Entrevista con Roberto Fernández Retamar

A pesar de que en la década del sesenta la revista Casa de las Américas gozó de una centralidad literaria inédita en América Latina no sólo por el hecho de proyectarse a partir de un locus revolucionario, sino también por la atracción ejercida por su equipo de colaboradores, estos últimos, entre los cuales se encontraban Carlos Fuentes, Mario Vargas Llosa y Julio Cortázar, por ejemplo, no fueron entrevistados. ¿Por qué?

La revista publicó y en general ha publicado pocas entrevistas, y creo que esto es una de las ausencias que hemos tenido. Hemos prestado poca atención a la entrevista, siendo sin embargo tan importante, revelándose tantas cosas en la entrevista, al punto de que algunas personas dicen que ya se ven más entrevistas que textos literarios.

¿Por qué Casa de las Américas no documenta la polémica con el futuro director de Mundo Nuevo del modo en que lo hicieron otras publicaciones de izquierda, como Marcha o La Rosa blindada, que dieron a conocer la correspondencia cruzada entre usted y Emir Rodríguez Monegal?


Sí. Habría que añadir también el suplemento cultural de la revista mexicana Siempre!, donde también se publicaron esas cartas. Bueno, quizás la razón esté en que en Cuba esa correspondencia fue recogida por una revista de gran tirada, Bohemia, una revista que tiraba muchísimo más ejemplares que la revista Casa de las Américas, y hubiera sido repetitivo que nosotros lo hiciéramos también. Y aparte que preferimos usar otro ámbito diferente del de la revista Casa. Por lo general, si no estoy equivocado, quizás con la excepción de un temprano ensayo de Ambrosio Fornet que se llamó “New World en español”, por lo general no fue en el cuerpo mismo de la revista donde nos hicimos eco de la polémica en torno de Mundo Nuevo, sino en una sección miscelánea que se llama “Al pie de la letra”, y que las malas lenguas dicen que es la sección que todo el mundo lee en la revista. Porque es la sección que habla de revistas que aparecen, de polémicas, de declaraciones, en fin, es una sección miscelánea como suelen ser, como suelen existir en tantísimas revistas.

Sabemos que Casa de las Américas es una publicación que mira hacia toda América Latina, y que su proyección ocurre a partir del marco histórico y cultural de la revolución cubana. Sin embargo, ¿no sería una paradoja el hecho de que los escritores cubanos no tuvieran un espacio considerable (tanto cuantitativa como cualitativamente) dentro de la revista, especialmente si tenemos en cuenta que sobre ellos pesaba, en buena medida, la responsabilidad de construir una poética revolucionaria?

En realidad la revista Casa es posiblemente el área, o una de las áreas, en que sigue siendo más visible la presencia de cubanos, porque si se piensa, por ejemplo, en la galería (ahora son varias) de artes plásticas, se verá que la presencia cubana es menor allí. No es un fenómeno que atañe a la revista, sino a la institución toda. Que la institución ha pensado que Cuba era y es sólo una parte de la América Latina y el Caribe, y que por lo tanto había que dar espacio a otras zonas, sobre todo a zonas que habían tenido poca presencia en Cuba, y era justo que tuvieran mayor presencia a partir de la creación de la Casa de las Américas. Yo suelo decir, en broma, pero ya se sabe que las bromas son avanzadillas de la verdad, que el único lugar en Cuba donde ser cubano está lejos de ser un privilegio es la Casa de las Américas. De hecho, por ejemplo, los escritores cubanos que trabajamos en la Casa de las Américas raras veces publicamos nuestros libros en la Casa de las Américas, publicamos en otras editoriales del país. Así que comparativamente, a pesar de esto que tú dices y que es cierto, sin embargo la revista Casa es el área donde hay más presencia cubana, en comparación con otras áreas de la Casa.

La revista Mundo Nuevo fue criticada, entre otras cosas, por el hecho de promover la obra de autores cubanos que habían roto sus vínculos políticos con la isla, como Guillermo Cabrera Infante y Severo Sarduy. Pero también aparecen José Lezama Lima y Reinaldo Arenas, o ya en la segunda etapa de la revista, los poetas de El Puente. ¿Cuál es su opinión sobre el recorte de la literatura cubana que hace Mundo Nuevo?

