AmanteComandante
Juan Abreu

En el centro de la plaza adoquinada se halla la jaula. Recortándose contra el cielo. Cerca, del otro lado del muro carcomido, el mar. En avanzado estado de putrefacción. Una gruesa capa de grasa aplana las olas. El hedor. Islotes de espuma química. Un grupo de niños se divierte lanzando ratas muertas, diversas inmundicias a través de los barrotes.
La basura forma promontorios desarticulados, renqueantes. Basura arrastrada por la hirviente brisa. Latas herrumbosas. Máquinas destripadas. Esqueletos metálicos. Rastrojos al viento. Como banderas.

De la ciudad escapan sonidos apagados: eructos, pústulas maduras que estallan.
La degradación flota como neblina matinal.
Realidad Grotesca Categoría NZ378-SigloXX (Típica).
Guntaar está habituado a ella.
No necesita someterse a sesiones de aclimatamiento. Forma parte de la excitante realidad de AmanteComandante. La necesita para alcanzar el Climax de Entretenimiento Sexual Plus.

La idea de la jaula provenía de la novela de un escritor olvidado. Nadie en la isla sería capaz de recordar su nombre, o el título de una de sus obras desaparecidas con la lectura; sin embargo, la imagen del dictador encerrado en una jaula como epílogo a su derrocamiento, permaneció en el imaginario colectivo y cuando llegó el momento, afloró en medio de un discurso del nuevo Líder. Del nuevo Libertador.

AmanteComandante, mucho tiempo atrás, había sido el dictador de aquella isla. El Amo absoluto de vidas y haciendas. De destinos y futuros. Pero ya no era más que una especie de momia polvorienta enterrada entre barrotes, una curiosidad de la que pocos recordaban el papel que desempeñara en la historia del país, y a la que nadie daba importancia.

Salvo Guntaar.

Para este seguía teniendo una importancia fundamental. El camino hacia la Semejanza pasaba por un elevado nivel de Entretenimiento Sexual y de Entretenimiento Total General. Y AmanteComandante resultaba una excelente fuente de ambas cosas.

Guntaar lo encontró justo cuando comenzaron sus viajes al pasado, poco después de descubrir su afición sexual por los dictadores; en la lejana época de los Masturbadores Colectivos. Solía aparecer mientras el gobernante contemplaba el fusilamiento de uno de sus enemigos, o de algún infeliz que deseaba escapar de su control a bordo de una destartalada embarcación. Ejecuciones que ordenaba grabar para disfrutarlas con calma no exenta de pulsión erótica, en su mansión situada en las afueras de la depauperada capital. Centro neurálgico del país en ruinas.

Ahí está.

Instalado en un mullido butacón acaricia su precaria erección. Mano temblorosa, respiración agitada, llena de baches. Se abre la bata: piel muy blanca, ajada, manchas marrón, unos pocos pelos canosos en el pecho. Pezones perrunos, colgantes. Vello púbico gris. Moja el glande con saliva para facilitar la fricción. Uñas largas y cuidadas. Manos delicadas, de mujer. Se hace la paja con dos dedos como los niños. En la pantalla de la caja grotesca el hombre cae roto: humo en los agujeros del pecho, ruido como de charcos apedreados.

Ahí está.

A partir de entonces nació una relación muy especial entre el viajero del futuro y el hombre fuerte de la isla. Para el primero gratificación suprema, para el segundo martirio inenarrable. Sólo con el dictador Guntaar alcanzaba el Climax de Entretenimiento Sexual Total, y luego el CEST + PLUS. La sagrada: la satisfacción que lo aproximaba a la Semejanza. De ahí que regresara una y otra vez al pasado, a aquella islita insignificante y paupérrima. Condenada a desaparecer.

Con el propósito de enriquecer su disfrute, Guntaar se interesó por los acontecimientos remotos que habían llevado al anciano, cuando aquello un apuesto joven, al poder. Viajó por las diferentes etapas de su gobierno que duró casi un siglo. Y, cuando, por azar (que en aquellos tiempos existía y jugaba un papel trascendente en el destino de la especie), durante una de sus visitas el anciano murió de un infarto provocado por las embestidas de la enorme verga de Guntaar, este lo transportó al Futuro, sustituyó su deteriorado corazón por uno virtualcarnal e instaló en su organismo un nanoequipo médico que se encargaría de mantenerlo en buen estado de salud. Concluida la resucitación lo devolvió a la isla, donde nadie se enteró de su fallecimiento.

