Paradiso y Wilhelm Meister:
Goethe, Lezama Lima y el dulce suplicio del abuso infanti
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Eduardo González

‘Kennst du das Land...?’
Wilhelm Meisters Lehrjahre III.

Eros de nuevo desata mis miembros en trompo,
dulceamargo y sin freno me acomete...
Safo, fr. 130

(a Enrico Mario Santí)

Lugar común es el parecido ejemplar entre Paradiso y Wilhelm Meister, a partir del momento (capítulo ix) en que José Cemí se atribuye a sí mismo (con “arrogancia de adolescente”) esta frase subrayada en su lectura: “¿ A qué pocos varones les ha sido otorgado el poder de presentarse siempre de modo regulado, lo mismo que los astros, y gobernar tanto el día como la noche, formar sus utensilios domésticos; sembrar y recolectar, conservar y gastar, y recorrer siempre el mismo círculo con calma, amor y acomodación al objeto” (Edición Crítica 234). El “momentáneo orgullo” que le impulsara a escribir “¿yo?” al margen del texto goetheano le parece a Cemí “aceptación de una amorosa confianza” – no “tentación de una luciferina vanidad omnisciente” (cree el joven Cemí haber sido conjurado por la frase, por su “alusión a la costumbre de los astros,” por su “ritmo de eterna seducción creadora,” por el “Eros que conocía como las estaciones”). No hay sin embargo Eros alguno en la frase de Goethe, aprendida por Lezama en traducción de Juan Ramón Jiménez (“Wie das Gestirn, / Ohne hast, / Aber ohne rast...”): “Como la estrella, / sin prisa, pero sin tregua” o “Como el astro, / sin precipitación y sin descanso” (Edición Crítica 489 nota 7 de Cintio Vitier). La frase afirma el quehacer poético en alianza emblemática con los astros, sólo en apariencia indiferentes al destino ético del artista creador. La voluntad creadora de José Cemí se adhiere a tal destino animada por la energía del Eros –principalmente homosexual. Energía homoerótica –animadora de su persona y de la doble persona que integran sus amigos Eugenio Foción y Ricardo Fronesis.

Ahora bien, ¿qué tiene que ver esto con el Wilhelm Meister y con la tan consagrada como peregrina noción de que Paradiso sea su equivalente cubano? – i.e “nunca admitió José Lezama Lima que José Cemí fuera él mismo, sino un presunto trasunto de su personalidad, un Wilhelm Meister habanero” (Eloisa Lezama Lima: Edición Cátedra 16).

Primero que todo salta a la vista lo disímil de las respectivas tramas, si se toma en cuenta que Wilhelm Meister es hijo de un mercader acaudalado y José Cemí huérfano de un coronel de artillería de escasa fortuna; que Wilhelm desde temprano tiene relaciones íntimas y fracasadas con una actriz, mientras que José (C/Semí) permanece vírgen hasta su litúrgica (mysterium coniunctionis) boda mística con Ynaca (Oppiano Licario cap. v), de la cual nacerá una hija; que Wilhelm se intrega a una compañía de teatro itinerante y logra realizar Hamlet, mientras que José permanece en casa, cuando no adscrito al falso y sobrevalorado diálogo de los soliloquios sobre la homosexualidad (dilatadas descargas suyas y de Fronesis y Foción sobre la bestia quimérica de la sodomía).
Wilhelm Meister se casará con una preciada hija de la nobleza, luego de iniciarse en la sociedad secreta que ha custodiado sus andanzas (grupo parecido a los francmasones, en una de cuyas logias de Weimar Goethe ingresara en 1780). Por su parte, José Cemí casa a su hija con el hijo de Foción y permanece –más que soltero– viudo de su innombrable homosexualidad.

La niña circense y maromera con la cual Focioncillo se encuentra en lo fugaz de un pastiche burlesco del Oppiano en Paris evoca –más que ningún otro personaje Lezamiano– a la sublime y cardinal criatura de la impuber Mignon en la novela de Goethe, quizás el personaje menor más notable y reciclado de la literatura romántica europea.

Resulta pues que las desemejanzas entre Wilhelm Meister y José Cemí se expanden (cual leves ondas concéntricas en agua turbia) a partir de tales mutuas extrañezas. Es de suponer que (según la interpretación antigua y medieval asociada con la Biblia, San Agustin y Dante) se necesitaría emplear en este caso la lectura de grado anagógico. Según lo cual el sentido trascendente se alzaría por encima del renglón literal, más allá del quehacer mundano, el de las vidas sólo consignadas en su intrascendente individualidad.

Son, efectivamente, las interpretaciones de tenor simbolico, alegorico y anagógico las que mejor ponen de relieve espectrales semejanzas entre Wilhelm Meister y Paradiso/Oppiano (semejanzas que resultan en nada ennoblecedoras al ser juzgadas, precisamente, de acuerdo a los criterios que impulsan la deseada semejanza entre las novelas de Goethe y Lezama, según los genéricos cánones idealistas del Bildungsroman). El parecido entre ambas obras deja de ser obvio o genérico para revelar lo que muchos considerarían innoble. Innoble si los riesgos morales prevalecientes en el entorno alemán de Wilhelm Meister se reprodujeran en el ambiente habanero de José Cemí. Pero es que dichos riesgos por supuesto existen en torno a Cemí y en su interior urdimbre ética. (La ironía radica en que la pretendida semejanza suya con Wilhelm Meister se constituye para negar dichos riesgos en su fundamento homosexual.)