Que yo recuerde Lezama no mandó textos a Mundo Nuevo, aunque es posible que se haya publicado algún texto tomado de otra parte. Y Reinaldo Arenas, que fue un gran escritor comparable por lo menos a los que se han mencionado, o sea, a Cabrera Infante y a Sarduy, si no más. Yo creo que Reinaldo Arenas tenía un extraordinario talento literario, tan grande como su demonismo personal. No era precisamente afín a la revolución cubana, o sea, que se puede homologar a los casos ya mencionados.

Hubo una abstención, una falta de presencia de escritores cubanos en Mundo Nuevo por considerarla una revista que había sido proyectada y creada desde una perspectiva hostil a la revolución cubana, cosa sobre la que me había advertido muy tempranamente Ángel Rama, cuando en enero de 1965 en Génova una institución que ya no existe que se llamó Columbianum organizó un famoso congreso de escritores latinoamericanos junto con otros congresos; había también escritores europeos, había también cineastas en eventos paralelos. Cuando se celebró este congreso, recuerdo que Emir Rodríguez Monegal nos invitó a almorzar o a cenar a Cintio Vitier y a mí para hablarnos del proyecto de la revista. Yo no sabía nada sobre el particular, yo apreciaba la obra crítica de Emir Rodríguez Monegal, recordaba haber leído en la revista Número, una excelente revista uruguaya, algunos trabajos realmente buenos de él; recuerdo uno: “Borges, teoría y práctica”, un gran ensayo sobre Borges; había leído su libro El juicio de los parricidas, o sea, tenía una impresión positiva. Desconocía las malas relaciones entre él y Rama, no estaba al tanto de los detalles. Después de este almuerzo o cena Rama, enterado de ello, me desmintió sobre –podemos decir contra– Emir, un poco para mi sorpresa, repito, pues yo desconocía las malas relaciones, que no eran sólo malas relaciones personales, sino también de orientación ideológica. Y así fue que vine a tener una idea de lo que era el proyecto de esa revista.

Y no se había publicado todavía la revista, si no estoy equivocado, porque han pasado muchos años, cuando ya algunas publicaciones como The New York Times y The Observer, que no son precisamente publicaciones de izquierda revelaron que el Congreso por la Libertad de la Cultura, que era la institución que aparecía patrocinando Mundo Nuevo, era una fachada cultural de la CIA. De manera que cuando Emir me escribe, como debe haberle escrito a centenares de escritores pidiendo colaboración para la revista y diciendo que va a estar vinculada al Congreso por la Libertad de la Cultura, pues yo le respondo que independientemente de lo que pueda ser su buena voluntad, de la que no tenía porqué dudar, en si una revista que fuese publicada por el Congreso por la Libertad de la Cultura pues sería realmente un nuevo instrumento de la CIA. La revista fue precedida por otra que se llamó Cuadernos, pero Mundo Nuevo renovó el equipo, renovó la perspectiva, logró textos de indudable calidad literaria, pero eso no le restaba carácter a la orientación política con la cual había sido originalmente creada.

Teniendo en consideración que una década atrás usted ha “revisitado” su ensayo Calibán tratando de devolverlo al contexto en que fue producido, iluminado por las transformaciones ideológicas y estéticas del presente global: a la luz de hoy, ¿qué cree usted que se podría rescatar de positivo en Casa de las Américas y Mundo Nuevo por separado, y al mismo tiempo, qué consideraciones podría hacer sobre la polémica entre ellas?

Yo me he pasado buena parte de mi vida revisitando Calibán, al punto de que ya no le llamo Calibán, le llamo “Caliban”; ha pasado a ser una palabra llana, porque es anagrama de caníbal. Calibán es un galicismo, pues en francés se dice cannibale, por eso se dice calibán. En inglés, que es la lengua en la que se introduce el personaje, Shakespeare le llama Caliban, porque en inglés se dice cannibal. Así que soy muy visitador del ensayo.

