Rimbaud
Salvador Lemis

Texto escénico para Actor
Los textos en caracteres azules corresponden a escritos auténticos de Jean Arthur Rimbaud, de diferentes escritos y cartas.

Propuesta de teatro callejero o espacio flexible.

Trilogía: MOZART, SEGISMUNDO, RIMBAUD.

Escenografía: Banca de madera, pluma, tintero, candelabro pequeño, botella de vino, copa y pliegos.

El poeta escribe y transcurren las horas de obsesión.


CUADRO I

(El chico escribe apresuradamente. Luego quema unos pliegos; casi se quema una mano y maldice: “Mérde!”)

Mi jornada está hecha, abandono Europa.
El aire marino quemará mis pulmones, los climas perdidos me curtirán...
Volveré con los miembros de hierro, la piel sombría, el ojo furioso;
Por mi máscara se me juzgará de una raza fuerte.
Tendré oro...

Me mezclaré en los asuntos políticos. (Fanfarrias burlonas.) Hay que ser descarado para poder dar la cara a la gente, en la calle, en las ceremonias públicas cuando se es “político.” Todo el mundo sabe que eres un ladrón. De modo que la máscara de importante que logras construirte aquí, estirando esta barbilla, este pellejo sobrante..., ¡esta máscara!, es lamentable. Helo aquí, ¡y no se enoje!
Salvado.


Ya me parezco a lo que se esperaba de mí.


CUADRO II

¿En qué pensaba yo, Jean Arthur, cuando escribía esto? (Relincho.)
No puedo huir.
No podemos huir.
Estoy demasiado “encadenado.”
(Ríe.) ¡Son las trampas del Infierno!
Somos parientes: tú y tú y usted y yo: hemos sido emparentados por el mismo círculo infernal: esta tierra, esos árboles, aquel humo, esas bacterias, ese ruido.
Puedo contar la historia de mi vida. (Bostezo.) ¡Qué soberana pereza!


CUADRO III

Mi vida...
¿De qué sirve la “vida” de un poeta si a nadie le interesa la maldita poesía?
¿Por qué escribir poesía?
¿Alguien necesita que le reclamen su podredumbre, su asco de vivir?
Escribo:


CUADRO IV

Nací aquí, en Charleville, la France, el ..., lo he olvidado... 1800 y tantos. Pueden preguntar a madre Rimb. Si se deja, ¡tiene unas pulgas! Tengo 19 años. Gozo del éxito en los salones literarios. Los muchachos de provincias me copian. ¡Si tan siquiera lo ocultaran un poco! (Sonríe.) Sinvergüenzas... Mi amorío con Paul es escandaloso. Dejó a su aburrida esposa por mí. ¡Muge, vaca! (Muge y ríe.) ¡Te cambié por un becerro empecinado del tamaño del río Sena! (Ríe.) Horror, horror, estas acometidas de paranoia! ¡Voy a huir de Charleville, voy a huir de Francia! De vez en vez hay que escapar a las profundidades. Todo joven ha deseado alguna vez no hacer caso de esto y de lo otro... (Voces.) “Comeremos el domingo en familia.” “Hay que ir a misa, aunque no entiendas lo que susurra el maldito cura.”
(Súbito.) ¿Acaso Charles Baudelaire no retó al destino y se refugió en su locura, vestido ceremoniosamente de negro?


CUADRO V

He regresado. Tengo 37 años.
Yo, que parecía un querubín, según los idiotas..., ahora trastocado por obra y gracia del sol, de la arena africana, de las enfermedades exóticas... en un MONSTRUOSO SER.
(A su hermana.) Isabelle, Isabelle...
¡No... permitas que... me corten... la pierna!
Siento frío. Qu’l froid!
¿Es éste el Hotel Dieu?
¿Dónde estás, Isabelle? Oú e’lá?
Dile a la mére Rimb. Que le pido perdón. Yo que nunca pido perdón, le estoy rogando perdón. Eso quiere decir que he cambiado un poco.
Dame de beber. Vine rouge! Un peu d’ vine rouge!


CUADRO VI

¡No, no quiero ver uno solo de mis libros! ¡Los odio! ¡Los aborrezco! ¡No han salido de mi estúpida cabeza!
Quémalos.
Quémalos, para gloria de Francia.
Quémalos, para gloria de Inglaterra.
(Escupe.)
¿Cuántos chismes se cuentan?
No hagas caso, hermanita, ma petite fille... (Canta “Tu te moque...”)
(Irónico.) Todo es verdad. La vida bien valió la pena haber sido vivida.
Fiestas, mujeres, garVons, opio, ajenjo, cognac, menta, anisette, poesía y virtud.
Las nuevas virtudes galantes.
Uno mismo prostituto de sí mismo: ¡onanismo! (Risa.)
Uno sólo se siente seguro cuando ordeña vacas y se moja las botas de leche y de rocío. (Reclinado.)
Uno sólo se siente seguro cuando la caravana de camellos duerme en el frío del desierto. (Reclinado, se duerme y sueña.)
Argés, Argés, Argés...
Charleville, Charletown...
Donde las viñetas perennes.
Donde los dulces versos.

