
Tropicalismo
y Grupo de Experimentación
Sonora del ICAIC: armonías y disonancias
Mariana Martins Villaça
Primer movimiento: algunas notas sobre el Tropicalismo
Tras el aniversario treinta del Tropicalismo, en 1998, se produjeron
en Brasil numerosas reflexiones y publicaciones de las memorias acerca
de ese movimiento plural y polémico, que produjo en su época
un tremendo impacto en la música popular - así como
en el teatro, el cine y las artes plásticas. Una cierta ola
tropicalista también se desencadenó en los Estados
Unidos, como resultado del "descubrimiento", por parte
de aquel mercado, de músicos como Caetano Veloso y Tom Zé(1) .
Este momento de "revival" del Tropicalismo fue bastante
favorable para volver sobre su historia, sus influencias en otros
países –como es el caso de Cuba, más específicamente
del Grupo de Experimentación Sonora- y la discusión
de su contribución estética y de las cuestiones de
carácter político y artístico que engendró.
Unos años antes de la eclosión del movimiento en 1968, los músicos
Caetano Veloso y Gilberto Gil se destacaron en el III Festival de Música
Popular Brasileña (auspiciado por la TV Record) al presentar composiciones(2)
que discordaban mucho del resto de las que participaban en el certamen, además
de no ajustarse a ninguna de las tendencias entonces existentes, como la “bossa
nova”, la “samba”, el “ye-ye-ye” y la canción
protesta. En este momento todavía no se hablaba del Tropicalismo: los
músicos en cuestión describían su obra como “sonido
libre” o “sonido universal” y sus canciones traían novedades
como la fusión de instrumentos (acústicos, eléctricos, regionales),
de géneros musicales (mezcla de ritmos nacionales e internacionales como
el “baião” y el rock), letras y arreglos poco convencionales,
muy bien elaborados, y la utilización de ruidos, efectos sonoros y amplios
recursos de estudio en las grabaciones.
Los maestros Rogério Duprat y Júlio Medaglia, principales artífices
de los arreglos renovadores de las canciones tropicalistas, habían participado
en el grupo Música Nova, el cual, ya en 1963, proponía a los compositores
brasileños la “relectura del pasado como combustible del futuro”(3),
la experimentación de nuevos timbres, la incorporación de técnicas
vanguardistas de la música erudita (como el serialismo, la música
concreta y aleatoria) y la explotación intensa de la sonoridad. El peso
de la actuación de estos maestros, mano a mano con los músicos
tropicalistas, es comparable en importancia a la intervención de Leo Brouwer
en el Grupo de Experimentación Sonora o a la del productor George Martin
en las grabaciones de los álbumes de los Beatles.
Duprat, el maestro que más tiempo trabajó con el grupo tropicalista,
fue responsable por los arreglos del disco, el cual se convirtió en la
principal producción musical del movimiento: Tropicália o Panis
et Circencis, lanzado en 1968 y planeado como un concept album, es decir, un
disco en el cual todas las piezas se encadenaban y los temas se interrelacionaban,
asociados a una “idea central” –de modo parecido a lo que realizaron
los Beatles en Sgt. Pepper´s Lonely Hearts Club Band, el cual marcó la
música pop en 1967.(4)
En el movimiento y en el LP Tropicália participaron, además del
maestro Duprat, Caetano Veloso, Gilberto Gil, Gal Costa, Tom Zé, Capinam,
Torquato Neto, Nara Leão y el grupo de rock Mutantes, que solía
hacer interesantes relecturas de grandes éxitos de los Beatles. Mediante
canciones ricas en referencias y reverencias al pasado musical y los contrastes
del Brasil (“erudito” y “kitsch”, urbano y rural, entre
el atraso y el desarrollo, entre la concentración de la renta y la miseria,
etc.), los tropicalistas urdían una alegoría del país, mostrando
los problemas de la época, las contradicciones político-sociales
latentes y los diversos aspectos de una identidad muy marcada por la visión
extranjera: el arquetipo de un país subdesarrollado y tropical.