En cuanto a qué veo de actualidad, pues no se puede ser juez y parte, como dice el proverbio, por tanto no voy a opinar sobre la revista Casa de las Américas, sería absurdo que yo opinara. En cuanto a Mundo Nuevo, lo que indudablemente es salvable son muchos textos literarios tomados en sí mismos, textos de indudable alta calidad. Lo que ocurre es que una revista, no sólo Casa de las Américas y Mundo Nuevo sino cualquier revista, no es una suma de textos, sino es un perfil, un diseño, un punto de vista en el cual se insertan los textos. Si hoy en día con la distancia veo aspectos positivos en Mundo Nuevo debo decir que ya los veía positivos en el momento mismo de la polémica, por árida que fuera. Y se trata, repito, de ciertos textos literarios, no todos, de ciertos textos literarios tomados en sí mismos. Y me sigue pareciendo, en cambio, negativo el proyecto, el propósito, el perfil, la razón de ser misma de la revista que por desgracia ha vuelto a encenderse, porque la CIA existe, porque el imperialismo es ahora más poderoso que nunca antes, si bien soy de los que creen que tiene razón Samir Amin cuando en un ensayo reciente habla de “el capitalismo senil”, pero la senilidad no quiere decir que el capitalismo vaya a morir mañana; sencillamente quiere decir que como todo en la historia es pasajero; está herido de muerte, pero un dinosaurio herido de muerte no es lo más alegre de ver en la tierra. Bueno, sigue existiendo el proyecto de crear revistas culturales auspiciadas por la CIA que son en cierta forma continuadoras de Mundo Nuevo y según mi modesto criterio de textos literarios inferiores a los de Mundo Nuevo, que publicó, por ejemplo, páginas de Cien años de soledad.

¿Puede citar un caso concreto de revistas que actualmente son financiadas por la CIA?

Revistas financiadas hoy por la CIA, si no directamente, por lo que se han llamado las “tapaderas” de la CIA como la revista Encuentro que se publica en Madrid y que es una revista esencialmente subvencionada por tapaderas de la CIA. En ese sentido, pues se emparienta con la revista Mundo Nuevo pero, vuelvo a decir, no creo en lo absoluto que disponga de textos literarios en general de la calidad de los que llegó a tener Mundo Nuevo. No hay que olvidar que Emir Rodríguez Monegal que era un hombre más bien de derecha era un gran crítico literario, cosa que fue siempre reconocida. Es más, cuando la revista sale de las manos de Emir Rodríguez Monegal va a parar a otras manos que ni siquiera recuerdo quiénes son, porque lo que merecen es el olvido, y disminuye la calidad literaria. Ya carece de importancia, ya termina la polémica. Se polemiza con Mundo Nuevo porque era una revista importante, porque Emir era un crítico importante, y eso es lo que le daba razón de ser a la polémica. No se polemiza con las hormigas.

La distribución de Casa de las Américas y Mundo Nuevo en el campo de las ideas podría ser considerada diametralmente opuesta. Durante los cinco años de “convivencia” con Mundo Nuevo, la revista cubana fue mucho más representativa de las expectativas intelectuales latinoamericanistas, teniendo como ventaja el hecho de haber sido fundada en una época en que el intelectual legítimo era el de izquierda. Sin embargo, la lista de colaboradores indica que la circulación de voces no estuvo restringida a valoraciones estrictamente políticas; esto se observa muy especialmente en la “recuperación” o “apropiación” de figuras centrales del pensamiento estético y político de América Latina, como Rubén Darío y Ezequiel Martínez Estrada. ¿Hasta qué punto esto insertaría (o no) ambas revistas en una misma tradición? ¿Cuál cree usted que sería la mayor diferencia, así como la mayor similitud, entre los métodos interpretativos utilizados por las dos publicaciones para “leer” el pensamiento y la obra de estos escritores?


Eso no es una pregunta, es la incitación a un curso que me gustaría quizás dar de tantas preguntas. Voy a decir de paso que ya recordé cómo se llama la institución estadounidense, se llama National Endowment for Democracy, que no hay que confundir con National Endowment for the Arts, que es una institución prestigiosa que ayuda a muchas empresas culturales nobles. National Endowment for Democracy es una institución creada, según el propio New York Times –vuelvo a citarlo como ejemplo de publicación nada de izquierda– como una pantalla de la CIA, y es la que fundamentalmente financia Encuentro. Tengo entendido que también la Fundación Ford hace algo en ese sentido, y también lo hizo para Mundo Nuevo.

