [11]. Por otro lado, la zona de influencia de Rodríguez Monegal ultrapasaba las fronteras literarias del Cono Sur. En las nuevas circunstancias, el hecho de que su oponente asumiese el mando de Mundo Nuevo se convirtió ante la mirada de Rama no sólo en un peligro para la reorganización de las fuerzas de izquierda, sino también en la posibilidad y en la inminencia de una derrota a partir del proselitismo puesto en práctica por Rodríguez Monegal, el cual se traducía en “captar” autores cuyos nombres garantizarían la legitimidad y la circulación de su revista [12]. Su correspondencia con Fernández Retamar contiene pasajes donde esta preocupación queda claramente explicitada:
[Rodríguez Monegal] Ha viajado por toda América –todos los gastos pagos por los americanos- para conseguir colaboraciones dirigiéndose sobre todo a la izquierda no comunista, desde [...] hasta Mario Benedetti, y me temo, por lo que Mario me ha contado, que en algunos casos ha obtenido éxito. Aquí ninguno: ni Benedetti, ni [Carlos] Martínez Moreno, ni ninguno de los escritores importantes de la nueva generación participarán del engendro, y tampoco en Buenos Aires, pero en México ya no sé qué puede ocurrir. Una información más detallada la tendrás por Mario cuando vaya a La Habana. Convendría que averiguaras la situación: no sería raro que pretendiera incluso algún cubano para dosificar la cosa y conseguir una entrada en la izquierda. [13]
Mundo Nuevo descansa en los años de Rodríguez Monegal sobre el peso de su prestigio crítico, como lo muestra su correspondencia de aquellos años con algunos de sus colaboradores. Rodríguez Monegal hipostasía el debate ideológico, que no cobra una forma homogénea y predominante, por tanto no estable, en las páginas de Mundo Nuevo. Su proyección ideológica (no me refiero a la que podemos entresacar de sus ensayos, diálogos y valoraciones) se torna explícita en la correspondencia particular con los colaboradores. La misma acompaña el trazado de una elaborada estrategia para recuperar el espacio y las fuerzas que la nueva política del CLC, volcada hacia la izquierda “no comunista”, había comenzado a conquistar dentro del circuito latinoamericano.
El modo de dialogar con críticos, poetas y narradores, así como el contenido de algunas de sus epístolas, nos revelan la ardua faena del uruguayo para hacer de la revista un espacio de consagración tanto de su figura como de su modelo ideoestético. En la carta que dirige a Pablo Neruda a raíz de su polémica con Fernández Retamar se advierte su performance como negociador político. Rodríguez Monegal procura el apoyo del poeta chileno y lo erige en testigo y depositario de una verdad que, aparentemente, no desea tornar pública ante el director de Casa de las Américas, para así explicar la sinceridad de su postura de distensión y de colaboración estética ante Cuba y ante la izquierda; al mismo tiempo se construye una imagen de transparencia, honradez intelectual y ética que contrasta con el lenguaje agresivo y con la actitud de confrontación asumida por Casa de las Américas: “Le he escrito a Fernández Retamar una carta cuya copia te mando para que veas en qué términos proyecto mi empresa. Ya tengo planeado un viaje a Cuba porque no pienso descansar hasta discutir estas cosas cara a cara con gente que me importa mucho”. [14] Esta estrategia de sumarse aliados o de pensar en probables defensores ante las acusaciones de Fernández Retamar muestra que si de algo carecía Rodríguez Monegal, era de ingenuidad política. Su actitud confidencial contrasta con la manera abierta y frecuente con que su desempeño crítico queda registrado dentro de la revista que dirigía. En carta a José Donoso (París, 23 de septiembre de 1966), Rodríguez Monegal escribe:
No sé si a Guanajuato o a Iowa te han llegado los ecos de una loca polémica de los cubanos contra Neruda por su participación en el Pen Club. Allí también nos dan algunas cachetadas a Carlos y a mí por crímenes parecidos o tal vez peores. El asunto no es sólo grotesco sino muy lamentable porque revela quienes dirigen ahora la cultura cubana. No son, por cierto, los firmantes de la carta, en que hasta hay escritores de verdad, sino los viejos y queridos comisarios de siempre. Con Mario Vargas [Llosa], con [Carlos] Martínez Moreno, con Carlos Fuentes, hemos conversado mucho de estas cosas llegando a la filosófica conclusión de que el sitio a que viven sometidos los tiene fuera de quicio. Con mucho humor, Juan Goytisolo decía la otra noche, que se habían creado una psicología numantina. Esto conmueve y es triste a la vez. Después de algunas vueltas, Carlos y yo decidimos no contestar nada y dejar que se frían en sus propias exageraciones. Lo único que haré en la revista es una crónica larga, que sale en el número 5 sobre todas las tergiversaciones que han aparecido en la prensa a propósito del Pen Club. En esa nota, y muy discretamente, esa rectificación está hecha en un estilo puramente documental, sin atribuir ninguna intención a los cubanos y dejando que cada lector saque sus conclusiones [15].