La importancia del movimiento en el plano musical puede ser comprendida a partir
de la renovación que representó su LP – manifiesto Tropicália,
habida cuenta de que las canciones desafiaban las convenciones musicales predominantes
y no se adherían a la temática común de la “canción
protesta”, en boga entre las preferencias del público estudiantil.
La “protesta” del Tropicalismo no era explícita: las letras
de las canciones eran enigmáticas, repletas de citas y metáforas,
y las canciones sonaban atrevidas y raras por mezclar timbres, estilos y géneros
de diversas épocas y procedencias.
Tales innovaciones incomodaban a una buena parte del público brasileño
que, teniendo en cuenta el momento político por el que pasaba el país(5), se identificaba con la concepción del arte defendida por las organizaciones
de izquierda, que no aprobaban la manera un tanto confusa y poco nacionalista
de los tropicalistas, a la hora de expresarse musicalmente o manifestar sus opiniones.
La reprobación se extendía también a las formas chocantes
y provocativas de presentación de los músicos: pelo largos y desgreñado,
atuendos que combinaban las modas hippies y los tejidos sintéticos, bisutería
escandalosa y prendas cursi. Además, el comportamiento insólito
en la escena, con gritos, gestos grotescos, movimientos sensuales y la manera
poco convencional de cantar, jugando con los timbres, estilos y alturas, escandalizaban
a los espectadores más tradicionales o defensores del arte comprometido
destinado al gusto popular.
A pesar de esto, y en parte como resultado de la intervención de los medios
masivos de comunicación –que aprovecharon rápidamente la
posibilidad de explotar esta novedad en el mercado-, el Tropicalismo alcanzó una
gran popularidad y pudo contar con un programa semanal en la televisión(6). En este programa, que obtuvo considerables índices de teleaudiencia,
los músicos presentadores frecuentemente simulaban banquetes, orgías,
estados de transe y otras escenas fuertes como una –que sería la última
del programa- en la que Caetano Veloso protesta al cantar una conocida canción
de Navidad, apuntando un arma contra su propia cabeza. Los militares reaccionaron
a las provocaciones y escandalosas actuaciones tropicalistas apresando a Gilberto
Gil y a Caetano Veloso, después del decreto del AI-5 en diciembre de 1968.
Después de algunos meses en prisión, los músicos, sin otra
alternativa, partieron hacia el exilio(7), y a mediados del año siguiente
(1969), en cuanto movimiento el Tropicalismo llegó a su fin.
Sin embargo, el fenómeno Tropicalismo ya estaba consolidado, y sus proposiciones
habían afectado no solamente el universo musical, sino el teatro, las
artes plásticas y el cine brasileño en aquel período.
El campo de la plástica es responsable por el tema “tropicália”,
concepto y nombre de una ambientación (8) de Hélio Oiticia, que sería
usado por Caetano Veloso en una de sus canciones, bautizaría el LP Manifiesto y, al cabo, al propio movimiento. La joven generación de artistas plásticos
de los años sesenta valorizaba el arte colectivo, marcado por el tono
de denuncia(9), en tanto éste explotaba formas que propiciaban la participación
del público en las exposiciones. Bastante influenciados por el pop art norteamericano, el op art y los nuevos estilos del realismo europeo, artistas
como Lígia Clark, Rubens Gerchman y Hélio Oiticica buscaban concepciones
estéticas originales para transmitir sus opiniones y son la faz tropicalista
en la artes brasileñas.
La obra de Oiticica y la canción de Caetano, según algunos periodistas
e intelectuales, tenían algo en común, desde el punto de vista
estético, con el trabajo desarrollado por el grupo teatral Oficina (Taller).
Este grupo, dirigido por José Celso Martínez Corrêa, escenificó en
1967 una polémica versión de la pieza O rei da vela (10), cuya estructura
era una suerte de collage del lenguaje del circo, del teatro de revista y de
la ópera bufa, usados en un montaje bastante provocador, con la intención
explícita de dejar en shock al público, hacerlo abrir los ojos
a la realidad y propiciar que cambiase su comportamiento.