Así Guntaar tuvo asegurado su CEST + PLUS por otro largo período y mantuvo su ritmo ascendente en la Escala de Consumo y en la Escala de Semejanza.

Guntaar podría haber trasladado al viejo al Futuro. O creado una reproducción virtualcarnal de este, que sería mucho mejor que el original, pero nunca quiso hacerlo. Había algo especial en la degradada antigua realidad de la que estaba hecho el anciano, en sus costumbres y su entorno, que lo excitaba especialmente.

Aquel horror era la fuente de su placer.

Las visitas de Guntaar cambiaron la conducta, y la vida del dictador. Pensó que sufría ataques de locura durante los cuales imaginaba que un hombre joven, que en su mente ostentaba una definición y una textura de una riqueza imposible, lo violaba repetidamente. Pero luego tuvo que admitir que se trataba de algo mucho más terrorífico e incomprensible que una pesadilla o un ataque de locura. Aquel hombre venía de otro mundo desde el cual era posible controlar su realidad y en cuanto aparecía él quedaba a merced de sus depravados apetitos. Reducido a inerme espectador de lo que hacían con su cuerpo. Incapaz de defenderse. Los primeros meses, el primer año, significaron una tortura que estuvo a punto de hacerle perder la razón. Pero, llegó el momento en que el Comandante, que jamás hizo a nadie partícipe de su secreto, porque nadie lo hubiera creído, pero sobre todo porque eso hubiera destruido la imagen de macho invencible en la que descansaba su poder, se resignó a su suerte y cooperaba con el misterioso violador para que sus visitas resultaran lo más breves posible.

Contra aquel ser todopoderoso nada podía, a pesar de ser el Amo del país, el hombre ante el cual todos se inclinaban despavoridos; pero sus súbditos pagaron por las humillaciones que padecía en silencio con mayores cotas de fanatismo, represión, planes enloquecidos que equivalían a mayores niveles de esclavitud, cárcel y paredones.

Con el paso del tiempo, las visitas de Guntaar se hicieron cada vez más frecuentes. Sus relaciones sexuales se limitaron exclusivamente a las que mantenía con AmanteComandante. Renunció a Franco, Pinochet, Stalin, Hitler, Lenin y a Hugo Chavez. Sentía una ternura extraña hacia aquel cuerpo huesudo, carcomido, aterrorizado por su presencia, permanentemente envuelto en un uniforme blindado.

Sin embargo, cuando una revuelta militar por fin desalojó del poder al Comandante, Guntaar no intervino. Hubiera sido fácil descabezar la conspiración. Pero se mantuvo al margen, en parte porque aquellas actividades no le hubieran proporcionado Entretenimiento alguno, y en parte porque lo sucedido no alteraba su acceso al objeto de sus atenciones eróticas. Que era cuanto le importaba. Mientras la vida de AmanteComandante no corriera peligro no tenía por qué intervenir.

Cuando el nuevo Amo y el pueblo se cansaron de celebrar la caída del régimen destrozando los pocos edificos que quedaban en pie, el Comandante fue encerrado en la jaula, y colocado en un parque cerca del mar. El castigo impuesto por el nuevo Dictador al antiguo Dictador, aquel pueblo envilecido no toleraba otra forma de gobierno, y aprobado a gritos por una muchedumbre entusiasta en la plaza pública, consistía, además del encarcelamiento perpetuo, en hacerle escuchar sus estúpidos discursos perennemente. Unos altavoces situados en las cuatro esquinas de la jaula voceaban las veinticuatro horas del día. El arsenal era prácticamente inagotable. AmanteComandante, en sus noventa años de gobierno habia pronunciado miles de discursos de diez, doce, quince horas de duración.

Si algo, al margen de su brutalidad y sanguinario carácter, distinguía al otrora Líder Inconstestable, era su incontinencia verbal.