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1. Roberto Fernández Retamar, “Angel Rama y la Casa de las Américas”, en Recuerdo a, La Habana, Ediciones Unión, 1998, p. 175.
2. “Le congrès pour la liberté de la culture condamne «la façon dont il a été trompé par la C.I.A.». Le Monde, 18/5/1967, p. 2. (El subrayado es mío).
3. Trasmitida por la radio internacional Radio Habana Cuba, el 10 de agosto de 1966, y publicada en el número 39 de Casa de las Américas. Participantes: Roberto Fernández Retamar, Ambrosio Fornet, Lisandro Otero y Edmundo Desnoes.
4.
5. “Cartas a la Casa”, Casa de las Américas, a. 8, n. 43, julio-agosto de 1967, p. 136.
6. “Al pan pan”, Casa de las Américas, a. 8, n. 48, mayo-junio de 1968, en “Al pie de la letra”, p. 152. Las colaboraciones de estos escritores en la revista parisina son: Augusto Roa Bastos, “Él y el otro” [cuento], MN, 1
7. Guillermo Cabrera Infante, “Cuando Emir estaba vivo”. En: Homenaje a Emir Rodríguez Monegal, Montevideo, Ministerio de Educación y Cultura, 1987, p. 39.
8. En: Homenaje a Emir Rodríguez Monegal, Montevideo, Ministerio de Educación y Cultura, 1987, p. 47.
9. Las reuniones del Comité de colaboración, que convirtieron la sede de la revista en una suerte de cuartel general de la izquierda intelectual decidieron, organizaron o propiciaron otros eventos que rebasan los marcos textuales para transformarse en episodios concretos, como el Congreso Cultural de La Habana, de 1968.
10. Y en detrimento de la cual no se muestra la práctica de Rama en torno a su trabajo editorial, o como crítico literario. ¿Qué autores indicó? ¿Qué temas? ¿Cuál fue la influencia de su pensamiento estético tempranamente recogido en las páginas de Casa de las Américas? Las respuestas, en principio, no pasarían de revelaciones secundarias, si se piensa en la repercusión continental que ha tenido la concepción sociohistórica de la literatura predominante en su pensamiento, la cual ha sido al mismo tiempo la línea ideoestética fundamental de la publicación habanera. En la correspondencia afirmaba Rama: “nosotros seguimos haciendo lo posible por vincular la vida intelectual a los planteos político-sociales, y aun en desventaja seguir usando con destreza los cartuchos que nos quedan” (p.175).
11. Este punto de vista sobre la correlación de las fuerzas intelectuales en América Latina a partir del triunfo de la revolución cubana fue fundamental en el cambio de política llevado a cabo por el CLC. Peter Coleman narra esos cambios del siguiente modo: “When Adlai Stevenson, the U.S. Ambassador to the United Nations, met with Michael Josselson and Nicolas Nabokov in Geneva in the middle of 1961, a few weeks after the Bay of Pigs imbroglio to discuss the Latin American situation, Stevenson’s view was that the magazine Cuadernos relied too much on «the great Hispanic humanists» (the Madariagas, the Romeros, the Reyeses) and that younger writers had to be found to develop contemporary themes. It was at this meeting that Josselson suggested the non-Communist Left theme of Fidelismo sin Fidel. Fidelismo had brought a new sense of urgency to the Congress for Cultural Freedom. In 1961 the Secretariat changed Cuadernos from a bimonthly to a monthly, and in 1962 it assigned Keith Bostford to Rio de Janeiro and Luis Mercier Vega to Montevideo in the hope of redirecting and revitalizing Congress activities in Latin America. In 1963 the Colombian writer Germán Arciniegas replaced Julian Gorkín as editor of Cuadernos and set out to attract younger writers and to open Cuaderno’s pages to debate and confrontation. But it proved impossible to overcome Cuaderno’s reputation as basically a magazine for aging Spanhish émigrés. John Mander, after a tour of Latin America for Encounter, assured Josselson that «a majority of Latin American intellectuals» detested Cuadernos, confirming what Keith Bostford had also told him. Finally, after its hundredth issue, the Secretariat closed down Cuadernos and prepared to launch an entirely new magazine [Mundo Nuevo]”. Em: The Liberal Conspiracy. The Congress for Cultural Freedom and the Struggle for the Mind of Postwar Europe, New York, The Free Press, 1989, p. 193-194.
12. Fernández Retamar hoy reconoce que “Mundo Nuevo se quedó con los mejores escritores” (Entrevista inédita, São Paulo - Cienfuegos, Cuba, enero de 2003).
13. Roberto Fernández Retamar, “Angel Rama y la Casa de las Américas”, en Recuerdo a, La Habana, Ediciones Unión, 1998, p. 174.
14. Emir Rodríguez Monegal, Correspondencia, “Carta a Pablo Neruda”, Paris, 24 de febrero de 1966.
15. Emir Rodríguez Monegal, Correspondencia, “Carta a José Donoso”, Paris, 23 de septiembre de 1966. http://www.mll.cas.buffalo.edu/rodriguez-monegal/correspondencia.
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