También quiero mencionar puesto que hablé de García Márquez y de páginas de Cien años de soledad aparecidas en Mundo Nuevo, que tan pronto se hizo patente que Mundo Nuevo tenía sus turbios orígenes y sus turbios fines, sea cual fuere el criterio particular del director, García Márquez se dirigió a la revista impugnándola, pero esa carta no fue publicada nunca.

En cuanto a si estas revistas formaban parte de algo común es indudable. No se puede discutir con algo que no está en el mismo ámbito en que se encuentra uno, yo no puedo discutir con alguien cuyo idioma desconozco, o no puedo discutir con alguien del siglo dieciocho; hace falta que estemos en la misma época y en cierta forma con algunos lenguajes comunes para que se pueda discutir. Y Mundo Nuevo pues cumplía perfectamente esas exigencias, es decir, ocurría en nuestra época, contaba con algunos escritores buenos, incluso con escritores amigos. En ambas revistas se rindieron homenaje de distinta naturaleza a Darío y Martínez Estrada. Lo de Darío es obvio, es el padre de la poesía moderna de lengua española, no sólo de Hispanoamérica sino de España. Si no estoy equivocado, en el caso de Martínez Estrada se trató de un texto de César Fernández Moreno, y César Fernández Moreno fue un ejemplo magnífico de enlace de ambas revistas, porque César, a quien creo que Emir le había ofrecido la secretaría de redacción de la revista, era muy amigo de Emir y era muy amigo mío, y era un hombre con una capacidad de conservar relaciones con personas que entre si no tenían los mejores vínculos, verdaderamente excepcional y digno de todo encomio. Él colaboraba en las dos revistas, creo que con satisfacción de ambos. Y he contado una anécdota que voy a volver a contar ahora, que es muy graciosa: en una ocasión yo pasé por París y por equis razón tuve que ir a dormir a casa de César, que tenía un apartamento allí. Dormí esa noche y por la mañana me dijo César: “has dormido en la misma cama donde hace poco ha dormido Emir Rodríguez Monegal”. Y le dije: “realmente has nacido para la diplomacia”. No se trataba de que tuviésemos una relación primitiva, era una discusión yo diría de alto nivel. Las discusiones a veces se salen un poco de los mejores modales, pero tratamos de que no ocurriera eso, de manera que hoy en día pudiéramos leer esa polémica con bastante altura. Ambos dijimos cosas que quizás no debimos haber dicho, en fin, es natural. Por ejemplo, Emir se volvió contra mi Calibán y dijo algunas cosas que salieron sobrando, pero sin embargo él mismo se preocupó por el personaje, y hasta llegó a dar un curso sobre Calibán. Entonces yo, para molestarlo, decía que eso era un homenaje que me estaba rindiendo. Hizo antologías de poesía, por ejemplo, donde me excluía. En fin, son cosas naturales de las polémicas.

Yo vuelvo sobre el particular porque es un punto que me interesa mucho: texto a texto, habría textos importantes en las dos revistas. Pero una revista no es una suma mecánica de textos, de tal manera que hay revistas que tienen textos muy buenos y las revistas son malas, porque la revista no es la suma de los textos; la revista es un diseño, un perfil, un propósito, y en este sentido es que Mundo Nuevo era negativa, no en el sentido necesariamente de sus textos. Desde luego, había también una concepción de la literatura que se quiso imponer, una ahistorización de la literatura que tenía mucho que ver con el ambiente histórico propio de un momento de esperanza revolucionaria. No hay que olvidar que en esa época vivía el Che Guevara, había guerrillas en el continente, había muchas esperanzas de transformación revolucionaria. Por lo tanto, subrayar la ahistorización de la literatura era una manera no muy sutil que digamos de impugnar esa esperanza revolucionaria. Subrayar además en exceso el aspecto solamente formal de la literatura siempre me ha parecido mal, me sigue pareciendo mal ahora también. Yo creo que tan idiota es lo que se ha llamado el contenidismo (creo que el término es de origen italiano) en el acercamiento a la literatura que sería absurdo, como ignorar que la literatura tiene una carnalidad que no se agota en su aspecto digamos formal. Pienso en un autor como Borges, por ejemplo. A Borges nunca le satisfizo las interpretaciones que ponían de lado lo que pudiéramos llamar el aspecto vital de la obra de Borges, que para mí es tan importante, y menciono el caso de Borges porque es casi un caso extremo. No es necesario que mencione a Vallejo, o a Neruda, Carpentier, etc.

