Ediciones de Afuera
Entrevista con Jorge Salcedo
¿Cúales son las ventajas y las desventajas de la edición
electrónica?
La mayor ventaja es la accesibilidad, al menos para los lectores y los escritores
cubanos. En un país con una vida cultural concentrada dentro de sus
fronteras y con sus centros culturales operando de un modo más o menos
autónomo, puede publicarse casi todo lo que merece ser publicado y
puede accederse a casi todo lo que merece ser leído. En nuestra situación,
hay que empezar primeramente por hacer accesibles los libros. Nuestros libros
se publican en Santa Clara o en Los Angeles, si se publican, y sus potenciales
lectores están en Madrid, en La Habana, en Estocolmo, en New York… El
internet es el camino más corto entre nosotros. Y los eBooks son los únicos
que viajan por esta vía. Conozco las limitaciones del internet en
la isla, pero recuerdo muy bien las del correo postal. La mayor desventaja
de las ediciones electrónicas es el soporte de lectura. Los eBooks
pueden imprimirse, pero lo más conveniente es leerlos en pantalla,
y la mayoría de la gente tiene pantallas pequeñas, mal calibradas
o sin calibrar. Un libro bien impreso sigue siendo el formato de lectura
preferible.
¿Por qué poesía?
Porque es lo más lucrativo.
¿Por qué estos poetas y no otros?
Los poetas son un producto de sus obras. Uno lee Los Heraldos Negros, Trilce,
Poemas Humanos, y aparece Vallejo, una forma de ser única que se da
en esos poemas y sólo a través de ellos. A esa perspectiva única
que se abre en la escritura, que es inseparable de ella, podemos llamarle
poeta. Lo que pasa con la mayoría de los libros de poemas es que no
producen poetas, aunque haya en ellos calidades literarias muy variadas.
Yo he comenzado a publicar aquellas obras de los escritores cubanos en las
que doy con un poeta. Y me he limitado a aquéllos que empiezan a publicar
hacia 1980 o con posterioridad. Algunos críticos señalan la
ausencia de una “escritura dominante” en la poesía de
este periodo. Tienen razón. De mediados de los ochenta para acá no
hay escritura dominante, pero sí hay escritores. No hay escritura
dominante, preciso, porque estos escritores han hecho una revalorización
intrínseca de lo personal en sus obras. No digo que se hayan limitado
a “temas personales”, sino que han asumido su circunstancia y
su historia desde una perspectiva radicalmente personal, poco deudora de
actitudes y gestos colectivos. De aquí la pluralidad de los acercamientos
poéticos.
¿De qué dependerá la continuidad de EDA? ¿De
que se vendan libros o de tu "amor a la poesía"?
Del amor a la poesía de los demás. La mayoría de los
lectores que conozco han abandonado el género. Y yo entiendo su reacción.
En materia de fraude, corrupción y vacuidad, la edición de
poesía deja atrás a la política de ciertos países
hermanos. Quiero creer, sin embargo, que aún quedan genuinos lectores,
gente que puede distinguir y está dispuesta a comprar un buen libro
de poemas. Yo, por mi parte, me he propuesto aplicarme esta versión
de la regla de oro: no darle a leer a los otros lo que no estoy dispuesto
a dispararme yo mismo.
¿Crees que vivimos hoy una época de boom en la poesía
cubana?
Creo que estamos en un momento en el que los principales actores de la poesía
cubana no son los grupos poéticos, aglutinados en torno a una revista,
un estilo, una identidad generacional, sino voces bastante independientes
de esta dinámica. Y eso limita, claro, su proyección colectiva,
que es lo típico del boom. Pero dejemos a un lado el boom. Yo estaría
satisfecho si esta iniciativa ayudara a resucitar la lectura de poesía
entre nosotros. Llegar a tener lectores, no sólo estudiosos, sería
un logro suficiente para los poetas cubanos.
Se echa de menos a las mujeres... Damaris Calderón,
Reina María
Rodríguez, Aliuska Molina, ¿tienes planes de incluir alguna
escritora?
Si “se” echa de menos a las mujeres, “se” puede llamarlas
o escribirles unas líneas. Yo no pienso incluirlas. Ni a las mujeres
ni a los hombres, aclaro. Solo a los poetas. Me acerqué a los primeros
que me llamaron la atención en mi lectura de las obras poéticas
de este periodo —necesitado de arqueólogos más que de
antólogos—, y por ahí he comenzado. No he hecho otra
cosa por ahora que reeditar algunos títulos fuera de circulación,
o con una circulación muy limitada, muy local. Pero sólo he
comenzado. Cuando coja impulso, probablemente me tropiece con las escritoras
cubanas. Tropezar es de humanos.