Los discursos, que todos habían tenido que escuchar obligatoriamente y que jugaron un papel fundamental en el embrutecimiento y subhumanización colectivas, alejaron a las multitudes, que pronto se aburrieron de burlarse y humillar a quien antes adoraban como un dios. Por otra parte, el nuevo Dictador determinó cambiar la capital del país al extremo oriental de la isla. La antigua capital, ya en ruinas, cayó en el olvido y pasó a ser un lugar prácticamente deshabitado. Una especie de basurero descomunal.

Pavorosa ausencia de Entretenimiento y Consumo. Espeluznante ausencia de Dios Nuestro Señor. Vulgaridad y aburrimiento máximos que presagiaban el justo destino que aguardaba a la isla.

Al principio, Guntaar realizó sus visitas, durante las cuales sometía al anciano a toda suerte de excesos, durante la madrugada, cuando no había apenas espectadores o el parque estaba vacío. Pero más tarde comenzó a disfrutar de tener público, aunque fuese escaso. Por lo que se presentaba a cualquier hora del día.

Todos creyeron que se trataba de un sofisticado plan concebido por el Nuevo Dictador. Nuevas muchedumbres, enjambres de niños pandilleros, vagabundos, mendigos y la más variada escoria arribaron al parque atraídos por el espectáculo. A veces era tanta la cantidad de porquería arrojada dentro de la jaula, que sepultaba a AmanteComandante. En varias ocasiones estuvo a punto de asfixiarse. Los infantes, con especial saña, subían a la jaula y defecaban sobre él. Hacian apuestas. Triunfaba quien le acertara en la cabeza con sus cagarros. Pero pronto esto también pasó de moda y sólo un grupo de ancianos nostálgicos excompañeros del Comandante que soñaban con devolverlo al Poder, y alguna que otra banda de pequeños bandoleros que proliferaban por todo el país dedicándose al crimen y al pillaje, se acercaba al olvidado parque y al olvidado tirano.

Curiosamente, ninguna de las innumerables víctimas del Comandante se atrevía a ajusticiarlo y de esa manera vengar sus crímenes. El Nuevo Dictador había prohibido hacerlo.

Aquellas bestias definitivamente domesticadas, concluyó Guntaar, eran ya incapaces de cualquier acto de elemental decencia. Sólo podían existir como esclavos obedientes.

Guntaar se encargaba de que AmanteComandante no muriera. Le proporcionaba alimentos, lo conservaba como a un bien preciado. Actualizaba y reforzaba, periódicamente, el equipo de nanomédicos. Pero no evitaba su deterioro físico y mental, salvo para que se mantuviera capaz de servir de Amante. La decadencia del cuerpo, su condición muriente, la vileza de la vejez funcionaban como acicate sexual. Exteriormente, el anciano daba muestras de una senilidad extrema. Encorvado. Frágil. La cabeza calva, averrugada, que se obstinaba en cubrir con una mugrienta gorra color verdeolivo, la piel escoriada, cuadriculada, transparente, plagada de ezcemas, psoriasis, diversos melanomas; las articulaciones rígidas, las piernas hinchadas y varicosas. Sin embargo, por dentro, su organismo se hallaba en bastante buen estado gracias a los cuidados del equipo nanomédico que, aunque trabajaba en una naturaleza inferior, obtenía excelentes resultados.

El aspecto del ExComandante resultaba repelente, pero esto excitaba cada vez en mayor medida a Guntaar. Y llevaba a cotas apoteósicas la riqueza y profundidad el Entretenimiento Sexual Total que alcanzaba.

Todo es juego, Entretenimiento, palabra de Dios.
Cuando Guntaar aparece dentro de la jaula, los chiquillos vitorean. Viejos desdentados hacen muecas entusiastas. Cuchichean. Raquíticos, ojerosos. Rotos. Harapos meneados por el viento. Rostros mugrientos. Pestilencias provenientes de la ciudad: vertedero habitado por ratas hombres y niños ratas.
El anciano está vestido con su característico uniforme militar. La triangular insignia negra y roja destaca en sus hombros. La canosa barba enmarca el enjuto rostro manchado. Todo es tan vulgar, tan tosco, parece estar tan a punto de desintegrarse, de terminar, que a Guntaar se le pone dura en un instante.
¿ Por qué aquel ser repugnante, de nalgas fláccidas, espiritualmente sucio y primitivo lo hace alcanzar soberbios niveles de Entretenimiento? Misterio. Voluntad de Dios Nuestro Señor.