Había dos concepciones de la literatura: una concepción de la literatura que respetando la autonomía de la literatura, porque sin ello la discusión no tiene sentido, sin embargo no eludía los vínculos históricos de la obra literaria, y otra concepción en que se subrayaba la ahistoricidad de la literatura. La primera podría ser grosso modo la de Casa de las Américas, la segunda podría ser grosso modo la de Mundo Nuevo y, desde luego, con muchas matizaciones en ambos casos, no trato de simplificar las cosas.

Decía San Agustín: oportet haereses, “es importante que haya herejes”. Fue estimulante que existiera Mundo Nuevo para nosotros, nuestra vida hubiera sido más pobre si no hubiéramos tenido la polémica que tuvimos con Mundo Nuevo. Además, no se trata ahora de deplorar el pasado. Yo soy un citador sin remedio, algunos maliciosos han dicho que yo he hecho de la Casa de las Américas una casa de citas. Voy a citar a Muset con su famoso verso: “en passé pourquoi rien changer”. Bueno, las cosas fueron como fueron, es absurdo deplorar ahora que haya sido así. Lo único que me sigue pareciendo censurable (no es la palabra que más me gusta) en Mundo Nuevo no son sus textos literarios, que los hay de toda naturaleza como en toda revista, sino, repito, la intención con que fue creada, y esa intención sale de las manos de Emir Rodríguez Monegal. No fue Emir Rodríguez Monegal quien la creó, él fue el director, pero él no fue el inventor, el hacedor, el que proyectó esa revista, y en este sentido, repito, sigo encontrando censurable la razón por la que se creó la revista. Razón sobre la que me advirtió Ángel Rama personalmente y después por escrito. Yo he escrito un trabajo que se llama “Ángel Rama y la Casa de las Américas” donde cito cartas de Ángel que era un hombre, como se sabe, muy valioso, muy rebelde, nada convencional, y que vio muy claramente el propósito avieso porque había sido creada la revista. Esto era un punto importante, que no creo que deba minimizarse, porque entiendo que Ángel Rama pagó duramente esa posición que mantuvo. No hay que olvidar que Ángel Rama fue excluido de los Estados Unidos por una onda neomarcarthista. Finalmente murió fuera de los Estados Unidos, vivía entonces en París, donde lo visité. Y murió como sabemos en un terrible accidente, este hombre que era el crítico mayor de mi generación, y yo creo que algo y mucho tuvo que ver con esa exclusión suya, con esa expulsión de los Estados Unidos –no se le permitió volver a dar clases en los Estados Unidos– el haber mantenido esa posición antiimperialista a propósito de Mundo Nuevo, lucha que él encabezó y en la que yo lo acompañé. Yo no soy el padre de la criatura, en todo caso soy el tío de la criatura.

¿Usted cree que habría el dedo de Emir Rodríguez Monegal en los Estados Unidos para excluir a Rama?


No. Emir Rodríguez Monegal fue sencillamente un instrumento, y creo que no es el dedo de Emir Rodríguez Monegal, es el dedo que estaba detrás de Emir Rodríguez Monegal. Y desgraciadamente hubo determinados escritores que intervinieron en ello, y esto está bien explicado en un artículo que publicó Jorge Rufinelli en la revista Texto Crítico, a propósito del triste caso de la expulsión de Ángel de los Estados Unidos. Él habla de la intervención de algunos escritores y según me parece recordar no menciona a Emir Rodríguez Monegal. Si me pregunta usted, y esto es una conjetura, no creo que Emir hubiera hecho eso. Creo que Emir escribió algunas majaderías en las cartas que se han publicado después, sin embargo era un caballero, y no hubiera hecho una cosa de esa naturaleza. Pero repito, Emir no era el que decidía en estas cosas, él era sólo el director.

São Paulo – La Habana, enero de 2003


El cuestionario fue preparado por Idalia Morejón Arnaiz en São Paulo y presentado a Roberto Fernández Retamar por la profesora Irlemar Chiampi, quien durante la conversación con el director de Casa de las Américas añadió las preguntas 6 y 8.

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