El Festival de Avignon y la vanguardia: "¡Basta ya!"
Isis Wirth

La viñeta publicada por Charlie Hebdo –que raras veces se ocupa de la cultura– equipara a un terrorista islámico con una terrorista del teatro.



Guerra entre los principales diarios franceses en torno a las obras presentadas en el Festival de Avignon. El público y la prensa se rebelaron ante escatológicas propuestas de antidanza. Testimonios y relatos.

Finalmente, el público y la crítica se animaron a decir "¡Basta ya!". Cuando a finales de 2004 el coreógrafo y artista plástico Jan Fabre estrenó en el Teatro de la Ville de París "The Crying Body", los espectadores quedaron atónitos y casi sin poder reaccionar ante semejante escatología que rebasaba cualquier límite del sentido común. Gran parte de la crítica no complaciente expresó entonces su preocupación de que el Festival de Avignon 2005 ostentara al belga Fabre como su artista asociado. En aquel momento, nadie podía imaginarse que esos lamentables pronósticos fueran superados en la realidad, meses después, en ese festival de teatro, que califican en Francia como el "más prestigioso del mundo".

Porque si en "The Crying Body" se trataba de orina y eyaculaciones en escena, ahora en "Histoire de larmes" ya el líquido urinario no se constriñó a su emisión en el acto, sino que era obsesivamente "servido en todas sus salsas", en frascos. "Hemos tenido demasiado desnudismo, demasiados frascos de orina, demasiada obscenidad, incluso, demasiadas torturas, y nosotros no somos especialmente puritanos", protestaban dos espectadores. Otra mujer del público comentaba: "Detrás de mí había un grupo de adolescentes. Estaban más en estado de ‘shock’ que yo mientras decían: '¡Pero esta gente son unos completos degenerados! Nuestros padres se han equivocado con nosotros si a ellos es esto lo que les interesa'". Una niña decía en voz baja en medio del espectáculo: "Mira, mamá, ¡él hace pipí en su pantalón!"

Según el diario Le Figaro, que valiente y responsablemente ha tomado ese partido necesario, esa "Histoire des larmes" ("Historia de lágrimas") fue el espectáculo emblemático del Festival –finalizado el 27 de julio–, que vio al ser humano expuesto en sus miserias corporales y humillado sin cesar. "¿Qué estatuto para el ser humano?", se preguntaba el rotativo.

Y, claro, tratándose de secreciones corporales (en otras ocasiones, Fabre ha "servido" chocolate fecal) no podía faltar la sangre. Tanto en "Je suis sang" ("Yo soy sangre"), de Fabre, como en "I apologize" ("Me disculpo"), de Gisèle Vienne, esta hemoglobina, aun si teatral dio el "presente". Al menos, se vio sangre de "utilería". El colmo de la abyección hubiese sido que para utilizarla en escena la hubiesen ido a recoger, días antes, en el metro de Londres, Sharm-el-Cheik, Israel o Irak. Aunque esta "violencia contemporánea" es reclamada como pretexto por tales "creadores", pues según ellos, tiene que ser expresada, cuando se les achaca tanta sed draculiana. Todo este entorno acaso llevó a que el impenitente Fabre se autocitara, en otro espectáculo suyo, "El emperador de la pérdida": "¿Estamos en el teatro o en el hospital?". O en un banco de sangre, pudieran haber dicho los espectadores. Malicioso Fabre, ¿o cínico a secas?

Rebelión en la granja

Lo bueno de este malhadado evento fue que los espectadores se han rebelado. "El público en cólera en Avignon", decía la primera plana de Le Figaro, el 21 de julio, refiriéndose a que cada noche los asistentes a las salas –que pagan sus billetes– se exasperaban y perdían la poca paciencia que les quedaba. En la obra "After/before", de Pascal Rambert, una espectadora profirió durante el show: "Pero, ¿qué le hemos hecho? ¿Por qué nos hace sufrir de esta manera durante una hora y media?".

" Révolte", o sublevación, no solamente por las abominaciones que presenciaban, sino por lo aburrido de estas "propuestas". (La denominación es otra excusa utilizada por los directores del festival para justificar sus decisiones de programación, cuando no se remiten a la "diversidad artística"). Porque, o bien se trataba de esa infame procesión del cuerpo, o bien, en la mayoría de los espectáculos (no en todos), la monotonía y la ausencia de un ritmo sostenido eran la constante. Quizá esta falta de creatividad, y de profesionalismo, en definitiva, es lo que lleva a tales "autores" a intentar llamar la atención con sus transgresiones. "Como no tengo nada que decir, entonces me desnudo y hago pipí para que me miren".