Se revela así la semejanza inédita entre las obras del genio de Weimar y del minotauro de Trocadero: no es la ejemplaridad moral sino su infracción perversa lo que asemeja Paradiso con Wilhelm Meister al quedar insertas estas dispares obras en el ámbito genérico del Bildungsroman. Las asemejan innobles semejanzas. Semejanzas en clave mayor: capaces de reengendrar el oscuro prestigio del daimon instanciado en Eros. Eros el “dulceamargo” [glukupikron] (el epíteto es de Safo).

Dichas semejanzas se estampan en las figuras (inéditas aún en la interpretación y comentario de Paradiso) del melancólico arpista y la misteriosa criatura Mignon, niño androginal encarnado en niña travestí y acróbata, salidos ambos (por gemelitud) del mundo de los saltimbanquis, de la cuerda floja y del inmemorial malabarismo juglaresco (Glauker). Wilhelm compra por treinta Taler a la niña cuando ésta recibe una paliza del arpista y acróbata-en-jefe (Seiltzänger), luego de negarse a bailar una especie de fandango sobre un piso cubierto de huevos de gallina (como lo hará -con los ojos vendados- ante su nuevo amo Wilhelm). Convulsa y espamódica, la criatura Mignon es una perenne niña, diríase que violada por su propia concepción incestuosa (la del arpista con su hermana). La histeria de ménade danzante que consume a la sublime niña Mignon se ha relacionado con la iconografía de la hembra chamanska ruso-asiática, cuyo descubrimiento y moda afectaron mucho la sensibilidad artística de Goethe (v. Flaherty).


Perenne criatura niña de niño prematuramente muerto, Mignon sirve de espíritu (daimon) tutelar (Schutzgeist) de Felix, el hijo que Wilhelm tuvo con la malograda Mariane. En la época de oro de la especulación psicoanalítica, Pillip Sarasin (1917) interpretó el incesto del arpista con la hermana en términos de un recuerdo de infancia hallado en Dichtung und Wahrheit en relación con la muerte de cuatro hermanos y hermanas menores de Goethe.

El imaginario incestuoso de Goethe con su enfermiza hermana Cornelia (de rebote en Mignon) había sido ya elaborado por Otto Rank en un capítulo de Das Inzest-Motiv in Dichtung und Sage (1912). La especulación analítica de corte clásico culmina con la monumental biografía (1963) de K. R. Eissler, Goethe: a Psychoanalytic Study (1775-1786). Con aplomo edipiano y copiosa erudición, Eissler reduce a un caso de orgasmo infantil el turbulento trance de Mignon ante la partida y pérdida de Wilhelm (La precoz niña se siente sedutta e abandonatta).

Más allá de la obligatoria reducción psicopatológica, es preciso reconocer (y apreciar sin prejuicios historicistas) cómo la sensibilidad especulativa de Freud y sus primeros epígonos se forjó involucrada en lecturas de signo novelístico tendentes a derrocar sus propios vaticinios clínicos.

La semejanza entre Paradiso, Oppiano Licario y Wilhelm Meister pertenece a la hermanita-hija-madrecita Mignon, cuyo primer padre (el arpista) era de cierta manera su tío, y cuyo último amor (prematuro, postumo, inconsumable) fue con el padre-hermano, con el falso y adorador hermano amante, Wilhelm. No es otra la semejanza anagógica -por gemelitud homoerótica- entre Tío Alberto y el desaparecido padre de José Cemí, cuñado suyo (y su hermano adoptivo), el coronel José Eugenio (gemelitud inventada por Cemí/Lezama, incorporándose al papel de Mignon, que así se transforma en la aborigen figura sintética de la quimera Ynaca Eco Licario: hermana, hija, madre, esposa, amante-novia, amante-novio, viuda de sí misma, viudo de ella misma...)

No es esta la ocasión de trenzar las fibras del mito familiar en la obra de Lezama. Los conocedores de Paradiso y Oppiano Licario pueden adumbrar la inédita semejanza entre el milagro turbulento de Mignon y los paroxismos que frenetizan ciertas páginas de la trunca y póstuma novela del maestro de Trocadero.

Habría que regresar a Oppiano (y retroceder a Paradiso) para componer el himno anagógico que haga eco de la canción de Mignon, esa especie de torch song o canción-antorcha en que Goethe, pensando en Italia, nos pregunta si conocemos la tierra ("¿Kennest du das Land") donde crece la flor del limón, y donde, tras oscuro verdor, brillan doradas las naranjas y la suave brisa sopla del azul añil....?


Obras citadas
Goethe, Johann Wolfgang von. Wilhelm Meisters Lehrjahre. Gedenkausgabe. 7
Flaherty, Gloria. Shamanism & the Eighteenth Century.
Rank, Otto. Das Inzest-Motiv in Dichtung und Sage.
Lezama Lima, José. Paradiso. Edición Crítica (Cintio Vitier)
Oppiano Licario.
Edición Cátedra (César López).


Eduardo González es cubano y viaja a Cuba con frecuencia. Vive en Estados Unidos desde 1960. Es profesor de cine y literatura en el Departamento de Lenguas Romances de la Johns Hopkins University. Es autor de los libros: Alejo Carpentier y el tiempo del hombre (1978), La persona y el relato (1985), The Monstered Self (1992) y, próximamente, Cuba and the Tempest: A Romantic Odyssey. En la actualidad prepara un estudio sobre el cine de Pedro Almodóvar, la comedia de Shakespeare y ciertas perspectivas de Jacques Lacan.

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