Santísimo sea, alabado sea.

Frente al parque, la ciudad en ruinas se sumerge en la oscuridad. Un pájaro maltrecho huye de sus hambrientos perseguidores. Nubes de alimañas se deslizan entre las sombras. Olas ácidas salpican el muro. El cielo casi verde, verde de Prusia. Pronto la isla sera convertida en basurero de Tierra Firme y sus habitantes exterminados según el Plan de Reorden Mundial aprobado durante las ya cercanas Guerras del Reorden.

Garbageland.

Guntaar hace que la cabeza de AmanteComandante apunte hacia el público. Las nalgas blancas como panza de un pez resaltan en la semioscuridad. El rostro contra los barrotes. La descomunal verga busca el agujero. Escarba. Mide cuarenta centímetros y es una maravilla virtualcarnal digna del mejor Entretenimiento. Su dueño, orgulloso, la muestra a los espectadores antes de comenzar. El hermoso, perfecto cuerpo del visitante provisto de una luz interior. Efectos secundarios de la superposición temporal, de la realidad futura controlando. Aplausos, chillidos, vitoreos. Agarrones y patadas. Relinchos. Berridos. El equipo nanomédico se concentra en el area listo para reparar los desgarros, las hemorragias internas y los traumas intestinales.

La experiencia le ha enseñado que meterla de golpe constituye una garantía de Entretenimiento Sexual Total. Eso hace. La maravillosa verga taladra, abriéndose paso en el sanguinolento interior de AmanteComandante. Se mantiene incontaminada gracias a su naturaleza virtualcarnal. El cuerpo del viejo uniformado va a derrumbarse pero Guntaar lo mantiene en la posición ideal. Máxima penetración. Máximo Entretenimiento. Máximo EntreteneDisfrute. Las destartaladas botas de combate del ExDictador golpean el suelo de la jaula produciendo un sonido rítmico, como de tambores de circo. Sus gritos cascados, sus mujidos, son coreados por el público hasta conseguir una especie de melodía paralela. La maravillosa verga entra y sale enrojecida provocando un goteo contínuo. El sonido de la pelvis de Guntaar contra los pellejos blancos se acopla a los ruidos acompañantes. La velocidad aumenta a medida que Guntaar se aproximaba al Climax de Entretenimiento Sexual + PLUS. El coro acelera a su vez. Los niños, aferrados a los barrotes chillan con los rostros transfigurados, poseídos por una especie de alegría devoradora. Todo desborda primitivez y zafiedad. Chocarrería y ordinariez. Insignificancia y ramplonería. Guntaar cierra los ojos para demorar un poco más el placer. La visión de la suciedad, el perfil podrido de la ciudad, los bestializados rostros de los niños, el clamor del público, la escoria danzante, lo llevan irremisiblemente al estallido.

Su joven, bellísimo rostro se contrae, supura superioridad, Fe, Eternidad vencedora de la podredumbre.

¡Ahhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh!

Grita al conseguirlo.

Su voz es tan pura que ilumina la plaza, el mar, el cielo, las ruinas.

Capítulo de la novela El Masturbador, que aparecerá en 2006. Esta obra concluye la trilogía futurista compuesta por Garbageland (Mondadori, 2001) y Orlán veinticinco (Mondadori, 2003).


Juan Abreu, nació en La Habana en 1952. Salió de la isla en 1980 durante el Éxodo del Mariel. En España ha publicado, entre otros textos, A la sombra del mar (Casiopea, 1998), Gimnasio, Emanaciones de una rutina (poliedro, 2002) Accidente (Debolsillo 21, 2004). Abreu es también pintor y su obra ha sido expuesta en Estados Unidos, Europa y América Latina.

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Tomás Esson
Azul, óleo sobre lienzo, 1991