(Quema la hoja.)


CUADRO VII


Paul, ¿eres tú?, ¿aún en Bruselas? Verlaine. Te llamo.
Vuelve, vuelve, querido amigo, único amigo, vuelve.
Te juro que seré bueno.
(Escribe esa carta.) “Londres, viernes en la tarde... Julio 4 de 1873. (Alterna la escritura, poniéndose de pie, bebiendo, golpeando la mesa banco.)
Si me porté grosero contigo, fue una broma en la cual me encapriché.
Me arrepiento más de lo que puede decirse con palabras.
Vuelve, se olvidará todo.
¡Qué desgracia que creyeras en esta broma!
Desde hace dos días no dejo de llorar.
(...) Pero cuando te hacía señas de que bajaras del barco, ¿por qué no viniste? ¡Hemos vivido dos años juntos para llegar a este momento!
Sí, yo fui quien se equivocó.
(...) Escucha sólo a tu buen corazón.

Rápido, responde, Verlaine, no puedo quedarme aquí más allá del lunes en la noche.
No tengo un céntimo; no puedo poner esto en el correo.
Confié a Vermesch tus libros y tus manuscritos de poesía.

Si no debo verte de nuevo, me enlistaré en la Marina o en el Ejército.



CUADRO VIII

(Transición, en la misma carta: diabólico.)
Tengo tu carta fechada “en el mar”.
Esta vez tienes la culpa, y mucha culpa.
Tu mujer no volverá o no volverá en tres meses, ¿qué sé yo?
En cuanto a hincar el pico, te conozco.
Te vas, esperando a tu mujer y a tu muerte, a errar, a aburrirte de la gente.
¿Qué?
Cometes un crimen... y te arrepentirás de esto muchos años con la pérdida de toda libertad y con los hastíos más atroces.
Después de esto: piensa otra vez quién eras antes de conocerme.


CUADRO IX

(A público.) Muchas veces, metido en mi buhardilla parisina, pensé en matarme, en cortar este lazo que me sujeta al Arte y a la podrida vida de siempre.
Ja, qué error.
Isabelle, ¿sigues ahí?
Es apestoso el lecho de un moribundo.
¿Para qué he regresado desde la sombra?
Un artista tiene que morir lejos, donde nadie lo conozca, donde nadie eche un tulipán o un clavel sobre su tumba.
Eso si el cuerpo no se pudre a mitad del desierto, sobre la arena caliente.

¡He regresado, Isabelle! ¡He vuelto! ¡Corre a avisarle a mamá! (Pausa, ilusionado.) ¡Está muerta? (Pausa.)
¿No se le ocurrió esperarme?
¡Ah!


CUADRO X


(Súbito arranque.)
Dejé Londres, llegué a Bruselas y me reuní con Verlaine. Su madre estaba con él.
–Bon soir, madame Verlaine.
–Oui, madame, enchanté!
–Excusez moi, madame!
Resuelvo volver a París. (Verlaine rechaza la idea.)
París le trae tristes recuerdos.
Me insiste mucho que permanezca con él.
De pronto estaba desesperado; de pronto entraba en cólera.

(Golpes.)
–¡Déjame en paz, bicho del infierno!
El miércoles en la noche bebió demasiado y se embriagó.
El jueves salió a las seis de la mañana. Volvió borracho.
Me mostró una pistola que había comprado. Sobreexcitadísimo.
–¿Qué piensas hacer con ella?
–“ Es para ti, es para mí, es para todo el mundo.”
Pedí dinero a su madre para marcharme de una vez por todas hacia París.
Mercí, madame!
–Esto es para ti, puesto que partes.
Apuntó su pistola contra mí y disparó un balazo que me dio en el puño izquierdo. ¡Ahg!
Casi instantáneamente siguió el segundo, pero esta vez el arma no apuntaba hacia mí, sino hacia el piso.
–¡Toma! ¡Dispárame en la sien, dispara aquí, de una vez! Me lo merezco.
Hacia las cinco de la tarde, su madre y él me condujeron aquí, a la enfermería del hospital Saint-Jean, de Bruselas, para curarme.