Otro segmento innovador en las artes de aquel período fue el Cinema Novo,
movimiento cuya figura principal, el cineasta Glauber Rocha, proponía
la denuncia de la realidad brasileña en alianza con un nuevo lenguaje
cinematográfico, diferente de la estética de Hollywood o del didactismo
de algunos cineastas asociados a los Centros Populares de Cultura de la Unión
Nacional de Estudiantes(11). “Una cámara en la mano y una idea en la
cabeza” fue la actitud estética que presidió la producción
del filme Terra em transe, lanzado en abril de 1967, el cual se convirtió en
una importante referencia estética en el campo cultural y habría
de ser recordado, posteriormente, como fuente de inspiración de los tropicalistas(12)
y del nuevo cine latinoamericano. Cabe destacar que Glauber, dotado de ideas
muy personales y enemigo de los rótulos, nunca se consideró un “tropicalista”,
a diferencia de José Celso, Oiticica y otros artistas e intelectuales
brasileños, quienes se entusiasmaron con la posibilidad de que un movimiento
musical sintetizase las aspiraciones de las vanguardias del medio artístico
brasileño.
Con el aval de los medios de comunicación de masas, el Tropicalismo pasó a
ser reconocido históricamente como un(13) movimiento estético-cultural
fundamental en Brasil, englobando diversas propuestas de renovación de
la forma y el contenido en las artes plásticas, el cine, el teatro y la
música popular. A finales de los sesenta, la idea de un movimiento amplio
(que, sin embargo, sería mejor definir como una reunión de tendencias
próximas en ciertos aspectos estéticos, pero con rasgos singulares
cada una) fue aplaudida por un sector de la crítica y de la intelectualidad
identificada con la utopía del surgimiento de una vanguardia artística única,
aunque también conquistó el rechazo de un grupo que condenaba la
inserción del Tropicalismo en el mercado y su estética provocadora,
considerada “importada” debido a los elementos extranjeros que incorporó.
A lo largo de las décadas del setenta y del ochenta el Tropicalismo fue
objeto de numerosos análisis que pretendían discutir su legado
y la relación entre su estética y el panorama político de
los años sesenta. Las obras principales fueron escritas después
de la publicación de una crítica bastante contundente, en 1969,
por Roberto Schwarz(14), quien afirmaba que la “fragmentación”,
característica básica del procedimiento estético del Tropicalismo,
había conducido a la anulación de la crítica política
y se había convertido en una estrategia formal “paralizante”,
que no pasaba de los cercos de la propia clase media intelectualizada. Entre
las obras que trataron de responder a esta crítica y mostrar el carácter
revolucionario del movimiento, desde el punto de vista estético y conductual,
tienen especial relieve las de Celso Favaretto(15)y Heloísa Buarque de Hollanda(16).
Favaretto trató de interpretar su estética a partir del concepto
benjaminiano de “alegoría”, considerando al Tropicalismo un
fenómeno típico de la modernidad, en el cual la representación
del mundo se daría de forma fragmentaria y plural, hallándose justamente
en esa fragmentación la posibilidad de la crítica a la realidad.
No muy lejos de dicha concepción, para Heloisa Buarque de Hollanda, el
Tropicalismo fue un movimiento que sintetizó una crisis provocada por
el cuestionamiento de las ideologías y los lenguajes de la modernidad,
destacando su contribución con la formulación de una nueva “actitud” estética
y conductual, que comenzó a ser una referencia en el ámbito de
la cultura nacional.
Segundo movimiento: los acordes del Grupo de Experimentación Sonora
La fuerza del movimiento tropicalista llegó a Cuba, poco tiempo antes
del llamado “quinquenio gris” y dejó huellas en la producción
musical, principalmente en la del Grupo de Experimentación Sonora en su
primera fase (1969 y 1972), es decir, antes de la institucionalización
del Movimiento de la Nueva Trova.