Esta "línea artística" fue calificada justamente como "mentira institucionalizada, reivindicada e impuesta cínicamente al público, tomado como rehén por estos legítimos atentados a la verdad, la inteligencia, la modestia, la humildad, a la dignidad, simplemente", por René González, director del Teatro Vidy-Lausanne, desde las páginas de L'Humanité, órgano del Partido Comunista Francés.
El propio González, pero ahora en declaraciones a Le Monde, hizo esta honesta confesión: "Yo soy un enamorado del teatro. Siempre me he proyectado hacia el futuro, mi opinión no es la de un hombre del pasado. Pero, este año, he visto lo impensable. Es la primera vez en mi vida en la que yo he salido antes del fin de la representación, consternado. Y yo no fui el único. Esto fue lo que más me chocó. Para el público, el teatro es una promesa de felicidad, bienestar. Y el público salía del teatro en las puntas de los pies, apenado, como si fuera su falta. Esto me hizo sentir mal. Las consecuencias pueden ser graves. Para el público, por una parte, que puede apartarse de las salas teatrales, y para los políticos. ¿Qué van estos a decirles a sus responsables culturales después de haber visto ciertos espectáculos?"

Al efectuar el balance del festival, Le Figaro tituló su comentario: "La hora de la autocelebración", en referencia, por una parte, a las cifras ofrecidas por los directores: 85 % de frecuentación. A lo cual respondió un espectador alemán, habitual de Avignon: "Sería mejor presentar otras cifras: más real sería haber contado cada noche cuántos permanecieron hasta el fin de la representación". Los organizadores también se defendieron alegando que se trata de "poetas" (comodín utilizado hasta la saciedad para apuntalar a Fabre y al resto de los impostores), a los ya apuntados "derecho a la creación". Alguien respondió: "No empleen la palabra 'creación' para ocultar el vacío". Y a esa tan cacareada "diversidad cultural" que cada día se revela como lo que verdaderamente parece ser: terrorismo intelectual.

La guerra de los editoriales
Le Monde, en su balance respectivo, fue más complaciente: "Avignon 2005, el año de todas las paradojas. Nunca se ha hablado tanto de este festival como en esta su 59 edición. Polémicas y debates han acompañado muchos de sus espectáculos, particularmente los de Jan Fabre. No obstante, a la hora del resultado final, el conjunto está lejos de ser negativo".

El vespertino defiende a esa "opción estética" en los siguientes términos: "Incluso si el balance crítico no es muy bueno, este festival irá a permanecer como un momento importante en la historia de Avignon porque fue revelador. Testimonio de una pérdida de indicadores ideológicos (por medio de una reproducción brutal e inconsecuente de la violencia) y estéticos (por medio de una búsqueda formal que bebe en la vanguardia de los ’60 y ’70 sin llegar a revivificarla) (...) No hay ninguna razón para creer que el futuro sea negro".
Es que hubo una cierta "guerra" de palabras entre ambos periódicos, Le Figaro –diario de centro-derecha– y Le Monde –diario de centro-izquierda–. El segundo recogió el malestar del público a lo largo del festival. A la editorial del primero, el 21 de julio, "Avignon, nada funciona más", donde se hablaba de un "catastrófico desastre artístico y moral", y de un "supermarket" en el que hay que ser "chic, tendance, conceptual", que ignora lo real. Le Monde respondió con la suya del 24 de julio: "Avignon atacado. La tensión que crece (...) no es inocente (...) Cómo aceptar que la existencia misma del festival sea cuestionada, cuándo se sabe hasta qué punto es frágil como toda empresa artística".

Respuesta de Le Figaro (hasta el punto de que el "intercambio" verbal siempre tuvo lugar sin mencionar por su nombre al otro medio), el 25 de julio: "¿Existe una querella entre 'antiguos' y 'modernos'? En un gran arranque espontáneo, un diario matutino y otro vespertino, se creyeron obligados de retomar las preguntas planteadas en nuestra edición del 21 de julio para deformarlas y acusar a los redactores que venían en auxilio del festival, en un noble gesto puramente desinteresado, de querer erigirse en directores de Avignon. Quisieran hacernos detener por infames reaccionarios. Ya estamos habituados. Lo que es ahora asombroso es la mala fe, la trampa, la interpretación tendenciosa, la mentira".

Lo cierto es que en esa supuesta "cábala reaccionaria" (como fue denominada por Anita Mathieu, directora de un festival coreográfico internacional en Seine-Saint-Denis), periódicos como el comunista L'Humanité, acogieron las sinceras opiniones de René González, mientras que el para nada derechista Libération decía en una editorial que "los programadores de Avignon habían carecido de lucidez frente a las falsas vanguardias", aun si contemporizaba atribuyéndole esto a su "ardor juvenil". También, L'Humanité, en editorial del 22 de julio, señalaba: "El malestar es flagrante (...) En la cita, raras son las proposiciones artísticas a las que hemos podido adherirnos (...) La nueva dirección del festival se ha atascado en el (...) elitismo. El dinero público dilapidado, despilfarrado. Por dinero público, entiéndase el nuestro, el de nuestros impuestos".


Isis Wirth ( La Habana, 1964) Crítica de danza y periodista, radicada en Suiza. Estudió Historia del Arte en la Universidad de La Habana, ciudad donde durante 10 años trabajó como escritora de danza en el Ballet Nacional de Cuba. Ha residido en el Medio Oriente, Ucrania, Costa Rica, y en París, Francia. Ofreció en 1997 un curso, Historia y Apreciación del Ballet, en el Instituto Superior de Artes de Damasco Siria, primera experiencia de este tipo en toda la región. Ha sido colaboradora del diario ABC en España, y contribuye regularmente en publicaciones especializadas de Europa y Latinoamérica



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