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SILVESTRE
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En este número: DOSSIER
PROYECTO PAIDEIA
Archivo Cubista Magazine:
Otoño 2005
Invierno 2004-2005
Otoño 2004
Primavera 2004
CUBISTA MAGAZINE
aparece en la red
cuatro veces al año.
Consejo de Redacción:
Néstor Díaz de Villegas
Los Angeles
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Idalia Morejón
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Ernesto Hernández Busto
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Los Angeles
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Cubista Magazine: la Nación al cubo
Francisco Morán

Una de las más recientes publicaciones del exilio cubano es Cubista Magazine, cuya creación data de 2004. Su consejo de redacción —en sí mismo un muestrario de movimientos diaspóricos— lo integran: Enrico Mario Santí (Los Angeles), Ernesto Hernández Busto (Barcelona), Carlos Aguilera (Dresde), David Landau (Los Angeles), Rolando Sánchez Mejías (Barcelona), Néstor Díaz de Villegas (Los Angeles) e Idalia Morejón (Sao Paulo). La revista está organizada en las siguientes secciones: utopista (ensayo), exlibris (narrativa), cámara (crítica de arte), stanza (poesía), blog (correspondencia de lectores). En Cubista Magazine han publicado, entre otros autores: Enrico Mario Santí, Alessandra Molina, Rafael Rojas, Eduardo González, Rosa Ileana Boudet, Duanel Díaz (que reside en Cuba), Ernesto Hernández Busto, Carlos Victoria, Carlos Aguilera, Jorge Salcedo, etc.

Quizás sea su propio nombre una de las evidencias más significativas de la voluntad de desmantelar el absolutismo del discurso nacionalista cubano. En efecto, Cubista Magazine no falla en suscitar los cruces de sangres más diversos. El nombre de la revista flota, primero, entre el inglés y el español. Denominada como podría serlo cualquier "magazine" norteamericano, Cubista, en cambio, se afirma en el español. He dicho se afirma, pero aún aquí hay que ir con cuidado. Después de todo, el cruce del español cubista al inglés cubist (y viceversa) es casi tan imperceptible, que esa vecindad resulta, sin dudas confusa. Al mismo tiempo cubista llama a otros significados. Así, por ejemplo, uno no puede dejar de pensar en el movimiento cubista europeo, ni tampoco en que la raíz —cub— arrastra consigo a Cuba. Irónicamente, sabemos que esta raíz no es, sin embargo, la raíz de Cuba, sino más bien de una figura geométrica: el cubo. Y es aquí donde entramos en otras asociaciones: Cuba al cubo (¿platillo nacional?, ¿invitación al patricidio?: echemos a Cuba al cubo). Y como si todo esto no fuera todavía suficiente, recordemos que el sufijo ista se utiliza en español en la formación de nombre de profesiones, oficios, (maquinista, concertista, violinista, repentista), así como de otras palabras que, pudiendo funcionar como nombres o adjetivos, significan partidario o adicto a (extremista, comunista, derechista). Entonces, si Cubista se refiriera en verdad a Cuba, ¿cuál sería su significación última?: ¿partidario o adicto a Cuba?, ¿más cubano —por cubista— que ningún otro compatriota?, ¿una profesión? (¿qué tal la ocupación profesional de la cubanidad?). La apertura del significante, que como hemos visto, propone Cubista Magazine desde su propio nombre, es tal, que resulta virtualmente imposible fijarle un rumbo inequívoco.

Otros elementos a considerar en Cubista Magazine lo son también los nombres de las secciones y las portadas de los únicos dos números que han salido hasta ahora. En la edición correspondiente al otoño de 2004, la portada presenta una obra del artista plástico Arturo Cuenca (Holguín, 1955), quien reside en Nueva York desde 1991. Se trata de una de sus obras sobre el puente de Brooklyn, en la que la manipulación de la imagen digital nos devuelve la imagen icónica del puente (a)islada y en estado de disipación. Estamos frente a un puente que no conecta, que no reconoce sus orillas —ninguna de las dos—, que no nos permite cruzar a ningún territorio, ni venir de ningún lado. Fragmentación, fuga, disolvencia del espacio urbano/nacional/del sujeto. Sobre la cuerda floja del puente y el humo, Cubista propone un lugar de paso, de caminos entrecruzados. Leer, hojear, lanzar el nombre al azar del juego; combinar las infinitas caras del cubo, no para lograr la revelación de una sustancia, sino su espejismo. Cuba, parece sugerir la revista, es ese espléndido "Barco de tierra" (1995) de Lydia Rubio que Enrico Mario Santí comenta en un hermoso artículo —por cierto, publicado en español e inglés— titulado "Arco invisible". Hay un curioso contrapunteo entre el título del cuadro y la alusión de Santí al "irradiante barco fantasma [...] perdido en el esplendor de imaginarios mares". Mar, tierra, escritura. Barco "de tierra", encallado en el paisaje: barco y paisaje bamboleándose en "imaginarios mares". Barco que ha perdido la brújula, el sentido de la dirección; inmóvil y al pairo; enterrado en el viaje, siempre en la dirección contraria a las manecillas del reloj de las pedagogías nacionales.  

Tomado de: Cuba.com: escapes, descosidos y reinvención del espacio nacional  
REVISTA CRÍTICA DE LITERATURA LATINOAMERICANA, año 1, número 1/2, junio 2005