El Grupo de Experimentación Sonora del ICAIC, que existió hasta
1976, fue gestado después de un viaje de Alfredo Guevara a Brasil. Según
Silvio Rodríguez, “él [Guevara] quedó impresionado
con el movimiento llamado Tropicalismo, del que surgen figuras como Chico Buarque,
Caetano Veloso, Gilberto Gil y muchos otros...”(17). Guillermo Vilar confirma
esto: “(...) a finales de la década del sesenta, Alfredo Guevara
regresa de Brasil, impresionado por la incidencia de la nueva canción
brasileña entre la juventud. En su condición de director del ICAIC,
decide propiciar la formación de un grupo que permitiera crear la música
apropiada para la joven industria cinematográfica, a la vez de coadyuvar
directamente en el desarrollo de nuestra música popular”(18). Por último,
Leonardo Acosta destaca: “nuestro grupo se plantearía una renovación
similar [a aquella que ocurrió en Brasil] de la música cubana partiendo
de nuestras propias raíces y aprovechando todo aquello que pudiera enriquecerla:
nueva trova, jazz, rock, samba, nuevas técnicas electrónicas y
de grabación y músicas como la barroca o hasta la hindú...”(19).
El enrolamiento de la juventud brasileña en la música popular,
que tanto impresionó a Guevara, era sentido también a través
de la industria fonográfica (en franca expansión en ese sector,
en Brasil), de los medios de comunicación (como los numeroso festivales
y programas musicales en la televisión) La juventud cubana necesitaba
de la renovación de un movimiento musical que revigorase su mobilización,
y el ICAIC pasa a ser el espacio para eso. Además, el ejemplo de las bandas
sonoras del Cinema Novo brasileño era también estimulante: Glauber
Rocha, cineasta con quien Guevara se correspondía desde inicios de los
sesenta (y que vivió en Cuba bajo los auspicios del ICAIC en los años
1971 y 1972), incorporaba en sus películas a la música brasilera
de forma intensa y en toda su diversidad. Para Guevara, la creación del
GES posibilitaría incorporar buena música popular cubana en las
películas del ICAIC y, por ende, mejorar su calidad fílmica.
Para(20) formar el grupo, en abril de 1969, Guevara invitó a Leo Brouwer para
que fuera el director musical y seleccionador de sus componentes. Fueron escogidos
jóvenes compositores e instrumentistas (21), muchos identificados con géneros
extranjeros o poco adecuados al nuevo contexto cubano (rock, jazz, filin, etc).
En el caso de Silvio Rodríguez y Noel Nicola, cancionistas, la presencia
de ambigüedades en sus letras conllevaba a que fuesen considerados “sospechosos” y
censurados en los medios de comunicación. El ICAIC, a través de
una especie de patronato emprendido por Alfredo Guevara, pasaba entonces a financiar
y a “proteger” jóvenes talentos, apostando por el desarrollo
de una música que rebasara los cánones de la canción protesta
tradicional, que ya venía repitiéndose a través de fórmulas
fáciles.
Entre tales géneros y tendencias, la música brasileña, especialmente
el tropicalismo, constaba como una de las líneas de estudio organizadas
por Leo Brouwer para perfeccionar la formación de los músicos de
GES, y enfocaba particularmente el procedimiento de los compositores brasileños
al “captar lo folclórico y tradicional con nuevos timbres”(22).
En el GES, además del Tropicalismo, Brouwer incentivaba el contacto con
la música de vanguardia, la llamada Nueva Música, ya presente en
las actividades de la Sociedad Cultural Nuestro tiempo en los años 50,
dirigida por el maestro Harold Gramatges. A despecho de los preceptos del realismo
socialista, y las recomendaciones hechas por José Antonio Portuondo, de
que los músicos compusieran obras accesibles para las masas, la música
de vanguardia continuó siendo producida en Cuba y tolerada por el gobierno,
toda vez que esta también existía en países socialistas.
Sin embargo, la aceptación de obras identificadas con la Nueva Música
estuvo condicionada, cada vez más, a su dedicación en eventos conmemorativos
de la Revolución, para que no hubiese duda en relación con su carácter
comprometido. De esa forma, Juan Blanco y Leo Brouwer realizaron una serie de
composiciones dedicadas a actos políticos, como la celebración
del XIII Aniversario del Movimiento 26 de Julio, en 1966, para la cual fue compuesta
Conmutaciones, de la autoría de este último.