CUADRO XI

Verlaine estaba loco; hacía todo lo posible por retenerme.
A menudo ponía la mano en el bolsillo donde tenía la pistola.
Llegados a la Plaza Rouppe, se adelantó unos pasos y luego se volvió hacia mí. (Temor.)
Me volví y emprendí corriendo la fuga.

–¡Monsieur de la Police! Arréstelo, es peligroso. ¡Porta un arma cargada! ¡Me ha disparado aquí. Mi mano.
La bala. Aún la tengo. El doctor de aquí me dice que sólo podrán hacerlo en dos o tres días.
¡El escándalo! La Poesía es visionaria. ¿Quién quiere que le lea el Tarot, le grand Tarot de Marseille?
Nada hay más provechoso para el artista que el escándalo. (Grita.)


CUADRO XII

–Adelante, monsieur Juez de Instrucción. Ouí, monsieur Serstevens. Ouí, monsieur.
–¿De qué vivían ustedes en Londres?
R–Principalmente del dinero que madame Verlaine enviaba a su hijo; dábamos también juntos lecciones de francés, pero no nos reportaban gran cosa; apenas una docena de francos.
–¿Conocía usted el motivo de los disentimientos de Verlaine con su mujer?
R–Verlaine no quería que su mujer continuara habitando en casa de son pére.
–¿No invoca ella como agravio su intimidad con Verlaine?
R–Sí, nos acusa de relaciones inmorales. Pero no vale ni siquiera la pena desmentir semejantes calumnias.
Lectura hecha, persiste y firma: A. Rimbaud. (Firma.)


CUADRO XIII

Verlaine llegó aquí el otro día, un rosario entre los dedos...
Tres horas más tarde había renegado de su dios y hecho sangrar las 98 llagas de Nuestro Señor.
Hace sol, hiela, es fastidioso.


CUADRO XIV
L’a argent. L’argent. Toujours l’argent.
¿Quién quiere ver su destino por unos francos?
¡Pase! ¡Señor, señora! Monsieur, madame!
(Invita y lee el Tarot.)
Barajee.
Corte. Una.
Saque usted cuatro cartas. (Las coloca en cruz. Saca la del centro sumando los dígitos y contando en el mazo de cartas.)
(Lee.)
-Déme lo que usted pueda. A fin de cuentas, la Vie c’est une mérde.
¡Compren libros del maldito Rimbaud! ¡Iluminaciones, Una saison en el infierno...!
¡Un par de francos por una estrella de Hollywood!


CUADRO XV

(Lee sus manuscritos.)

¡Estoy harto!

Estoy abominablemente harto. Ni un libro. Ni un cabaret a mi alcance, ni un incidente en la calle. Qué horror este campo francés. Mi suerte depende de este libro del que me falta una media docena de historias atroces por inventar.
¿Pero cómo inventar atrocidades aquí? Aquí.
¡Me cuesta tanto!
Mi madre me ha dejado sin un céntimo. Como siempre.
Necesito el FAUSTO, de Goethe, biblioteca popular... Dime si hay buenas traducciones de Shakespeare. (Escribe.) Necesito algunas partituras para piano, de Mozart le fou, mais ouí.
Si puedes enviarme el Catálogo más nuevo, hazlo, Ernest. Te escribo desde Laïtou, Roche, en el cantón de Attigny, es mayo de 1873. Mercí, mon amie! Bien sur! Hace calor.
¡Oh Naturaleza! ¡Oh madre mía!
¡Qué cagada!, y qué monstruos de inocincia, estos campesinos.
La mother me ha puesto en un triste hoyo.


CUADRO XVI

No sé cómo salir; saldré, sin embargo. Extraño este atroz Charlestown, el café del Univers, la Bibliot.... etcétera.... Trabajo con regularidad... Redacto pequeñas historias en prosa. ¡Toda mi vida hablando y escribiendo en prosa y no sabía que esto era prosa, Moliére! (Ríe.) Título: Libro Pagano o Libro Negro. A lo mejor le pongo: Una temporada en el Infierno. Es estúpido e inocente. ¡Oh inocencia! Inocencia, inocencia, inoc... ¡Plaga!


CUADRO XVII

(Escribe.) Por hoy es suficiente.
Bien, Ça suffit!, Ça suffit!
Ce ne’s pas?
Le Poet maudit... El Poeta maldito está cansado. Yo es otro. Fue suficiente por hoy. Voy al cabaret. A emborracharme para olvidar esto. Moi cest’ un autre!
Mañana cuento el segundo Capítulo... Ça suffit! Au revoir, mes amís! Bon soir!

(Recoge sus objetos, los echa en una bolsa de cazador y se va.)

final MMI méxico