La colaboración de los profesionales de la música contemporánea
cubana con el ICAIC se puede notar en las bandas sonoras de las películas
y en las clases recibidas por los integrantes del GES. José Ardevol, Juan
Blanco, Héctor Angulo, Carlos Fariñas, Harold Gramatges, Leo Brouwer
y otros nombres como Sergio Vitier, Roberto Valera, Juan Márquez tuvieron
un papel importante en la aproximación de la música popular y la
culta, uno de los rasgos que caracterizó la producción del GES.
Tanto los músicos tropicalistas como los integrantes de GES buscaron incorporar,
cada cual a su modo, elementos sonoros como el ruido, efectos electroacústicos,
pluritonalismo, combinación atípica de instrumentos, estilos y
géneros, lo que derivó en el desarrollo de procedimientos estéticos
calcados del “experimentalismo de la sonoridad”. Ambos grupos contaron
con la orientación y la participación directa de maestros de formación
erudita, con dominio de los lenguajes vanguardistas y actualizados en relación
con la producción internacional de la época, de la canción
protesta a los Beatles.
En relación con el grupo inglés es posible percibir elementos de
común influencia en los dos casos, como serían la mezcla de instrumentos
orquestales con instrumentos de big-band y rock y timbres de sintetizadores;
el aprovechamiento contrapuntístico de las diferentes secciones de la
orquesta y la incorporación de sonidos incidentales, todos visibles en
los arreglos de Duprat y en las direcciones musicales de Leo Brouwer.
Caetano Veloso enfatiza la importancia de su contacto con el “experimentalismo
ostensivo” del disco Sgt. Pepper´s y señala letras tropicalistas
que tendrían clara inspiración en el efecto de “sound track”,
frecuentemente utilizado por la banda. Además de la instrumentación
y de la naturaleza de los arreglos, el propio layout de las portadas de los discos
y el vestuario de los músicos revelan la influencia del grupo inglés.
En el ámbito específico de GES, la influencia de los Beatles (cuya
música estaba prohibida en aquella época en Cuba, pero era una
de las líneas de estudio del GES) se da principalmente en el proceso de
composición, como nos muestra Guillermo Villar: “(...) otro aporte
significativo de Brouwer es el llamado montaje analítico, que en opinión
de los especialistas es la mayor influencia de los Beatles en la música
contemporánea, lo que le permite al GES aplicar el mismo sistema de estructura.
En este montaje analítico -explica Brouwer- los Beatles montan una pieza
y analizan el trabajo realizado, después mezclan y desarrollan hasta llegar
a un concepto de perfección final”(23).
Tropicalismo y Beatles tenían en común el enorme aprovechamiento
de collages de elementos sonoros, mixtura de géneros, énfasis en
el carácter poético y alegórico de las letras (que garantizan
la posibilidad de multiinterpretaciones y dobles sentidos), incorporación
de sonidos incidentales y otros recursos que presuponen la utilización
de técnicas modernas de grabación, prácticamente inexistentes
en Cuba, un hecho que las hacía más atractivas aún para
los músicos que podían contar con los estudios del ICAIC. La incorporación
de la grabación en multicanales, los efectos como eco, la distorsión,
la ecualización o la superposición de grabaciones, aunque de manera
improvisada, atendía a la búsqueda del aprovechamiento total de
las posibilidades sonoras ya presente en las bandas de “rock progresivo” y
en La Nueva Música.
El ICAIC garantizó a los músicos del GES un espacio que, aunque
controlado, en aquel momento, les era negado en la radio y en la televisión.
El saldo fue una producción colectiva especialmente efervescente en el
periodo de la dirección de Brouwer (1969 a 1973), que produjo una variada
serie de bandas sonoras, compuestas en diferentes géneros, y una cantidad
aún mayor de canciones, en colaboración o individuales, que tuvieron
una trayectoria independiente del cine, y no raras veces, presentaban críticas
indirectas al gobierno cubano. La creación de canciones generada por la
convivencia propiciada por el GES fue canalizada por el gobierno que, en 1972,
reconoció un nuevo estilo musical –la nueva trova– y fundó oficialmente
el MNT, Movimiento de la Nueva Trova, desplazando a algunos miembros del GES
para que actuaran en la difusión política de este estilo, con el
propósito de vehicular las “ideas revolucionarias” y de conquistar
jóvenes aficionados de la música para las filas de la UJC(24).
La aceptación del rótulo “nueva trova”, a principio
cuestionado pero después aceptado por los músicos del GES y luego
asumido como el estilo musical de la Revolución, atendía a la necesidad
de incorporación al sistema de difusión, una vez que “trova” remetía
a una tradición nacional y “nueva” confería el sentido “revolucionario” tan
caro en aquel contexto de los sesenta. El gobierno, por su lado, resolvía
de esa manera el problema del surgimiento de una forma de canción poco
adecuada a los parámetros políticos(25, pero que ya tenía
la simpatía del público.
El Tropicalismo y el GES tuvieron un papel fundamental en el proceso de transformación
de los modelos estéticos de la canción popular en América
Latina, a raíz de una serie de transformaciones introducidas por composiciones
y arreglos bastante inventivos y bien elaborados que fueron referencia incontestable
en cada uno de los países. Las dos expresiones fueron tildadas de “extranjerizantes”,
ejercieron lo que llamamos “experimentalismo engajado” (experimentalismo
comprometido) y luego fueron transformadas en formas de identidad de la música
popular, en Cuba y en Brasil. La historia del GES merece todavía muchos
estudios una vez que el grupo, influenciado por el Tropicalismo y otras manifestaciones
contemporáneas de la música universal vigente en los 60, extrapoló los
parámetros del “arte comprometido” y osó mixturar,
en un contexto poco favorable a ese tipo de procedimiento, elementos sonoros
eclécticos que resultaron en un estilo original y creativo, en un momento
político de gradual control de la creatividad.
1) El lanzamiento del libro Verdade
Tropical, de Caetano
Veloso, (São
Paulo: Companhia das Letras, 1997) sus CDs dedicados a standars de
la música popular latino y norteamericana, además del éxito
del CD de Tom Zé, "Com defeito de fabricação" en
los Estados Unidos, fueron acompañados por numerosos reportajes
sobre el Tropicalismo, entre los cuales sobresale el artículo
(con título en portugués) "Tropicália,
agora!", publicado en el The New York Times Magazine el día
09/05/99 y estudios de Charles Perrone y Christopher Dunn sobre el
Tropicalismo.
2) Las composiciones en cuestión
eran “Alegria, alegria” de Caetano
Veloso (que se destacaba por la osadía de la letra) y “Domingo no
Parque” de Gilberto Gil (para la cual decidió crear el jurado la
categoría de “mejor arreglo”, premiando al maestro/arreglista
Rogério Duprat).
3) Estas ideas están presentes en el
Manifesto Música Nova, de 1963,
firmado por los maestros Damiano Cozzella, Rogério y Regis Duprat, Sandino
Hohagen, Júlio Medaglia, Gilberto Mendes, Willy Correa de Oliveira y Alexandre
Pascoa, integrantes del grupo homónimo.
4) Letras pletóricas de lirismo e imágenes
fantasiosas, arreglos sofisticados
de orquesta conjugados con recursos electrónicos (obtenidos mediante las
ediciones en estudio con el objetivo de acentuar efectos como el eco, la ecualización,
la distorsión de los timbres, la reverberación y la amplificación
del sonido), uso de instrumentos orientales, electrónicos, pedales y sintetizadores,
empleo del backing-vocal a varias voces, incorporación del canto hablado
y del grito, son algunos de los elementos innovadores que están presentes
en ese album y que ya aparecían, en menor escala, en Rubber Soul (1965)
y Revolver (1966).
5) En 1967 Brasil se encontraba en pleno proceso
de institucionalización
del régimen militar y de intensificación de las formas de represión.
En este año tuvo lugar la toma de posesión del mariscal Artur da
Costa e Silva para la Presidencia (1967-1969) y la promulgación de una
nueva Constitución, prácticamente neutralizada por las actas institucionales
que se sucedieron en este período.
6) Programa “Divino, maravilhoso” en
la TV Tupi, exhibido durante noviembre
y diciembre de 1968.
7) El “Ato Institucional número
5” oficializa la censura y la
prisión política indiscriminada.
8)Expuesta en abril de 1967 en la muestra colectiva
Nova Objetividade Brasileira,
en el MAM de Rio de Janeiro.
9) La denuncia era el denominador común
de dos importantes eventos que se
realizaron en 1965: Propostas 65 –exposición y ciclo de debates
realizados en la Fundación Armando Álvarez Penteado (FAAP), en
São Paulo, y Opinião 65 –exposición realizada en el
Museo de Arte Moderno (MAM) de Rio de Janeiro, inspirada en un espectáculo
teatral homónimo, considerado la primera manifestación del sector
artístico contra el golpe militar de 1964.
10) Obra del escritor y poeta vanguardista
brasileño
Oswald de Andrade (1890-1954),
quien participó activamente en la “Semana de Arte” de 1922
y escribió el “Manifesto Antropófago” en 1928, donde
proponía la deglución de la cultura extranjera y la reelaboración
de sus elementos en la cultura nacional.
11) Entre ellos, ya eran reconocidos los cineastas
Cacá Diegues, Arnaldo Jabor
y Leon Hirszman.
12) Caetano Veloso (Op. Cit., p. 113) afirma
que el lenguaje fragmentario de Glauber fue una de las principales inspiraciones
para la concepción de sus canciones
del período.
14) SCHWARZ, R. “Cultura e política
1964-1969”, en O pai de família
e outros estudos. Rio de Janeiro: Paz e Terra, 1978.
15) FAVARETTO, C. Tropicália: alegoria;
alegria. São Paulo: Atelier
Editorial, 1996
16) HOLLANDA, H.B. Impressões de Viagem.
São Paulo: Brasiliense, 1981.
17) Revista Opina, mar/1983.
18) VILAR, G. Op. Cit.
19) ACOSTA, L. “Radiografía del
GES” El Caimán Barbudo,
La Habana, 03/89. Según Leo Brouwer “(...) el grupo se planteó el
estudio-investigación-desarrollo-creación del problema musical,
no sólo insertado en el cine, sino también y fundamentalmente,
como arte música per se”, in BROUWER, L. “La música
en el cine cubano: un año de experimentación”, Cine Cubano núm. 63-65, sept/nov 1970, p. 104-106.
20-21) Silvio
Rodríguez, Pablo Milanés,
Noel Nicola, Martín Rojas,
Eduardo Ramos, Pablo Menéndez, Emiliano Salvador, Leonardo Acosta, Sara
González y Sergio Vitier fueron algunos de los músicos que hicieron
parte del GES.
22) MESTAS, M. C. “Conversatorio”.
Romance, La Habana, 03/03/1969. La
justificación del estudio de la MPB también aparece en esta afirmación
de Leo Brouwer: “Investigamos elementos comunes entre la música
universal (lo general) y la cubana (lo particular). Especialmente investigamos
la unidad entre lo cubano y lo brasileño, porque contienen los mismos
elementos africanos. Con excepción de Brasil y Cuba, la América
Latina posee raíces indígenas, por lo tanto nuestra relación
(...) no puede ser partiendo del pasado histórico cultural, sino del presente
revolucionario”. PEREIRA, M. “En busca del sonido americano”,
in Revista Cuba Internacional, año 4, n. 29, enero/1972, p. 24.
23) VILAR, G. “G.E.S.”, in El Caimán
Barbudo, La Habana, 12/1988.
24) Para la historia de la Nueva Trova, ver
los libros de Clara Díaz: La Nueva
Trova (La Habana: Letras Cubanas, 1994), Sobre la guitarra, la voz (La Habana:
Letras Cubana, 1994). Ver también el libro de Leonardo Acosta, Del tambor
al sintetizador (Letras Cubanas, 1989).
25) Temas como las relaciones de pareja, los
puntos de vista sobre la sociedad, la
libertad como filosofía de vida, entre otros, sobresalían en un
conjunto ya repleto de canciones de contenido patriótico. Ver FAYA, Alberto. “Nueva
Trova y cultura de la rebeldía”, Boletín Casa de las Américas,
La Habana, n. 193, oct-dic/1993, p. 111-118.
